Retrospectiva de un ilusionado graduado de la facultad de medicina.

D P es un residente de medicina familiar y comunitaria

Resumen: En esta narrativa, un residente de medicina de familia rememora su pasado como estudiante, al empezar sus estudios de medicina y haciendo un rápido resumen de su carrera y del tránsito desde una búsqueda del conocimiento médico al despertar a la realidad de su práctica. Ya de residente y tras una noche dura de guardia, describe su persistente sensación de “ilusión”,  afirmando: “igual que cuando me gradué, aún sigue siendo la vocación de mi profesión y afortunadamente “mi vocación”, lo que aún me sostiene para haber saludado esta misma mañana con una sonrisa”.

Retrospective of an “eagerness” medical school graduate

Summary: In this narrative, a family medicine resident recalls his past as a student, starting his medical studies and making a quick summary of his career and the transition from a search for medical knowledge to awakening to the reality of his practice. Already as a resident and after a hard night on duty, he describes his persistent feeling of «illusion» (eagerness), stating: «just as when I graduated, it is still the vocation of my profession and fortunately «my vocation», which still sustains me to have greeted this morning with a smile»

“En última instancia, estoy convencido de que en mi futuro no se encuentra simplemente en una profesión realizada con habilidad, sino en una vocación realizada con amor y dedicación”.


“Pronto, después de que la pompa y las circunstancias que se avecinan se desvanezcan en buenos recuerdos y fotografías enmarcadas, estaré en el hospital. Pronto tendré mis propios pacientes en el centro de salud. Con estas oportunidades, la vida será lo que esperaba que fuera hace algunos años: ser médico, atender pacientes”.

Desde hace algún tiempo, una vida surrealista ha ocupado el lugar de esa visión. A pesar de todo el esfuerzo requerido en la facultad de medicina, allí, éramos los habitantes de una burbuja. Mientras nuestros amigos universitarios trabajaban en el «mundo real» y podían hacer un «bien» tangible, nosotros estudiamos con ahínco y poco descanso primero para superar los exámenes de la facultad, después con el MIR en perspectiva. Nada de lo que teníamos que hacer en la facultad de medicina era realmente beneficioso para nadie más, y no digamos sobre lo que hicimos después en el “encierro” más o menos largo del MIR,…pero nos aferrábamos a la promesa de que lo sería, más o menos pronto, o mejor dicho… tarde o temprano.

Recuerdo bien que al principio, ese “algún día” estaba a más de mil días de distancia. En esos años del laboratorio de histología, la sala de disección y las aulas para recibir las clases, no había nada más que hacer, ni siquiera nada más que pensar. Pero siempre se piensa,…recuerdo haber reflexionado entonces sobre la utilidad de una educación tan aislada: primero este tema, luego ese otro, después las prácticas, y así…. ¿Hubo algún hecho aislado, específico, que me ayudase entonces a atisbar mi objetivo de ayudar a los demás? Bueno, poco a poco salimos de los dos primeros años como de la cueva de Platón. Salimos del primer asalto, de nuestros exámenes y entramos en la etapa de las asignaturas clínicas y a la vez de entrevistar nosotros mismos a pacientes, simulados sí, pero el cambio fue como de la noche al día: uno empezaba a ver lo que podía hacer para cumplir su objetivo y a enfrentarse con formas de hacerlo, dándonos cuenta de que no era tan simple como pensábamos. A la vez las prácticas en el hospital y en el centro de salud, del que antes solo habíamos vislumbrado sombras, ahora estábamos allí, aunque mas bien de mirones, pero estábamos mirando con unos ojos abiertos.

Si «conocimiento» fue la palabra para los dos primeros años, entonces, en 3º, 4º,… 5º si me apurais, fue «iluminación». Los hechos se convirtieron en información procesable, las presentaciones torpes se volvieron un poco menos torpes y desarrollamos nuestro propio proceso de pensamiento como médicos. Pero además de la medicina, aprendimos sobre el “panorama” de la atención sanitaria, sobre su contexto. Las dificultades de los pacientes para encontrar cita, de los médicos para dar abasto con tanto paciente, de las frustraciones de las listas de espera, del agotamiento de los médicos de guardia, de los problemas que suponen entrevistar a pacientes enfadados,  o de ser entrevistados por médicos desmotivados, y tantas, tantas situaciones, todas tan reales. Justo cuando nos sentíamos cómodos navegando por ese panorama, se presentaba un paciente que, debido a esas fuerzas externas, no podía ver al especialista requerido u obtener el mejor medicamento disponible. Nuestros ojos se iban abrieron y nuestras mentes se volvían más hábiles para adaptarse a las situaciones, para encontrarnos donde realmente estábamos y con quien nos la jugábamos.

No voy a decir nada especial sobre “los tiempos duros del COVID”…solo me queda la duda, tengo la duda, de si las cosas serán diferentes cuando volvamos a esa supuesta “normalidad”…pero no quiero hablar ahora de esto, me niego a hablar más de la pandemia.

Las palabras con las que comienzo este artículo provienen de mi declaración personal para la admisión en la facultad de medicina. Sí, era en una universidad privada, por eso me pidieron esa declaración, a los compañeros de las facultades públicas no les pedían nada de eso, simplemente la nota media. Existen presiones sobre lo que ocurre o parece ocurrir en cada momento: en las noticias e Internet, en las secciones de opinión de las revistas más valoradas y leídas, en los foros de opinión, e incluso por parte de familiares y amigos. Estas presiones vienen en forma de dudas, cinismo e impotencia frente a ese panorama que se ve en la atención sanitaria y que se ha estado moviendo a una velocidad tan prodigiosa, especialmente acelerado, creo por la pandemia que vivimos. Y todo esto hace que uno se pregunte si alguna vez podremos correr lo suficientemente rápido para mantener el ritmo que la historia nos exige para cada instante que nos toca vivir. No creo que ninguno de nosotros pueda pasar por alto estas presiones.

En realidad, a la vez que trabajamos atendiendo a pacientes, tenemos la tarea de convertirnos en pensadores ingeniosos, esto es, en cierta medida, en “creadores” y por esto simplemente vamos encontrando diferentes respuestas para cada situación y momento. Son las respuestas que nos permiten saludar cada mañana con ilusión, no importa lo temprano que llegue esa mañana, no importa lo cansados ​​que estemos de los esfuerzos de la noche anterior. A través de los desafíos puedo sonreír, igual que cuando me gradué, aún sigue siendo la vocación de mi profesión y afortunadamente “mi vocación”, lo que aún me sostiene para haber saludado esta misma mañana con una sonrisa,… otra mañana más de las muchas que espero me queden en mi vida como médico.



     

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