Comprender y afrontar mejor situaciones clínicas y docentes difíciles. Una perspectiva emocional

Roger Ruiz Moral. Editor de Doctutor
Resumen: La realidad del mundo que vivimos queda significada en función de cómo la insertamos en las relaciones personales que cada uno vive. Las emociones que experimentamos en estas relaciones no dependen tanto de los otros como de nosotros mismos ya que son expresiones de nuestra complejidad concreta, momentos y circunstancias concretos. En este artículo defiendo la tesis de las emociones como cristalizaciones de nuestras experiencias de significado pasadas y así son expresiones no solo de nuestra historia sino también de nuestra disposición que se actualiza en cada nueva situación. Representarían la forma como vivimos las cosas en los encuentros de nuestra vida. De esta manera los sentimientos son una fuente de información sobre nosotros mismos que además genera “tendencias” de actuación que, en la medida en la que seamos conscientes de ellos, podemos modular en beneficio de nuestra relación con los otros para mejorarla y mejorarnos. Esta perspectiva matiza los conceptos de “paciente difícil” o “compañero tóxico” añadiendo otra perspectiva y enfatiza alternativas para mejorar cualquier tipo de relación, también la clínica y la educativa.
Understanding and Coping Better with Difficult Clinical and Educational Situations: An Emotional Perspective
Abstract: The reality of the world we live in is given meaning by how we integrate it into our personal relationships. The emotions we experience in these relationships depend less on others than on ourselves, as they are expressions of our specific complexity in particular moments and circumstances. In this article, I defend the thesis that emotions are crystallizations of our past experiences of meaning, and thus are expressions not only of our history but also of our disposition, which is updated in each new situation. They represent how we experience things in the encounters of our lives. In this way, feelings are a source of information about ourselves that also generates behavioral “tendencies” which, to the extent that we are aware of them, we can modulate to benefit our relationships with others, improving both them and ourselves. This perspective qualifies the concepts of «difficult patient» or «toxic partner» by adding another perspective and emphasizes alternatives to improve any type of relationship, including clinical and educational ones.
Estimado lector, te pido que reflexiones ante la siguiente situación práctica clínico-docente:
“Lo has hecho todo mal”
¿Qué valor emocional tiene el que a un estudiante después de ver a un paciente en su rotatorio en la planta del hospital o en la consulta del centro de salud le diga esa frase el médico adjunto responsable y al que el estudiante ha sido asignado en su primer día de rotatorio?
…
¿Y qué valor emocional tendría si, en lugar de ese adjunto, fuese su compañero de prácticas y amigo de la facultad, el que se la dijese?
…
Si has reflexionado sobre una u otra situación, seguramente habrás llegado a la conclusión que el valor emocional de la frase “lo has hecho todo mal” (que como seguramente sabes representa el anatema del feedback) muy probablemente, tiene mucho menos valor emocional del que a primera vista podríamos pensar en otorgarle, e incluso, tal vez hayas podido pensar que no tiene valor emocional o significado en absoluto.
Una de las tesis que defiendo en estas líneas es que el mundo no tiene significado, si no es por cómo se inserta en las relaciones interpersonales.
“cuando veo entrar por la puerta a este paciente es que me pongo de los nervios”
“con ese compañero de trabajo no puedo hablar, cuando lo hago siempre acabo cabreado”
Siguiendo la ola dominante del pensamiento postmoderno, las emociones, aunque ocurren en nosotros, como médicos ante ese paciente, como compañeros del equipo ante ese otro compañero de trabajo, son más de ese paciente o de ese compañero. Puede parecer cómico, pero esto es lo que está detrás de esa pléyade de libros de autoayuda que nos hablan de las “personas tóxicas” y que, una gran mayoría de nosotros ha acabado por asumir como algo real. La toxicidad pertenece al tóxico y él o ella me toxifican. Uno acaba intoxicado, pero “la toxicidad pertenece al otro”. O lo que es lo mismo, las emociones acaban siendo una reacción ante la influencia de un agente exterior. Por eso la educación emocional que proponen esos múltiples libros y cursos de autoayuda con los que nos bombardean es que debemos desarrollar habilidades socioemocionales para prevenirse del tóxico y dejar pasar al simpático.
Otra de las tesis que aventuro aquí (siguiendo a diferentes autores) es que esa capacidad para “ponernos de los nervios” no está en el paciente o esa toxicidad en el compañero de trabajo (al menos de una forma completa) sino que los sentimientos no sólo ocurren en uno, sino que son ciertamente nuestros. Nuestras “reacciones emocionales” no son tales reacciones, sino que son expresiones de nuestra complejidad concreta en un momento y circunstancias concretas. O dicho de otra manera más radical: las emociones son fruto y efecto del actuar humano. Esto nos convierte en responsables de nuestras emociones, y con esto no estoy diciendo que lo que ocurre fuera de nosotros haya sido decisión nuestra; por ejemplo, la frase que decía al estudiante el adjunto o su colega “Lo has hecho todo mal” no tendría significado de por sí, pues la realidad queda significada en función de cómo esta se inserta en las relaciones personales que cada uno vive, en este caso las relaciones personales del estudiante con el adjunto y con su compañero. El mundo no tiene significado de por sí sino que lo adquiere en su inserción en las relaciones interpersonales y una vez que una realidad ha sido significada, nos expresamos ante esa realidad mediante la emoción.
Una brevísima fundamentación psicopedagógica
Desde niños y a medida que crecemos, vamos significando acontecimientos y ante esos mismos acontecimientos “reaccionamos emocionalmente”, esto es, respondemos muy rápidamente, pero como decía Vygotsky esos “comportamientos emocionales” que llamamos reacciones emocionales no son más que cristalizaciones de experiencias de significado pasadas. Pero además, como señala JV Orón, aún hay más: no es cierto tampoco que las personas estemos en modo off y los acontecimientos nos pongan en modo on. Siempre estamos en modo on y lo único que hacemos es cambiar el tipo de on. Además, al estar en on, la persona casi siempre está proyectándose sobre la realidad. La percepción no es un fenómeno neutro, sino altamente personal ya que percibimos sobre la base de las predicciones que hacemos de la realidad. Por tanto, lo que llamamos reacción no solo expresa nuestra historia sino también nuestra disposición actual. En cada momento nuestra historia se actualiza con relación a la forma de vivir presente.
Para cada uno de nosotros, el mundo, su significado, nunca es objetivo. A medida que nos desarrollamos aprendemos a distinguir poco a poco la diferencia entre nuestra vivencia subjetiva individual (la emoción), el beneficio individual o aprovechamiento posible de las cosas y situaciones (el valor) y la forma en la que una realidad se comprende de forma social y desprovista de elementos subjetivos (su significado), pero ninguno de estos conceptos es independiente, lo objetivo y claro es lo que sentimos siempre de la misma manera. En la realidad significada siempre hay algo de nosotros mismos.
El sentimiento es una propiedad emergente que no ha sido constituida por uno, sino por un multiencuentro de la múltiple realidad personal y relacional. Nuestros sentimientos hablan de la historia de nuestros encuentros, por eso no tiene sentido el buscar un causante de los mismos: es el reflejo del estado vital complejo y dinámico de la persona.
Dos consecuencias prácticas
1ª) Poner el foco en nuestras relaciones (para mejorarlas)
Remitiéndonos entonces a los ejemplos que ponía más arriba, desde este enfoque y con un mínimo de rigurosidad, no se podría estar hablando completamente de “personas tóxicas”, entre otras cosas porque una persona no puede ser reducida a una de sus características, siempre es algo más complejo. Lo que tendrá sentido es hablar de situaciones o estrés tóxico, pero esto, no es atribuir la toxicidad a una persona, sino a la forma de vivir las cosas en el encuentro de nuestra vida con esa persona, si bien admito que podemos experimentar esto con mayor frecuencia ante determinadas personas. Esto tampoco quiere decir que uno sea culpable de su situación, pues ningún acto humano es individual, sino social. No existen actos no sociales. Si alguien vive en un estado tóxico, no tiene que lanzarse a la búsqueda de la fuente de toxicidad, pues estrictamente hablando, tal fuente no existe, sino que es mejor lanzarse a mejorar sus relaciones interpersonales. La toxicidad es normalmente una situación coyuntural, una descripción de una forma de convivir, pero generalmente no existe “lo tóxico”.
2ª) Aprender de nuestras emociones para actuar mejor
Si vivimos una situación emocional como incómoda no debemos pensar en qué habilidad emocional tenemos que desplegar para protegernos, porque además no hay “enemigo” del que protegerse. Las emociones son la puerta para acceder a la complejidad de cada uno, al tratar de regularlas estaríamos impidiendo acceder a nuestra realidad. Como dice JV Orón los sentimientos son información, y además son una información que genera “tendencias”. Un mismo sentimiento puede hacernos actuar de manera distinta, la misma disposición interior puede ser expresada de diferente forma, podemos por ejemplo, frustrarnos ante el comportamiento poco cumplidor de un paciente, pero este sentimiento de frustración no nos generará la misma tendencia si pensamos o conocemos que esa falta de cumplimiento se debe a que el paciente no lo ha hecho por causas concretas más allá de sus capacidades, o a una falta de confianza en nosotros; podemos discutir en el centro de salud con un colega y enfadarnos por su comportamiento pero al final podemos salir de la discusión pensando que el compañero es un idiota o que el idiota somos nosotros. En ambos casos se demuestra que no podemos achacar nuestras acciones a nuestra realidad sentimental (aunque tampoco podemos explicarlas sin esta realidad).
Conclusiones
La realidad del mundo que vivimos queda significada en función de cómo la insertamos en las relaciones personales que cada uno vive. Nuestras “reacciones emocionales” son expresiones de nuestra complejidad concreta en un momento y circunstancias dados y representan cristalizaciones de nuestras experiencias de significado pasadas expresando así no solo nuestra historia sino también nuestra disposición que se actualiza en cada nueva situación. Son la forma como vivimos las cosas en los encuentros de nuestra vida. De esta manera los sentimientos son una fuente de información sobre nosotros mismos que además genera “tendencias” de actuación que, en la medida en la que seamos conscientes de ellos, podemos modular en beneficio de nuestra relación con los otros para mejorarla y mejorarnos. Esta perspectiva matiza los conceptos de “paciente difícil” o “compañero tóxico” añadiendo otra perspectiva y enfatiza alternativas para mejorar cualquier tipo de relación, también la clínica y la educativa.
Referencias Generales
Orón Semper JV. Conoce lo que sientes. Vocabulario emocional. Ediciones UptoYou, 2020
Vigotsky L. Teoría de las emociones. Estudio históricopsicológico (Universitaria nº 230). Madrid: Ediciones Akal, 2004







