Seguir adelante

Laura Bailach Macías. residente de enfermería de AFyC del sector I de Zaragoza

Oigo las sirenas de la ambulancia, siento la velocidad, veo las luces reflejadas en las paredes y coches que se van apartando a nuestro paso. De repente oigo mi nombre y salgo de mi ensimismamiento y vuelvo al presente. Estoy en la base del 061 dónde estamos teniendo una reunión de debriefing tras el aviso anterior.

Me preguntan que he sentido, si creo que se podría haber mejorado algo. Me quedo callada pensando, sin saber bien qué contestar. Mi mente empieza a rememorar todo de nuevo.  Nada más llegar a la base nos llegó un aviso de una parada, cuando nos lo comunicó el médico pensábamos que estaba de broma ya que lo dijo con mucha serenidad, le preguntamos y nos confirmó que se trataba de una parada.

En ese momento sentí nervios ya que nunca había vivido algo similar, pero por otro lado tenía ganas de llegar para poder ayudar al paciente y para ver cómo me desenvolvía en esa situación. Nos subimos en la ambulancia y empezó el trayecto al domicilio con las luces, las sirenas y la velocidad características, ese día estaba conmigo una residente mayor lo que me tranquilizó bastante ya que sumando al médico, al enfermero y al técnico especialista éramos cinco personas para afrontar la situación.

Llegamos a la calle, había un familiar agitando un pañuelo blanco indicándonos la localización del domicilio. Cogimos el monitor, la mochila de circulatorio, respiratorio, el respirador, el aspirador, la bala de oxígeno y subimos al domicilio. El paciente se encontraba en la cama, no respiraba ni tenía pulso. Lo bajamos al suelo e inmediatamente lo monitorizamos y empezamos la RCP.

Volví a oír mi nombre y volví a la realidad, estaban esperando mi respuesta les dije que había sido una situación dura, que creía que habíamos actuado bien, pero que siempre se podía mejorar. Lo que menos me había gustado era el no saber dónde estaban todas las cosas porque de haberlo sabido podría haber actuado más rápido.

Oigo los pitidos del monitor, después de haberle puesto los electrodos empiezo las compresiones, el médico en la cabeza empieza a ventilar con el ambú, la compañera residente le coge la vía y el enfermero empieza a pasar la medicación que pide el médico.

En este momento no pienso más que en mantener un ritmo constante de masaje cardiaco, oigo las costillas crujir bajo mis manos, pero eso no me impide seguir. Aspiramos las secreciones, le administramos adrenalina, el médico le intuba. Mientras seguimos con las compresiones. Le cogemos una intraósea. De repente el ritmo cambia de asistolia a fibrilación ventricular, en ese momento se ve la esperanza en el rostro de los compañeros le colocamos los parches, nos separamos del cuerpo y realizamos la descarga. Vuelve a asistolia.

Seguimos así un rato más hasta que el médico dice que ya está, que no hay más que hacer. En ese momento siento la desesperanza, pienso en el paciente, en que ya no va a volver a abrir los ojos, pienso en la familia, en que no supieron que se despedían por última vez y pienso en que lo que hemos hecho no ha sido suficiente.

Pero de repente miro a mi alrededor y veo a los compañeros sudando, todas las mochilas abiertas, los envases de los medicamentos, noto que tengo una pierna dormida y que también estoy sudando y entonces supe que habíamos hecho todo lo que habíamos podido, que lo habíamos intentado hasta el final y sentí orgullo y agradecí el haber estudiado esta bonita profesión que es la enfermería. Porque, aunque no siempre consigamos el desenlace esperado siempre lo intentamos y nos dejamos las fuerzas y el corazón en cada paciente.

Hablamos con la familia y les comunicamos la mala noticia, para mí eso creo que fue lo más duro. Los escuchamos mientras se desahogaban y les ofrecimos nuestro apoyo.

En la base ahora tiene la palabra el médico, dice que el 75% de las paradas no salen adelante, me parece un porcentaje un poco desalentador, pero por lo menos hay un 25% que tienen otra oportunidad. Pienso en que no sabemos en qué momento podemos sufrir un accidente o una parada como este paciente, en lo efímera que es la vida y en lo poco conscientes que somos de ello. El vivir esta experiencia me ha hecho ver la vida de forma diferente.

Oigo el ruido del freno de mano, sin saber muy bien cómo, he llegado a mi guardia en rural, ¿te ha pasado alguna vez que no recuerdas ni por donde has ido, pero has llegado? Sigo sin saber muy bien lo que siento, me surgen miles de preguntas para las que aún no tengo respuesta ¿hice todo lo posible? ¿se podría haber hecho algo más? ¿cómo podemos estar seguros? Creo que estoy bloqueando las emociones para que no me sobrepasen ¿tú también lo haces? y ¿cómo lo gestionas? ¿lo hablas con alguien? ¿te lo guardas y piensas en otra cosa para no recordar? ¿te sirve el obligarte a no pensar en ello?, supongo que es porque lo tengo muy reciente y porque ahora tengo que entrar en el centro de salud poner una sonrisa y seguir atendiendo a los pacientes y mañana en la rotación más de lo mismo, puesto que al final no nos queda otra que recomponernos, trabajar sin pensar y seguir adelante ¿o no?



     

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *