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El ejercicio de la medicina y la óptica orteguiana



Pedro Gargantilla. Profesor Universidad Francisco de Vitoria

Resumen: Una ciencia es universal, los químicos y los físicos enseñan los mismos hechos y teorías en todas partes, los átomos y las moléculas se describen en todos los países del mundo. Ahora bien, ¿el tratamiento de una infección urinaria es universal? ¿Las indicaciones de una cesárea son iguales en todos los países? ¿La medicina es una ciencia?

The practice of medicine and the Ortega perspective

Abstract: A science is universal, chemists and physicists teach the same facts and theories everywhere, atoms and molecules are described in every country in the world. Now, is the treatment of a urinary infection universal? Are the indications for a caesarean the same in all countries? Is medicine a science?

La epistemología es la rama de la filosofía que se ocupa del origen, estructura, métodos y validez del conocimiento científico y, como metaciencia, es una herramienta adecuada para la elaboración de cuestiones que nos ayuden a mejorar en este escenario. Decía Laín Entralgo que la medicina es un arte –tékhne iatriké- cuando quien la practica sabe qué hacer y por qué hace lo que hace. En este sentido el galeno se convierte en un artista en un doble sentido de la palabra, por una parte posee el conocimiento teórico para diferenciar la salud de la enfermedad y, por otro, tiene el conocimiento práctico para acabar con ese sufrimiento.

Además de la medicina, que podríamos denominar, académica, el ejercicio clínico se fundamente en la experiencia. Durante siglos la medicina gravitó sobre el “ojo clínico”. Es muy conocida la anécdota del doctor Joseph Bell (1837-1911) –profesor de la escuela de medicina de Edimburgo- que interrogando a un paciente por vez primera fue capaz de deducir el camino que había tomado hasta su consulta, el lugar en el que trabajaba y, además, conjeturó que había dejado un hijo menor al cuidado de un tercero.

Ante la atónita mirada de los estudiantes, y cuando el paciente hubo abandonado la consulta, explicó que la arcilla rojiza de la suela de los zapatos únicamente estaba presente en cierta localidad vecina, que el abrigo que acarreaba era de una talla menor que la del chico que le acompañaba, lo cual le había hecho sospechar que tenía un hijo menor que habría dejado al cuidado de algún amigo o familiar, y que en los dedos tenía una dermatitis, lo cual significaba el desempeño de cierto trabajo.

Y es que, durante siglos, el buen “diagnosticador” fue un exquisito oyente. Ya lo dijo mucho tiempo después Gregorio Marañón, el mejor invento médico de toda la Historia de la Medicina ha sido la silla, la que permite sentarse al médico junto al paciente y escucharle.

La medicina clínica –del griego kliné, cama- se fundamenta en el trato directo con el paciente y se fundamenta en un saber práctico que se perfecciona con la experiencia y en donde son necesarias ciertas aptitudes, manualidad y habilidades técnicas.

Oído, olfato, gusto, vista y tacto se convirtieron en los grandes aliados de la anamnesis. En el siglo V a.c., Hipócrates recomendaba la “sucusión” –del latín succutere, arrojar desde abajo- que consistía básicamente en sentarse junto al paciente, tomarlo por los hombros, sacudirlo violentamente e inmediatamente aplicar el oído al tórax para escuchar un posible “chapoteo” que traducía la presencia de líquido en la cavidad torácica. Una situación que cambió, afortunadamente, en el siglo diecinueve con la aparición del primer fonendoscopio. Gracias a René-Théophile Laënnec (1871-1826) los médicos pudieron escuchar los ruidos cardiacos, distinguir soplos, extratonos, chasquidos de apertura…

Los tratados médicos decimonónicos se recrearon en todo tipo de detalles relacionados con el olfato. En ellos se advierte al médico que olfatee el aliento de los diabéticos, ya que un mal control provoca un olor similar al de las manzanas demasiado maduras; el de los niños con gusanos intestinales –Ascaris- el de los intoxicados por arsénico recuerda al ajo; el aliento de los escrofulosos despide un olor similar a la cerveza rancia…

El médico estaba obligado a inspeccionar bacinillas, olfatear inmundicias y detenerse ante todo tipo de pestilencias. Fue precisamente por este motivo por el que Petrarca –allá por siglo catorce- comparó al médico con una abubilla. En sus “Incentivas contra un médico” decía que los galenos buscan gusanos en los basureros y en lugares llenos de inmundicias.

En cuanto al gusto, tan sólo una pincelada. En 1622 al doctor Thomas Willis, uno de los fundadores de la Royal Society, se le ocurrió sumergir sus dedos en la orina de un enfermo con diabetes y aventurarse a probar su sabor. Fue el inicio de una moda, afortunadamente caduca, en la cual el diagnóstico de esa enfermedad se fundamentaba en la actividad de las papilas gustativas.

Pero, ¿todo esto es suficiente? ¿Podemos considerar que todas estas prácticas son científicas? ¿A la medicina clínica puede sumarse el adjetivo de “científica”? Los médicos han sido considerados como verdaderos sabios durante siglos. El filósofo Aristóteles en “Ética a Nicómaco” se refería a sophia –sabiduría- como el saber pleno que sólo corresponde a Dios. Consideraba que en la tierra nadie es sabio, lo único que se puede hacer es buscar la sabiduría e imitar a la divinidad. 

Con el devenir de los siglos la medicina se ha ido nutriendo de otras disciplinas, como la física, o la química para desarrollarse y llegar hasta las cuotas actuales de conocimiento. 

En el año 1930 Ortega y Gasset, un estudioso de la ciencia, señaló abiertamente que la medicina no podía ser considerada en modo alguno una ciencia. Para este filósofo la medicina era “simplemente” una actividad práctica, una profesión. 

Sobre esta línea ahondaba el doctor Richard Smith en una editorial publicada en BMJ hace unos años. Para él los médicos hojean revistas, leen artículos que les interesan pero, al no disponer de las suficientes habilidades necesarias, no valoran las lecturas de una forma crítica. Además, considera que el ejercicio de la medicina no es universal, no en todos los lugares del mundo las prescripciones son iguales ni las indicaciones quirúrgicas. Mientras que la ciencia es por sí misma universal. El debate está abierto…

Bibliografía.

Smith R. Doctors are not scientists. BMJ 2004;328:0-h. Doi: https://doi.org/10.1136/bmj.328.7454.0-h 

 

 


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