Algunas razones para reírnos de nuestros cuerpos y con nuestros pacientes

Doctutor
Resumen: La risa o el humor que hace sonreir, es uno de los remedios más generosos que nos ofrece la naturaleza: es gratis, portátil, sin costo alguno y sin necesidad de recurrir a prácticas dudosas. El artículo resume información sobre los efectos fisiológicos de la risa y aboga por su uso como “medicina”, tanto para los pacientes, como para los propios médicos. El humor en medicina básicamente se basa en nuestros cuerpos y en las situaciones que vivimos a consecuencia de ellos especialmente en el sistema sanitario. Y es que nuestros cuerpos son artilugios hilarantes, traicioneros y milagrosos, con una sincronización terrible y sin ningún respeto por la modestia. Ni la educación, ni el dinero, ni los logros, ni el bótox, ni las fajas, ni la vanidad nos eximen de esa absurdidad básica que es vivir dentro de un cuerpo. Reírse de ellos en los momentos en que nos traicionan, no solo no debe de ser cruel, sino que debe reflejar reconocimiento, producir alivio y, a la vez, ser una forma de redención.
Some Reasons to Laugh at Our Own Bodies—and with Our Patients
Abstract: Laughter—or humor that brings a smile—is one of the most generous remedies nature offers us: it is free, portable, costs nothing, and requires no recourse to dubious practices. This article summarizes some of the evidence regarding the physiological effects of laughter and advocates for its use as “medicine,” both for patients and for physicians themselves. Humor in medicine is fundamentally rooted in our bodies and the situations we experience because of them—especially within the healthcare system. Our bodies are, in fact, hilarious, treacherous, and miraculous contraptions, characterized by terrible timing and a complete disregard for modesty. Neither education, wealth, personal achievements, Botox, shapewear, nor vanity can exempt us from the fundamental absurdity of living inside a body. Laughing at our bodies when they betray us is not an act of cruelty; rather, it should reflect a sense of recognition, provide relief, and, at the same time, serve as a form of redemption.
Si te paras a pensar, vivir dentro de un cuerpo puede representar algo básicamente absurdo,…entonces por qué no concedernos la oportunidad de reírnos de ello
La medicina es un asunto serio, especialmente cuando la enfermedad nos toca y nos convertimos en pacientes. Entonces confiamos nuestros cuerpos, miedos, secretos y, en ocasiones, todo nuestro futuro al cuidado y criterio de los médicos. Por otra parte, y como médicos, nuestro trabajo exige pensamiento racional, análisis científico, toma de decisiones rápida, fortaleza emocional y una buena dosis de humanidad. Y todo esto es lo que esperan nuestros pacientes de nosotros. Nuestros cerebros deben estar alerta y generalmente nuestra conducta ha de ser bastante disciplinada para dar respuestas útiles a nuestros pacientes. Sin embargo, todo esto genera tensión y hace imprescindible alternarlo con periodos de relax, cierto respiro que de alguna forma nos permita un “reseteo” una especie de limpieza interior, una forma de despejarnos la mente y hacer posible recargar nuestras neuronas para que vuelvan a funcionar con cierta fluidez.
En este sentido, cada vez son más las medidas de carácter individual que orientadas a luchar contra esta tensión, se nos recomiendan, lo que no deja de ser una forma de corroborar la necesidad de esa tarea para seguir ejerciendo como “sanadores”. Se nos habla así de medidas de autocuidado personal, entre ellas, dormir suficiente; hacer pausas activas y una actividad física regular, cuidar la alimentación, cultivar hobbies y una vida “exterior”, fortalecer vínculos sociales, entrenarse en mindfulness y meditación; practicar escritura reflexiva y técnicas de autocompasión, establecer límites aprendiendo a decir «No”, evitando llevarse trabajo a casa o limitando sobrecarga de turnos, estableciendo redes de apoyo con colegas…, en fin para que seguir, hay muchas más medidas.
A pesar de estas largas listas, en muy pocas fuentes aparece el humor y la risa. Todos necesitamos reírnos un poco de vez en cuando. Aunque los médicos, en general, por el asunto que tratamos, somos más bien serios, el humor es una de las mejores maneras de afrontar las duras realidades que enfrentamos a diario. Este concepto, sin embargo, no es nuevo. El fenómeno del humor en situaciones difíciles fue estudiado por primera vez por Sigmund Freud a principios del siglo pasado. Fue el propio Freud quien introdujo el término «humor negro», basado en la teoría de que bromear alivia la ansiedad y la risa puede transformar sentimientos desagradables en otros más positivos. De hecho, los sociólogos han señalado el humor como una forma para que los médicos expresen una amplia gama de emociones estresantes, como el dolor, la decepción y la ira, de maneras que les resulten más llevaderas.
Un estudio publicado en los Anales de Medicina de Urgencias analizó cómo los médicos de urgencias gestionaban el estrés y descubrió que la capacidad de encontrar humor en las experiencias cotidianas era una de las estrategias más eficaces para prevenir el agotamiento. Efectivamente, la risa o el humor que hace sonreir, es uno de los remedios más generosos que nos ofrece la naturaleza: es gratis, portátil, sin costo alguno y sin necesidad de recurrir a prácticas dudosas. Una buena carcajada no solo sienta bien, sino que también proporciona una liberación fisiológica, un desahogo de la carga emocional que el cuerpo no está diseñado para soportar indefinidamente. Hay evidencias de que la risa libera endorfinas, los opioides naturales del cuerpo, que pueden aliviar la percepción del dolor y producir una sensación de bienestar, similar a la euforia del corredor, sin la incomodidad innecesaria de tener que salir a correr. Estimula la dopamina y la serotonina, esos útiles mensajeros del placer, la recompensa, la motivación y el equilibrio emocional. Mientras tanto, el sistema endocrino se suma a la fiesta, reduciendo la respuesta al estrés al disminuir el cortisol y la adrenalina, esas hormonas problemáticas que mantienen el cuerpo en alerta mucho después de que la emergencia haya pasado. Un estudio que hacía ver a personas películas cómicas, demostró que, además de esa simple sensación de bienestar (que ya es bastante), la respuesta fisiológica a la risa conllevaba una reducción de las respuestas al estrés, una mejor función de los vasos sanguíneos, una mayor tolerancia al dolor, beneficios metabólicos y una mejora del estado de ánimo, la ansiedad y los síntomas depresivos.
Por tanto, podemos razonablemente pensar que la risa, si no es un “remedio infalible”, al menos puede ser una buena medicina, no solo para nuestros pacientes, si no para nosotros mismos.
Con mucha frecuencia, el humor surge de la rutina diaria del ser humano: nuestros cuerpos, apetitos, vergüenzas, vanidades, deseos, ilusiones y las desesperadas negociaciones con la gravedad, la edad, el sexo, el azúcar, los intestinos, las hormonas y alguna que otra parte del cuerpo que se resiste. La medicina es donde la dignidad humana y la anatomía humana se encuentran, a menudo bajo la misma bata y la consulta es el lugar donde, generalmente, compartimos con otra persona ambas cosas: dignidad y anatomía.
Las historias que nos traen los pacientes a la consulta, no pueden ignorar el sufrimiento ni minimizar el drama personal de nadie, pero, en muchas ocasiones, los pacientes pueden ser graciosos. Los médicos podemos ser graciosos. Las familias (de los pacientes y las nuestras) pueden ser graciosas. Los cuerpos son artilugios hilarantes, traicioneros y milagrosos, con una sincronización terrible y sin ningún respeto por la modestia. Ni la educación, ni el dinero, ni los logros, ni el bótox, ni las fajas, ni la vanidad nos eximen de esa absurdidad básica que es vivir dentro de un cuerpo. Reírse en estos momentos no solo no debe de ser cruel, si no que debe reflejar reconocimiento, debe producir alivio y, a la vez, debe ser una forma de redención. Es el sonido que emitimos cuando la vida nos muestra como criaturas frágiles, esperanzadas y ridículas que intentan manejar aparatos complejos sin un manual de instrucciones. Todas las mañanas cuando voy al retrete trato de recordarme a mí mismo esto.
Al fin y al cabo, tenemos que vivir dentro de estos cuerpos. Así que bien podríamos divertirnos un poco con ellos.







