El humor en la educación médica: uso y abuso

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Resumen: este artículo revisa el papel que el humor puede tener en la educación médica. Para ello se resaltan los diferentes tipos de humor y sus posibles efectos educativos y sobre todo aquellos que pueden ser perjudiciales. Aunque el humor es una herramienta que a priori es atractiva para los docentes y puede tener efectos positivos en el aprendizaje, también posee un potencial peligroso que puede no solo dejar al que la usa en posiciones incómodas sino ser un arma contra poblaciones vulnerables. El artículo trata también de diferenciar bien el rol del humor y la risa como elemento favorecedor del aprendizaje y como ayuda para el profesor o ponente en su actuación
Humor in medical education: use and abuse
Abstract: This article reviews the role humor can play in medical education. It highlights the different types of humor and their potential educational—and, above all, detrimental—effects. Although humor is a tool that is inherently appealing to educators and can have positive effects on learning, it also carries potential risks; it can not only place the user in awkward situations but also serve as a weapon against vulnerable populations. The article also seeks to clearly distinguish the role of humor and laughter as a factor that facilitates learning, and as an aid for the teacher or presenter in their performance.
En el ámbito que nos ocupa, es útil podríamos distinguir al menos cuatro estilos diferentes de humor: El humor agresivo, el de autoensalzamiento, el de ensalzamiento de otros y el de autocrítica. Estos cuatro estilos diferentes de humor existen en la intersección de dos espectros: positivo/negativo y autodirigido/dirigido a otros. Los chistes de autoensalzamiento están dirigidos positivamente a uno mismo o al grupo de pertenencia. Los chistes agresivos están dirigidos negativamente al otro o al grupo externo. Los chistes de ensalzamiento de otros están dirigidos positivamente al otro o al grupo externo. Finalmente, los chistes de autocrítica están dirigidos negativamente a uno mismo o al grupo de pertenencia. No es raro que se utilicen dos tipos diferentes de humor al mismo tiempo. Por ejemplo, un chiste puede ser agresivo hacia un grupo externo, a la vez que autoensalza a uno mismo o al grupo de pertenencia. Muchos chistes racistas y sexistas son así.
Los problemas surgen cuando un grupo privilegiado y poderoso utiliza chistes agresivos para atacar a un grupo ya vulnerable. Estos chistes funcionan como insultos velados que menosprecian a quienes pertenecen al grupo objetivo. Además, los chistes agresivos contra grupos ya vulnerables “influyen en las evaluaciones posteriores de los miembros de esos grupos por parte de quienes los escuchan”. Si estudiantes de medicina u otros profesionales de la salud escuchan estos chistes sobre pacientes, también se acostumbrarán a evaluarlos según esos chistes. Quienes los escuchan, como los estudiantes de medicina, se vuelven más tolerantes y pueden contar chistes similares en el futuro, lo que les puede llevarles a deslegitimar las perspectivas de los pacientes.
Hay que tener en cuenta que, generalmente, quienes son objeto de una broma (tanto si son estudiantes o residentes como pacientes) no pueden defenderse porque habitualmente no pueden participar en la conversación ni modificar su imagen. Esto se debe a dos razones. Primero, es imposible rebatir una reacción emocional. Segundo, rebatir a quien hace la broma solo empeora la imagen de la persona que la hace quedar peor. El bromista solo tiene que alegar que sus comentarios despectivos son «solo bromas» y que quienes se ofenden simplemente carecen de sentido del humor. Al dejar a algunos estudiantes o a los pacientes indefensos y, posteriormente, humillarlos, se les vuelve aún más vulnerables.
El objetivo de este artículo es examinar más a fondo cómo podemos hacer para que el humor en la educación médica funcione como una estrategia didáctica deliberada en lugar de utilizarlo como simplemente un recurso del docente para actuar de una forma más convincente o atractiva. De esta forma cuando usamos el humor al dar una clase o una sesión o en cualquier otro tipo de intervención educativa sería razonable plantearse si lo usamos para apoyar el aprendizaje o simplemente para actuar. La diferencia entre un enfoque y el otro es grande.
Humor en el ámbito de la Educación
En educación, el humor se ha descrito como una estrategia para mejorar la participación del alumno con el contenido y fortalecer la relación profesor-alumno. Cuando el aprendizaje se asocia con estrés o sobrecarga cognitiva, el humor puede reducir la ansiedad y, al mismo tiempo, aumentar la atención. Más allá de la participación, el humor puede favorecer la retención y el recuerdo, especialmente cuando se vincula explícitamente con conceptos clave. Estos efectos pueden estar mediados en parte por las vías de recompensa dopaminérgicas que fortalecen la motivación orientada a objetivos y la memoria. Sin embargo, pueden surgir distracciones con alusiones complejas o chistes que requieren que la audiencia dedique demasiado tiempo a analizar el comentario, mientras que el presentador ha pasado ya al siguiente tema. Estas situaciones contravienen la “Teoría del Procesamiento del Humor en la Educación”, que sugiere que los estudiantes deben reconocer e interpretar adecuadamente las incongruencias en los mensajes de los profesores para generar humor y estimular el aprendizaje. Por último, y como más arriba hemos apuntado, el humor debe usarse con precaución para evitar marginar a los estudiantes o comprometer su seguridad psicológica, especialmente cuando se emplean mecanismos basados en la superioridad
El humor puede hacer que los entornos de aprendizaje clínico y las presentaciones sean más agradables. Pero el disfrute por si solo no es el objetivo. El humor debe apoyar deliberadamente la atención, la participación y la retención. El humor no estructurado o excesivo corre el riesgo de convertir las oportunidades de aprendizaje en rutinas de comedia burlesca. Por lo tanto, el humor no debe verse como un guion fijo, sino como una habilidad que requiere adaptación y perfeccionamiento en tiempo real
El humor y el contexto cultural
Un aspecto importante a considerar en el uso del humor es el contexto cultural. Lo que se percibe como gracioso, apropiado o atractivo varía entre culturas e incluso dentro de grupos heterogéneos de estudiantes. Un humor que se basa en referencias culturales o sarcasmo puede no ser bien recibido por todos los públicos y puede generar alienación. En cambio, el humor autocrítico o el humor vinculado. directamente a experiencias compartidas (por ejemplo, sobrecarga de llamadas, fisiopatología compleja) puede ser más accesible y mejor recibido. Por lo tanto, los educadores deben considerar la composición del público y el contexto cultural para garantizar y mantener la inclusión.
El profesor que usa el humor
La presentación individual también influye en el humor. El mismo material puede recibirse de manera diferente según el momento, el tono y la credibilidad del presentador. A veces, el humor puede manifestarse como comentarios espontáneos y frases ingeniosas. Cuando se utilizan estratégicamente, estos momentos pueden aliviar la tensión. Si bien la literatura enfatiza la relevancia para el contenido de la clase, no todo el humor debe estar vinculado a objetivos de aprendizaje específicos. También puede integrarse en estrategias de enseñanza interactivas. Hacer preguntas, invitar a la discusión y responder a las aportaciones de los estudiantes con un humor apropiado intercalado puede reducir las barreras a la participación y fomentar entornos de aprendizaje más cómodos. Como resultado, las interacciones entre profesor y alumno, y entre alumnos, pueden aumentar y aprovecharse para promover el aprendizaje activo en lugar de la recepción pasiva. En estas situaciones, el humor refuerza, en lugar de oscurecer, la comprensión conceptual.
Los educadores que mantienen relaciones más duraderas con los estudiantes pueden facilitar mejor la conexión, la participación y la seguridad psicológica. La participación de los estudiantes durante las presentaciones interactivas puede aumentar debido a la familiaridad entre el profesor y el alumno. Sin embargo, la familiaridad no debe eliminar la necesidad de precaución, ya que el humor dirigido a las personas conlleva el riesgo de vergüenza, juicio percibido o erosión de la confianza y la seguridad psicológica. El humor también puede disminuir la credibilidad percibida. Especialmente si se utiliza durante discusiones sobre temas clínicos delicados o casos reales de pacientes donde la seriedad clínica debe preservarse. En este contexto, el humor educativo eficaz depende no solo de hacer reír a los estudiantes, sino también de mantener la confianza mientras se apoya el aprendizaje.
¿Hay evidencias respecto al uso del humor en educación médica?
La evidencia que respalda el uso del humor en la formación médica de posgrado es bastante limitada y a menudo proviene de estudios pequeños o de entornos no médicos. Además, existen pocos datos que vinculen el humor con resultados objetivos como la asistencia, la retención, la participación del estudiante y las percepciones de profesionalismo. Es probable que el impacto del humor varíe según el contexto cultural, los temas educativos, las características del estudiante y la habilidad del presentador. No hay muchas evidencias sobre los efectos del humor en la retención de información, la participación del estudiante y las percepciones de seguridad psicológica. Es importante considerar las diversas categorías de humor y sus efectos en el aprendizaje. El trabajo cualitativo que explora las experiencias del estudiante en diversos contextos, así como los estudios que comparan el humor integrado con los enfoques de enseñanza tradicionales, ayudarían a distinguir el humor que apoya significativamente el aprendizaje del humor que simplemente mantiene la atención.
Conclusiones
La atención, la participación y la retención son elementos esenciales del aprendizaje que deben cultivarse deliberadamente en las conferencias, clases, sesiones, etc. Sin embargo, ni la actividad docente debe convertirse en una comedia en vivo, ni el ponente, tutor o profesor tiene que ser un comediante y el humor convertirse en una competencia fundamental para la residencia. Pero cuando se utiliza intencionalmente y se fundamenta en la teoría, el humor puede servir como un mecanismo significativo para apoyar el aprendizaje, en lugar de ser un mero adorno estilístico. Si bien la evidencia que respalda el humor en la educación médica sigue evolucionando, la literatura existente y la teoría educativa sugieren que tiene potencial como estrategia educativa de apoyo
Este artículo utiliza y resume material principalmente de las siguientes fuentes:
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