Autor: Antonio Papagiannis** Una tarde a principios de agosto, en Salónica, Grecia. Un tiempo inapropiado para trabajar. La mayoría de los compañeros están fuera de vacaciones de verano. Yo habitualmente las tomo partidas, una semana en julio, otra semana o así en la segunda quincena de agosto, dependiendo de la carga de pacientes y de las circunstancias generales. El calor del verano parece vengativo, y el sol calienta sin piedad sobre las cabezas y los hombros de los que nos hemos quedado en la ciudad. En días como éste normalmente me arrepiento de mi decisión de no haberme escapado a un lugar fresco como Inglaterra para mis vacaciones de verano. Allí habría necesitado una chaqueta ligera, tal vez incluso un…




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