La jubilación como jubileo

Roger Ruiz Moral. Editor de Doctutor

Resumen: La “jubilación” o el retiro laboral, es concebido en nuestra cultura como una dejación de la vida activa y productiva. Aunque “jubilación” viene del latín iubilare (expresar júbilo, por terminar esa vida activa), son muchos los médicos que sienten frustración y pierden su autoestima al jubilarse. La cultura occidental promueve el hacer y el producir, de ahí que al médico jubilado se le propongan alternativas para seguir “enganchado” o en su caso, multitud de actividades para “entretenerse”. La mayoría de estas salidas sin embargo, a muchos médicos no resultan satisfactorias. Este artículo aboga por la necesidad de trabajarse una “jubilación propia” dónde el médico se plantee preguntas del tipo “¿qué he sido?, ¿qué soy? y ¿qué quiero ser ahora?”, que le lleven al desarrollo de proyectos personales con “sentido” y que así contribuyan a su desarrollo personal en esta última etapa de su vida, convirtiendo la jubilación en un Don o Reconciliación consigo mismo, es decir, en un auténtico jubileo.

Retirement as a Jubilee

Summary: In our culture, retirement is often seen as a departure from active and productive life. In Spanish “jubilación” (retairement), comes from the Latin word iubilare (to express joy at the end of one’s active life), many doctors experience frustration and a loss of self-esteem upon retiring. Western culture promotes doing and producing, which is why retired doctors are often offered alternatives to stay «engaged» or, in some cases, a multitude of activities to «entertain» themselves. However, most of these options are not satisfactory for many doctors. This article argues for the need to work on a «personal retirement» where the doctor asks himself questions such as «what have I been?, what am I? and what do I want to be now?», which lead him to the development of personal projects with «meaning» and thus contribute to his personal development in this last stage of his life, turning retirement into a Gift or Reconciliation with him/herself, that is, into a true jubilee.

Es evidente que la transición a la jubilación puede ser difícil. El trabajo proporciona estructura, comunidad y propósito; en la jubilación, estas necesidades deben ser satisfechas por otras iniciativas (1). Los médicos suelen experimentar una pérdida de identidad y autoestima cuando se jubilan (2). Es evidente que la edad no debería ser el único factor determinante de la jubilación, pero llegado el momento ¿qué se supone que puede hacer un médico con su tiempo y su vida?

La “jubilación” o en términos más anglosajones el “retairement” (retiro), es concebido en nuestra cultura como una dejación de la vida activa. La vida laboral es la vida productiva, es una vida de acción, y esta se construye cada día, haciéndola, ocupándola con actuaciones. Lo que mejor caracteriza la acción para la producción, (sea del tipo que esta sea) es el predominio de las interacciones comunicativas con el exterior de forma continuada, particularmente en aquellas profesiones sociales, como la medicina, la docencia, el derecho, pero también las comerciales, donde la comunicación se produce entre humanos y en las que, en función de su resultado, modificamos o reafirmamos nuestras ideas y conductas, es decir, procedemos con nuestros planes tal cual o los modificamos en un continuo flujo de bidireccionalidad (feedback) contínuo. En el caso del médico sobre todo son en esas interacciones con sus pacientes, residentes y estudiantes, compañeros de trabajo.

La jubilación como fuente de angustia para los médicos

La jubilación suprime de repente toda esa “acción” y a la vez ese flujo comunicativo…ya no más pacientes, residentes, estudiantes, compañeros de trabajo, no más tareas y problemas que resolver para tratar de solucionar y de paso “ganarse la vida”. Sin embargo, a diferencia del “retiro”, jubilación viene del latín iubilare (expresar júbilo) y a su vez, se conecta con el sustantivo iubilatio (alegría muy grande). El término refleja el descanso y la felicidad por terminar la vida “activa”. La cultura occidental en la que nos movemos deplora el cese de actividad (física y mental, incluyendo la de nuestra profesión como médicos y enseñantes), de aquí probablemente gran parte de la frustración que el médico siente cuando se jubila. Un buen amigo médico y jubilado, decía que es ahora cuando no podemos bajar la guardia, es más, es ahora cuando hemos de esforzarnos en estar siempre, no ya al 100%, sino al 120-150% como mínimo. Ante esto, la paradoja que ahora surge es ¿cómo mantenernos tan activos cuando precisamente nos hemos ganado ya la inactividad? Esto me recuerda uno de los geniales pensamientos de Ortega que, en relación con “la Técnica” decía que ésta debería permitir al hombre moderno disfrutar más tiempo de su ocio y se lamentaba al ver que desgraciadamente, no parecía ser así pues el hombre moderno no sabe qué hacer con su ocio (3). Así, surgen las recomendaciones sobre esas nuevas actividades que se supone que como médicos retirados deberíamos empezar a plantearnos: por ejemplo, los viajes que aún no hemos hecho, matricularse en la universidad de “mayores” para ahondar (por simple curiosidad desde luego) en temas de interés personal pero a los que, por desgracia, el ejercicio de la medicina no permitió adentrarnos en ellos. En definitiva, hay que aprender algo nuevo (también en el ámbito digital), como la jardinería, el baile, la composición o interpretación musical o la representación dramática, recibir clases de acuarela, clases de portugués…o tal vez de chino, por supuesto ahora ya tendremos tiempo para leer, leer y leer esa cantidad de libros pendientes ¡todo un maratón literario! (mejor si uno se apunta a un club de lectura) y hablando de maratón: el ejercicio rutinario y diario hay que incorporarlo en la (ya cargada) agenda diaria (mejor si uno se apunta a un gimnasio, porque si no, ya se sabe,…uno se relaja y acaba en la molicie más destructiva),…¡ah! ¡Y que decir de la dieta! ahora se coloca en una posición que requiere atención consciente: nada que contenga nitritos, azúcares refinados o “colesterol del malo”, el alcohol ni mentarlo, mucha verdura y fruta y algo de pescado y leche…después de todo no es para tanto, lo que hay que hacer es una dieta variada (pero lo que decía, el problema es ahora pensar en la dieta variada, invertir tiempo en su localización y elaboración…). Seguramente se me olvidan cosas importantes, hay muchas cosas más. Y es que resulta que si uno consulta sobre qué debe hacer un médico cuando se jubila, las recomendaciones no solo coinciden con lo que antes he expuesto y que tienen que ver con la promoción de un “envejecimiento saludable”, es que uno debería seguir en contacto con la medicina ya que a pesar de ese supuesto deterioro cognitivo existente, este siempre puede estar compensado con la experiencia, como comentaba en otro artículo de este número. En este sentido hay que lamentarse de uno de los defectos más graves de nuestro sistema sanitario: el no tener un plan racional para aprovechar la sabiduría de los seniors. No nos engañemos, al día siguiente de tu jubilación no es que no puedas ya recetar, es que no te dejan entrar en el hospital, aunque aún te podrías mover de favores, pero dado que al año dejas de conocer a la mitad de tu servicio y a los dos años no conoces a casi a nadie, si entonces dices que eres médico o que trabajabas ahí, la respuesta que habitualmente recibes es de una ignorancia o condescendencia disuasoria.

Desde diferentes instancias se anima al médico retirado a continuar participando de forma parcial en la vida médica, aunque sea a través de roles indirectos o con menor carga horaria. “La jubilación no tiene por qué significar el final de la vida profesional. Puede ser el comienzo de una nueva etapa de contribución significativa”, dice un artículo del Royal College of Psychiatrists (New Horizons: Considering Retirement) y proponen “modelos flexibles de retiro activo”, donde los médicos siguen contribuyendo desde nuevas funciones menos exigentes, pero igualmente significativas (4). Entre las alternativas propuestas están roles adaptados como médico de segunda opinión, trabajo como peritos legales, participación en tribunales, formación de residentes o colaboración con ONGs, aunque en nuestro contexto creo que algunas de estas opciones no son muy realistas. El objetivo es seguir vinculados a la práctica médica sin los niveles de exigencia física o emocional, propios de la asistencia directa yademás, “reforzar la autoestima” del médico jubilado y su sentido de pertenencia al colectivo profesional (al que ya no pertenece). En todo caso, la clave estaría en planificar con antelación, identificando nuevas áreas de interés, definiendo objetivos personales y explorando las opciones que ofrecen hospitales, sociedades médicas y organizaciones externas. También se recomienda mantener una red profesional activa, asistir a congresos o formaciones, y participar en iniciativas de mentoría o evaluación. Así, se sueleconcluir diciendo que “la transición a la jubilación debería considerarse parte del ciclo profesional, no como su final”. De esta forma seguiríamos focalizándonos en esa comunicación externa, o hacia “el otro”, en esa actividad o “hacer” que nuestra sociedad nos ha convencido que queremos.

Una nueva perspectiva sobre la jubilación: la jubilación propia

Como señalaba más arriba vivimos inmersos en la cultura de la “acción”, esto es del “hacer” de ahí que la jubilación, en lugar de “alegría” para muchos médicos (esto no es algo general desde luego) represente una especie de peripeteia (o peripecia) un cambio repentino de la suerte o de nuestra situación. Ese giro imprevisto (y aunque vislumbrado nunca previsto y siempre alargado) que al final viene y rompe nuestra historia personal. En las tragedias clásicas, la peripateia, al igual que en muchas vidas la jubilación, marcaría el momento exacto en que la felicidad pasa a ser desgracia. Y así sucede que en muchos médicos retirados la jubilación provoque frustración, pérdida de la autoestima, sensación de inutilidad, impotencia. Gran parte de esos problemas que parece acarrear la jubilación se derivan del vacío que deja la falta de acción y a la vez la ausencia de esa comunicación externa a la que permanente nos hemos estado dedicando. Aunque se insiste en la pérdida de poder adquisitivo al jubilarse y se aduce a esta razón para retrasarla y buscar alternativas laborales (jubilación parcial, etc), en el fondo, este argumento revela hasta qué punto dependemos de las necesidades materiales que nosotros mismos nos hemos ido creando ya que, salvo excepciones, a esas edades la carga de responsabilidad y de gastos debería haber bajado considerablemente, todo lo cual trasluce el apego a lo material que la cultura del hacer y tener ha inoculado en nuestras vidas. Muchos médicos al retirarse, no saben a qué dedicarse, es esa incapacidad de qué hacer con un tiempo que ahora es nuestro, a la que se refería nuestro filósofo a propósito de la técnica. De esta forma muchos, llegado el momento del retiro, cuando se les permite continúan trabajando, alargan la fecha fatídica hasta edades muy avanzadas, otros ante la imposibilidad de seguir, buscan estar ligados a la profesión generalmente mediante algunas de las opciones antes descritas, finalmente la gran mayoría, con la excusa de que fue siempre lo que anhelaron hacer, se ven abocados a iniciar una gran cantidad de actividades de muy diversa naturaleza y que, por lo general, suelen tener resultados limitados y breves en el tiempo, sin que su realización suponga para el médico retirado la plena satisfacción o el alivio de su situación, por carecer de la “autenticidad” necesaria para contribuir a su desarrollo personal en la última etapa de su vida. Y con esto resalto que no estoy defendiendo la “inactividad” del jubilado, sino una actividad con sentido pare él o ella.

En el artículo “Relatos de una vejez y muerte propias” publicado en Doctutor hace ya unos años (5), hablaba del “inconveniente de envejecer”. Cuando la vejez, o ahora la jubilación, irrumpe en nuestras vidas, el relato que nos hemos hecho de ellas se ve irremisiblemente alterado, apareciendo entonces la necesidad de replantearlo. Pedro Laín, en su último libro “La empresa de envejecer” (6) planteaba el envejecimiento no solo como un acontecimiento biológico sino como un acontecimiento personal. En la forma que hagamos esto nos va en gran medida nuestro futuro personal para el resto de nuestra vida y personalmente, creo que también nuestra capacidad para seguir sacándole jugo a la misma.  Aquí, la clave del éxito dependerá de nuestra capacidad para replantear este relato con la suficiente fidelidad a lo que hemos sido, somos y queremos ser.

Cuando nos planteamos preguntas del tipo “¿qué hemos sido?, ¿qué somos? y ¿qué queremos ser ahora?”, estamos dando dos giros cruciales. El primero es que estamos comunicándonos con nosotros mismos, es decir el foco de nuestra atención prioritaria no es ya la comunicación externa, sino la interna, y el segundo giro es que estamos planteando nuestro futuro como personas en base al “Ser” como eje principal de nuestra acción. A partir de ahí, estaremos construyendo nuestra “propia jubilación” (o lo que es lo mismo nuestra futura vida propia) y la forma de construirla es mediante un estilo propio, encajando los anhelos, vocaciones, expectativas, en las “circunstancias” que nos son propias a cada uno de nosotros, es decir acoplándolas con las decepciones y las sorpresas en su relato personal, “La imaginación de lo que uno puede seguir haciendo con fidelidad” dice Laín (6), es decir dentro de su propio estilo, acoplando las cada vez más frecuentes decepciones e inconvenientes que supone este nuevo periodo que es ya de vejez, dentro de las posibilidades que a su vez la propia vejez nos permitirá y que, según cada uno, puede suponer el embarcarnos en algunas de las actividades concretas que más arriba habíamos descrito.

De esta forma la jubilación será más nuestra propia jubilación, un auténtico jubileo, pues a lo que nos dediquemos en ella tendrá así sentido, y es muy probable que vivamos esa o esas actividades nuevas o renovadas, con más entusiasmo, enriquecimiento y a la vez realismo y alegría. Jubileo, en la religión católica es el año santo de gracia, de perdón y reconciliación. Concedámonos ese Don, …todos nos lo merecemos.

1.Cronan JJ. Retirement: it’s not about the finances! J Am Coll Radiol. 2009;6(4):242–5. doi: 10.1016/j.jacr.2008.12.001. 

2.Anast GT. Managing a successful retirement. Surgery. 1997;121(4):474–6. doi: 10.1016/s0039-6060(97)90322-6. 

3. Ortega y Gasset J. Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Madrid: Alianza Editorial, 1995

4. https://www.rcpsych.ac.uk/members/new-horizons-considering-retirement/new-opportunities

5. https://www.doctutor.es/2023/07/03/relatos-de-una-vejez-y-muerte-propias/

6. Laín Entralgo P. La empresa de envejecer. Barcelona: Galaxia Guttemberg, Círculo de Lectores. 2001



     

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *