La Paradoja de la Resiliencia*

Ben Lovell. Internista. University College Hospital (Londres)

Resumen: Un término muy de moda entre clínicos y educadores… ”Resiliencia”,… pero ¿qué significa realmente?, ¿se puede enseñar a residentes, estudiantes y médicos a ser resilientes? Incluso, ¿están estos interesados en aprenderlo? Un tutor clínico nos aporta su visión sobre el mismo utilizando una experiencia docente.

The Resilience Paradox
Abstract: A very fashionable term among clinicians and medical educators … “Resilience” … but what does it really mean? Can residents, students, and clinicians learn how to be resilient? Even more, are they interested in learning it? A tutor gives us his vision on the basis of a teaching experience.

…No estaba preparado para las lágrimas…

Uno de mis residentes se me acercó a mitad de un cambio de turno en urgencias y me pidió “hablar un momento tranquilamente”. Quería saber si pensaba si ella había hecho su trabajo bien. Le dije que creía que sí. Ella me sonrió débilmente y luego continuó como con prevención, “Es sólo que… presenté a uno de mis pacientes a la consultora (una médico adjunta de urgencias), y ella básicamente me lo dijo. . ” – aquí la residenta hizo una pausa para tragar -” me dijo que no lo había hecho. . . que no había hecho nada bien”.

Estas últimas palabras rompieron algún tipo de barrera interna. Aparecieron lágrimas. Comenzó como a tragar repetida y nerviosamente, en una especie de sollozos reprimidos y retrófaríngeos, que resaltaban su humillante historia. “Ella dijo que no había pensado en el paciente (un nuevo trago), y cómo iba a volver al paciente y decirle que me equivoque en lo que le hice? (trago) Entonces me preguntó si realmente había estudiado medicina.”

La lleve a una tranquila habitación lateral y pensé en mis opciones. Se trataba de una persona en crisis. Alguien que necesitaba palabras sabias y autorizadas para potenciarla y alentarla. Sin embargo, todos mis intentos verbales de consolarla parecían cambiar su significado y convertirse en acusatorios o desdeñosos.
-¡Estás bien, tonta! Venga ya; vamos a secar esas lágrimas, no te preocupes por esto” En otras palabras: Deja ya de montar el numerito.

“Ella es así con todo el mundo, no es nada personal contigo, tiene una fama horrible entre los residentes y los médicos jóvenes.” Es una forma de comportarse bastante normal en los médicos: acostúmbrate.

“Esto en realidad es bueno para ti, esta experiencia, te hará más dura, necesitas crearte un poco de coraza para este trabajo”. . Lo que quiere decir: -Eres demasiado débil para este trabajo.

Finalmente, decidí una especie de “Curación a la inglesa”: una taza de café, que se tomaría por vía oral, sentada.

Mucho se ha avanzado con el tema de la “resiliencia” en la educación médica. En general se acepta que la resiliencia es importante y que los médicos deben tenerla, aunque los distintos autores no parecen estar muy de acuerdo sobre lo que es. Tal vez sea un rasgo, o un proceso, o posiblemente una habilidad. Para mí, la definición más elegante siempre ha sido una definición que casi se podría considerar de ingeniería, y que se refiere a la propiedad física de la resiliencia en materiales sólidos: “la capacidad de algo para volver a su forma original después de haber sido tirado, estirado, presionado, doblado”. Usando esta analogía, percibo la resiliencia psicológica como el ego de una persona (o el sentido del self) balanceándose y doblándose en la tormenta diaria que supone la vida profesional, sólo para volver a la normalidad con un elástico boiiiing.

Se cuestiona si se puede enseñar la resiliencia. En 2014, el Consejo Médico General (GMC, por sus siglas en inglés), el organismo británico encargado de vigilar a los médicos británicos, inició una investigación sobre el preocupante fenómeno de la muerte del médico durante un proceso formal de investigación. Tales investigaciones se inician cuando se plantea un problema sobre la salud o la probidad de un médico. Asombrosamente, de las 96 muertes de médicos entre 2005 y 2013, 28 fueron por suicidio. Los médicos a los que se les estaba investigando su aptitud para practicar la medicina se estaban matando a un ritmo de 3 a 4 por año. Ser objeto de una investigación formal es indudablemente una experiencia estresante, pero no debería ser una experiencia terminal.

Una de las recomendaciones del GMC era que la “resiliencia emocional” debía ser enseñada en las instituciones médicas, permitiendo a los médicos entrenarse para protegerse de los desafíos y tribulaciones que supone la vida médica. En otras palabras: aprender a endurecerse.

A medida que me interesaba más la resiliencia, comencé a entender que hay tres barreras para el entrenamiento efectivo de la resiliencia para los estudiantes y médicos en formación.

La primera es que tienden a no querer aprender sobre la resiliencia, porque no está en su examen final. No quieren poner información extraña en su ya febril cerebro y así desplazar el conocimiento médico que necesitan de manera vital para regurgitarlo en un examen cuando se gradúen o tengan que afrontar un paciente crítico. Perciben sus cerebros como un disco duro de ordenador, con una cantidad finita de memoria disponible: toda la información entrante debe ser examinada en función de su relevancia. Los criterios de relevancia son los siguientes: ¿Necesito esta información para tener éxito en mis estudios académicos? ¿Puedo preguntar o volver a esto de nuevo en otro momento posterior? Todos los demás materiales son descartados.

La segunda barrera es que los médicos en formación no creen que la resiliencia, de hecho, pueda aprenderse. Mientras estuve observando sus actitudes y percepciones, descubrí una doble actitud hacia la resiliencia: ya sea tanto si la tienes como si no. Sin la aceptación de las partes interesadas más importantes, toda empresa está condenada al fracaso. El entrenamiento en resiliencia, por lo tanto, tiende a no ser valorado por los médicos en formación, y sólo parecen interesarse en ella cuando lo necesitan desesperadamente, y se dan cuenta que no la tienen.

La tercera barrera, y la que me duele más, es que no tengo ni idea de cómo enseñar la resiliencia. Como Thomas Edison, he descubierto métodos que no funcionan. He ideado escenarios simulados de role playing entre los participantes para ensayar habilidades para hacer frente a situaciones con pacientes difíciles, pacientes críticos, complejos, inestables y con múltiples problemas simultáneamente que deben ser atendidos. Estas sesiones están mal abordadas. He enseñado sobre cómo la “atención plena” (mindfulness) se ha demostrado que mejorar la auto-conciencia y el bienestar psicológico en los profesionales médicos. El resultado es que los ojos de los aprendices rápidamente desconectan: no quieren aprender a ser conscientes cuando podrían estar escuchando un interesante soplo cardíaco o memorizar las causas de la pancreatitis.

Esta es la paradoja de la resiliencia: los profesionales de la salud necesitan ser resilientes, pero no están interesados en metodologías de capacitación para ser más resilientes, y además, los educadores médicos no saben qué metodologías funcionan.

Recientemente me encontré de nuevo con mi joven residente. Ella me dijo que pasó mucho tiempo reflexionando sobre el incidente, y ahora trabaja como consejera y mentora para médicos jóvenes que han tenido dificultades. Parece que ha logrado sacar aspectos positivos de su experiencia negativa. Me preguntaba si había logrado la resiliencia; si se había añadido un puntal aunque fuera pequeño que reforzara la construcción de su autoconfianza. Le pregunté si la experiencia la había endurecido y cómo reaccionaría si le ocurriese de nuevo. Ella se echó a reír y respondió, “¡Probablemente todavía lloraría! Pero seguramente lloraría menos!”.

Su historia demuestra que la resiliencia no es sinónimo de “endurecimiento” -había reconocido que ella experimentaría angustia emocional- pero algo cambia. Más que un proceso que vuelve a su estado de reposo original después de un período de la tensión, parece que sea como un resorte o una hoja del metal, la resiliencia promueve una nueva forma, una forma mejor. Resiliencia es adaptación. Resiliencia es evolución.

Todavía no he averiguado la solución a la paradoja de la resiliencia, pero espero estar un poco más cerca de entender cómo lidiar con ella. Debo aún de convencer a los médicos de que la resiliencia puede aprenderse, y que no es solamente un fenómeno innato. Tengo que convencer a los médicos de que entrenarse en investigar sus propios mecanismos de afrontamiento mejorará su conocimiento y habilidades clínicas, no las desplazará. Al dar a conocer mi convicción de que la resiliencia es transformadora y no restauradora, espero profundizar en nuestra comprensión colaborativa sobre este proceso.

Espero que un día la comunidad médica no sólo diga: “Los médicos necesitan ser resilientes”, sino que agreguen “y así es como se hace”.


(*) Originalmente publicado en inglés: Lovell B. the resilient paradox. J Grad Med Educ 2017;9:533-4

     

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1 respuesta

  1. Jesús Manuel dice:

    Excelente

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