Usar el humor con los pacientes: consejos y recomendaciones

Resumen: No todo tipo de humor debe usarse en las consultas con los pacientes, el humor negro o el agresivo, no suele estar recomendado. El humor con los pacientes debe ser seguro y apropiado para que lo disfruten, aumenten su apertura y confianza, pero sobre todo para que les alivie en su sufrimiento. Con esta finalidad el artículo ofrece una ley general y simple que debería presidir cualquier tipo de intervención humorística con pacientes: “Nunca te burles de los débiles, especialmente de los pacientes. Esto sería similar a consolar a los afligidos y afligir a los cómodos”, que completamos con siete recomendaciones.
Using Humor with Patients: Tips and Recommendations
Abstract: Not all types of humor are suitable for use during patient consultations; dark or aggressive humor, for instance, is generally not recommended. Humor used with patients should be safe and appropriate—intended to be enjoyable, to foster openness and trust, and, above all, to provide relief from suffering. To this end, the article offers a simple, general rule that should guide any form of humorous intervention with patients: “Never mock the vulnerable—especially patients. That would be akin to comforting the afflicted while afflicting those who are at ease”—a rule we supplement with seven recommendations.
«la comedia está hecha para incomodar a los acomodados y consolar a los afligidos».
Los profesionales sanitarios utilizamos el humor como mecanismo para afrontar y procesar los horrores y traumas de nuestro trabajo, y también para protegernos del agotamiento y la fatiga emocional. Este humor puede ser negro y directo, y a veces rozar lo inapropiado u ofensivo, pero normalmente no es el que se comparte con los pacientes. En las consultas hay que utilizar otro tipo de humor: el humor en las consultas debe ser seguro, apropiado e indicado para que los pacientes lo disfruten, y así aumenten la apertura y la confianza, y a nosotros nos ayude a abordar la diferencia de poder en los roles (que existirá independientemente de cuánto intentemos minimizarla, porque siempre hay una diferencia de poder entre el médico y el paciente).
Pero es que además de todo esto, hay razones suficientes para pensar que el humor es terapéutico para nosotros y nuestros pacientes. En otro artículo que se publica en este mismo número de Doctutor se ofrecen algunos argumentos del porqué esto es así y se resumen algunos de los cambios fisiopatológicos que produce el humor y la risa en el cuerpo humano, por lo que remitimos al lector interesado al mismo. Aquí nos vamos a centrar en ofrecer algunas recomendaciones generales que nos orienten sobre cómo podemos usar el humor en la consulta con nuestros pacientes
¿Por qué hacer reír a los pacientes?
Porque la risa es la mejor medicina…
Bueno después de los corticoides. Los corticoides son la mejor medicina…
Pero la risa es la segunda mejor medicina, y eso sí, tiene menos efectos secundarios.
Otra razón es que los pacientes a menudo vienen a vernos porque están angustiados; algo les causa incomodidad, ansiedad o algo peor. Estar en este estado puede dificultar el procesamiento y la retención de información médica compleja. Una forma de establecer una buena relación y lograr que los pacientes sean más receptivos a la nueva información es hacerlos reír, o al menos soltar una risita o una sonrisa. El humor es un mecanismo de afrontamiento y puede hacer que la incomodidad sea menor. Si se hace bien, una risa en la consulta puede convertirte en el médico favorito de todos.
ESCENARIO: Un médico y su paciente, una profesora de filosofía con diabetes tipo II y sobrepeso:
Paciente: Puedo aguantar con la dieta la mayor parte del día y con el ejercicio, pero por la tarde cuando llego a casa me comería las piedras, a las 8 ya estoy cenando…y ¡que cenas me preparo!
Médico: Usted debe saber lo que le contestó Sócrates cuando Platón le preguntó sobre lo que hizo Eurípides para adelgazar tanto
P: (extrañada) Nooo
P: Pues le dijo: Yo solo sé que no “ce-naba”
Antes de ofrecer algunas estrategias para usar el humor en las consultas con los pacientes he aquí una ley simple e inmutable sobre el humor en la atención médica (y, bueno, en todas partes) que es necesario respetar:
“Nunca te burles de los débiles, especialmente de los pacientes. Esto sería similar a consolar a los afligidos y afligir a los cómodos”.
Por esto, al decidir sobre qué se puede bromear, primero hay que establecer qué y quiénes son los «cómodos». Todos ven bien que las autoridades e instituciones sean atacadas y humilladas, por lo que está bien afligir a los cómodos (también vale aquí el término de “poderosos”). Los políticos, los sistemas de salud, los registros médicos electrónicos, los ordenadores, los médicos famosos, las compañías de seguros y hoy día también los influencers de la salud, son algunos ejemplos de los «cómodos» o “poderosos”. Sin embargo, no todos los chistes tienen que tratar sobre afligir a los cómodos, pero ninguno puede tratar sobre afligir a los afligidos.
A mí es que no me salen los chistes, es que no soy gracioso
Pero ¿y si no somos graciosos por naturaleza? El humor, como otras muchas cosas no es una característica innata, sino algo que se aprende mediante un proceso iterativo. Así es como todos aprendemos a ser graciosos. Puede parecer innato en algunas personas, pero eso se debe a que empezaron desde pequeños, recibiendo respuestas positivas de vez en cuando, y ese refuerzo positivo los impulsó a seguir explorando el humor para llamar la atención. Los niños son más desinhibidos, por lo que son más propensos a arriesgarse y, por lo tanto, aprenden más rápido qué es gracioso y qué no lo es. En las clases de comedia, el primer paso suele ser ayudar a las personas a superar esas inhibiciones y a sentirse libres. Pero para que quede claro, la desinhibición es para las clases de comedia, no para hacer una exploración física.
Consejos o recomendaciones
- Un buen comienzo para que el humor tenga cabida en la consulta médica es que no se trata solo de ser gracioso, sino de ser un “buen público”. Si un paciente cuenta un chiste, tenemos que asegurarnos de reírnos o al menos de soltar una risita (a menos que el chiste sea inapropiado; en ese caso, lo que tenemos que hacer es establecer límites). Los pacientes son los protagonistas, y nadie quiere contar un chiste que provoque un silencio sepulcral.
- Un siguiente paso serían los “chistes de bajo riesgo”, como los chistes malos o los típicos chistes de juego de palabras o de palabras que evocan otras o que son homófonas, o sobre los progenitores, o los recursos cómicos clásicos, como referirse a cosas de internet o considerar a los niños como «señores» o «señoras». Estos son maneras fáciles de aligerar el ambiente; no son obras maestras de la comedia, pero son un buen comienzo. Estos recursos cómicos también pueden salvar un mal chiste. Si un chiste no funciona, dígale al paciente que piensa seguir con su trabajo habitual y que no se irá de gira con su espectáculo de comedia.
Cariño estoy embarazada!
Que te gustaría que fuera?
Una broma
- La seguridad es clave a la hora de contar un chiste. Un mal chiste contado con seguridad suele ser mejor que un buen chiste contado sin ella. Esos chistes de juegos de palabras no tienen por qué ser necesariamente ingeniosos ni graciosos, pero contarlos con la fanfarronería y la bravuconería de alguien demasiado confiado ayuda a que funcionen.
A menudo tratamos temas que de otro modo se considerarían tabú, lo cual puede ser una excelente fuente de humor. Quizás por eso nuestros colegas urólogos suelen ser los más graciosos. El humor también puede surgir del contraste, con el clásico personaje serio y su opuesto el divertido o desinhibido. Si estamos dando una clase particularmente aburrida o explicando a un paciente una afección común y corriente, esta puede ser una oportunidad para ser un poco gracioso o extravagante y provocar sonrisas.
Un paciente que ha ido a una consulta especializada en abandonar el tabaco, se encuentra fumando y lo ve un amigo:
¿Pero tú no habías ido a la consulta para quitarte las ganas de fumar?
Sí he ido y ahora fumo sin ganas
- Está bien reírse de uno mismo, ya que, como médicos, somos los que solemos ser objeto de bromas. Sin embargo, los chistes deben referirse a algo que no tenga importancia ni trascendencia. Conviene evitar las bromas sobre nuestra habilidad para ejercer la medicina, ya que podrían minar la confianza del paciente en nuestra capacidad para tratarlos. Su letra, su habilidad para escribir a máquina, su puntualidad o su capacidad para seguir sus propios consejos médicos, sus malos cortes de pelo, su torpeza social y sus malos chistes son temas que merecen ser objeto de burla.
- Existen lo que se llama «filtros de humor», o maneras en que diferentes cosas resultan graciosas. Hay ciertos tipos de humor que no son apropiados para ser usados en la consulta, como el humor escandaloso. Decir algo impactante, a menudo sobre sexo, drogas o violencia, no sería muy adecuado, mientras que el “humor de referencia”, que alude a una experiencia humana común, posiblemente específica del sistema de salud, es una buena manera de conectar con el paciente. Un ejemplo sería mencionar todo el papeleo que hay que rellenar, incluso si el paciente solo vino para que le sacaran un tapón de cerumen. Pasaron 45 minutos rellenando papeleo y vino para una visita de tres minutos para que le extrajeran el tapón de cerumen. Otro buen ejemplo de este humor de referencia que además hace al propio médico objeto de risa (el reírse de uno mismo), es el siguiente:
Un médico tratando de solidarizarse con un paciente que trata de adelgazar y le supone un gran esfuerzo ir al gimnasio todos los días
Si te digo la verdad, a mí la máquina del gimnasio que más me gusta es la que le echas un euro y te sale una barrita de chocolate
- Los chistes recurrentes son una práctica común entre los comediantes profesionales al final de sus actuaciones. Hacen referencia a un chiste contado al principio del espectáculo, lo que genera en el público una sensación de cercanía y de compartir la experiencia. Si bien esto puede ser más avanzado, hacer referencia a algo dicho al inicio de la consulta podría tener el mismo efecto en el paciente, haciéndolo sentir parte del grupo.
- Una advertencia importante es saber interpretar el ambiente. Si el ambiente no es el adecuado, no deberíamos arriesgarnos; mejor evitar las bromas. Es siempre mejor abordar la seriedad de la situación con la misma seriedad con la que lo hace el paciente. Pero si el ambiente es propicio, ríete de los chistes de tu paciente, ten confianza, aunque sea un poco cursi o algo ridículo, consuela a los afligidos y empieza a pensar en cómo molestar a los que viven cómodamente.
Este artículo está inspirado en el post de Bradley Block “Laughter is the best medicine (but use it wisely with patients)”
https://kevinmd.com/2024/04/laughter-is-the-best-medicine-but-use-it-wisely-with-patients.html







