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Estudiantes y COVID.


Augusto Blanco. Médico de Familia (Madrid)

Resumen: El estudiante de medicina en prácticas, el auténtico estudiante, es el que disfruta la práctica clínica; sus primeros contactos con los pacientes son sus primeras vivencias de satisfacción profesional, intensas, las que todos hemos vivido. Ahora como clínicos sobrecargados, los estudiantes no sólo nos ayudan a soportar estoicamente esa sobrecarga que produce su presencia en la consulta, esa “bendita sobrecarga”, sino que nos emociona el verles (en realidad el vernos a nosotros mismos hace años) excitarse al reconocer en la expresión de un enfermo que les reconoce como médicos el cumplimiento de sus (nuestros) sueño de ser médico. En esta narrativa cínica, su autor nos muestra estas experiencias y emociones a la vez que repasa el rol del estudiante, el que está teniendo y el que pudo ser y no fue, en esta pandemia.

Medical Students and COVID

Summary: The medical student in practice, the true student, is the one who enjoys clinical practice; his/her first contacts with patients are his/her first experiences of intense professional satisfaction, which we have all experienced. Now as overloaded clinicians, students not only help us stoically bear that overload that their presence in the office produces, that "blessed overload," but we are thrilled to see them (actually seeing ourselves years ago) get excited by recognizing in the expression of a patient who recognizes as doctors the fulfillment of their (our) dream of being a doctor. In this clinical narrative, its author shows us these experiences and emotions while reviewing the role of the student, the one he is having and the one that could be and was not, in this pandemic.

¿Quién tomó la decisión de mandarlos a casa? Seguro que no era sanitario ni sabía de qué iba esto. No solo hubiera sido un aprendizaje intenso, potente, único y me temo que necesario, visto como vienen los augurios, es que hubieran venido de cine. Vayamos por partes. No hablo de los otros, ingenieros, abogados bachilleres... hablo solo de los nuestros: médicos, enfermeras, si me apuráis TCAEs 1, fisioterapia incluso algunos psicólogos clínicos de PIR o másters clínicos... probablemente no pudiera ser obligatorio, aunque en Medicina y Enfermería no veo motivos para liberarlos de una carga que llegó para todos y asoló la sociedad para la que se estaban formando servir. Mi reflexión no entra en los vericuetos legales, estoy seguro que con las condiciones del estado de alarma todo era posible, ¿no pudimos, algunos contratar premires 2 o médicos sin estudios de especialidad homologados? 3

Solo los premires y los estudiantes de sexto hubieran podido desahogar teléfonos, agilizar filtros, aspectos burocráticos... liberando médicos y enfermeras para las atenciones más complejas. Amén de vivir en primera línea el desarrollo de una enfermedad nueva que amenazaba el sistema sanitario con su colapso y a la misma sociedad. Las estudiantes de enfermería hubieran podido ayudar y aprender con sus tutoras y agilizar, supervisadas, múltiples tareas necesarias, pero de complejidad asumible por una estudiante supervisada.

Cuando la colza y sus muertos abrían, como ahora, los telediarios con el número de fallecidos a nadie se le ocurrió mandarnos a casa, no recuerdo que ninguno de mis compañeros dejara de asistir a sus rotatorios o a la urgencia. Verdad es que en mi hospital se dedujo, relativamente pronto, que no podía ser una neumonía atípica, infecciosa que embozaba a todo el mundo y, casi, agotó las existencias de eritromicina. El jefe de servicio de Dermatología convocó una sesión clínica plenaria, con la presencia de todos los superjefes en pleno, incluidos los de Medicina Interna.

El antiguo Hospital Provincial hoy renombrado, para bien, Gregorio Marañón se nutría de las mejores cabezas de la Medicina, una vez superadas las herencias inevitables. El profesor Jaqueti expuso los conocimientos que se iban juntando y comenzó a analizar el proceso, descartando cualquier posibilidad de infecciosa, él concluyó que tenía que ser algún alimento de mercadillo, no controlado por sanidad, y especulaba con rosquillas o productos semejantes... resultó ser el aceite de colza desnaturalizado. Todo el auditorio, grandes popes incluidos, acabó en pie, sonrientes, aplaudiendo como si de un cantante de ópera se tratara).

Al menos la Universidad ha rectificado, han tardado, pero lo han hecho. Si en septiembre siguieron sin venir, en octubre volvieron. No solo se desenvuelven en el conocimiento de la COVID, comienzan a experimentar algo que ha llegado para quedarse como es la consulta telefónica, con todos los recovecos del paralenguaje, ellos pillaran, casi seguro, la videoconferencia en un futuro no tan lejano. Las PCR no tienen secretos y se beben los protocolos con el entusiasmo del neófito, los test antigénicos han llegado con ellos y no se dejan amilanar por técnica nueva, sea sencilla o compleja que resulte.

La rotación por primaria suele ser bien llevada, son raros los que no la disfrutan, no tengo duda que anecdóticamente es la mejor, en ninguna otra está garantizado que les den los buenos días o las buenas tardes al llegar o al irse.

Los estudiantes son esponjas, para lo bueno y para lo malo. Son estímulo intelectual. Nos hacen mejores, nos recuerdan quienes somos, pero sobre todo quienes fuimos y porqué vinimos a la Profesión. Verdad es que dan trabajo, como otras tantas cosas que hacemos: burocracias y burocracias; secretarios y  secretarías de especialidades y especialistas hospitalarios; cliqueos múltiples, inverosímiles y de los otros, para jefes y oficiales; papeles a voluntad de los más curiosos pedigüeños: bancos, compañías eléctricas, colegios, ayuntamientos, guardia civil, ahora, incluso, nos piden, con más insistencia que nunca, garantizar imposibles: “que me dicen mi jefe...” “¿me puede garantizar que no tengo o voy a tener covid?”...

Ahora, está muy de moda, el certificado contra mascarilla. Cuando empezaba mi andadura profesional un fulano, al que el trabajo le exigía casco y al que el morapio le volvía olvidadizo me pidió un certificado donde pusiera que le sentaba mal la protección, que le daba dolor de cabeza... aquello era excepción, ahora es frecuente. Decía, que me expando como el aceite, que dan curro, pero ¡tan satisfactorio!

Verlos desenvolverse desde el trastabille inicial, al control titubeante al principio, que va ganando confianza, según se sienten cómodos en el trato, me entusiasma. La teoría se la saben, la traen de casa, los libros se los han bebido y han chapado los apuntes para un sinfín de exámenes, pero verse aplicando lo aprendido les da una sensación de poderío, como el que sentíamos nosotros cuando tocábamos un aneurisma, escuchábamos un soplo o hilábamos un diagnóstico diferencial correctamente. Somos nosotros con un puñado de años menos. ¿No nos sentíamos más próximos al objetivo? Nada nos acerca tanto a lo soñado como la expresión de un enfermo que nos reconoce como médicos, ningún sobresaliente, ninguna nota, por excelente que sea, nos da el punto de placer profesional que nos proporciona la mirada del enfermo. Me encanta verlos crecer.

El otro día, tras el bloque masivo de teléfono llegaron los presenciales. Tenía citada una esquizofrénica, siempre de trato difícil, pero descompensada dificilísima y los confinamientos y la situación de la pandemia los han descolocado de un modo manifiesto a todos. Lidié como pude, la faena que se me presentaba, con mi mejor arte sorteé los obstáculos que uno detrás de otro me presentaba. No fue una gran intervención, pero sobreviví. La alumna mostró su entusiasmo ante la entrevista, haciendo mención que era como recordaba que se le explicaba en clase de IPC 4. No le di valor al comentario, yo era uno de los padres de IPC y daba esas clases. Cuando al final del día revisamos lo visto y aprendido insistió en la paciente. No recordaba que yo era el que decía esas cosas. Me emocionó, me estaba llamando coherente, a la cara y con todas las letras, ¿hay algo más bonito que el reconocimiento del aprendiz?

Me cuentan que cuando cuento la anécdota, me brillan los ojos. Me siento orgulloso de ser profesor, de colaborar en la formación y enseñanza de la Medicina. De golpe, algo tan sabido como la inversión en tiempo y esfuerzo, de tantas tardes, noches, fines de semana, en la preparación de las clases, de las prácticas, de los seminarios... cobra sentido. Lo sabía, pero no está de más que te lo recuerden.


1- TCAE: técnicos en cuidados auxiliares de enfermería.
2- Premires: médicos en espera de plaza, tras haberse examinado del examen MIR (médicos internos residentes).
3- En España en la Sanidad Pública no se puede trabajar sin ser especialista reconocido, ya sea vía MIR o en cualquier variante reconocida oficialmente.
4- IPC: Introducción a la Práctica Clínica

Post date: 2021-02-01 09:16:54
Post date GMT: 2021-02-01 08:16:54

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