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Trilogía De La Frontera. Autor: Cormac McCarthy




Comentario de Roger Ruiz Moral 

 

La novela “ciudades de la llanura” es la última de una trilogía denominada “En la frontera” y que consta además de “Todos los hermosos caballos” y “En la frontera”. Resulta difícil hacer un comentario aislado de una de ellas solo, pues su conjunto guarda una gran coherencia. Creo que la mejor manera de definir a esta trilogía es calificándola de auténtica epopeya moderna. En ella se describe la aventura de unos hombres en una tierra sumamente salvaje y hostil como la de  los territorios de lo que hoy es Nuevo México, Cohauila, Chihuahua, Sonora, Arizona o Texas hace más de cincuenta años. Los americanos tienen abundantes escenarios para desarrollar épicas aún no del todo explotadas, el western es quizás el primero en venírsenos a la cabeza, pero su guerra civil sin duda es otro, los estragos de la gran depresión y más recientemente la II Gran Guerra también. A nosotros nos quedan menos, aunque hay uno con gran fuerza: me refiero a nuestra la guerra civil desde luego. Cuando nos quedamos sin estos escenarios la cultura languidece y el proyecto común que representa una nación se viene abajo. Son el caldo de cultivo de donde surgen los grandes personajes de su arte y civilización. El misterioso Cormac McCarthy es uno de estos personajes y su trilogía un buen exponente de esta épica moderna.

Habría que añadir un cuarto título, probablemente su cumbre creativa: el brutal “Meridiano de sangre” en la que relata la expedición del capitán Glanton para exterminar indios. Es esta para muchos una obra demasiado violenta, pero si consigues aceptarla como una violencia verosímil, es decir no ficticia ni forzada sino real, su lectura deparará sorpresas inolvidables, para mi las descripciones de los parajes naturales son sencillamente arrebatadoras: “…cruzaron un prado alfombrado de flores silvestres, acres de dorada hierba cana y de zinia y de genciana púrpura y enredaderas silvestres de campanilla azul y una extensa llanura de variados capullos que se extendía como un estampado de zaraza hasta las prietas cornisas periféricas azules de calina y las diamantinas sierras surgiendo de la nada como lomos de bestias marinas en una aurora devoniana”. Sus personajes han pasado el umbral de la novela para convertirse casi en seres de leyenda: el capitán y el chico pero sobre todo la figura de juez Holden, para muchos el arquetipo de la encarnación del mal. La imagen de este personaje tocando el violín a la luz de la luna en un montículo es sobrecogedora. Sin embargo centrándonos en La Trilogía, esta describe los avatares de la vida de unos jóvenes de alrededor de 15 años (John Grady y Billy Parham) en esas tierras salvajes e inhóspitas. Desde un punto de vista formal representa un escenario muy familiar en la literatura occidental: por una parte, el mundo en su desnuda crueldad caracterizada no solo por la “justicia natural” (o por decirlo más técnicamente una justicia que sigue las leyes naturales de la “adaptación”) sino por la justicia que surge cuando el hombre trata de sobrevivir en ese mundo, embruteciéndose en la medida en la que logra desenvolverse en él (justificando así el  darvinismo social o a la ética de la antivirtud). Se reafirma esa brutalidad como único modo de ser. Y surge el enfrentamiento entre ese mundo y lo que podría llamarse una alternativa antinatural o si se quiere, cultural o ética, caracterizada por la fuerza que representan los ideales. Unos ideales a los que sin embargo cuesta trabajo desligarlos del flujo natural en la medida en la que, de alguna forma, los humanos parecen estar también prisioneros de ellos. ¿Trágico verdad?...así es McCarthy. Pero seré menos críptico, los ideales los representan esos jóvenes vaqueros en el salvaje oeste de la frontera entre Estados Unidos y México en una época que podría estar sobre todo alrededor de los años 40 y 50, del siglo pasado. Realmente planteando esto así uno puede pensar que McCarthy es un nuevo Homero, Shakespeare o Cervantes…tal vez no tanto, pero aunque con escenarios diferentes, me recuerda al “Submundo” de Don de Lillo o al Faulkner de “Mientras agonizo” o al Bellow de “Herzog”, por citar solo a sus compatriotas. Creo que McCarthy se ha convertido en uno de los escritores actuales imprescidibles para asomarnos y entender el drama del hombre moderno.

Pero no es solo la mística, es también la literatura, disfrutar de la profundidad de su simbolismo, de su poderosa prosa que, aunque muy peculiar en la manera de tratar los diálogos, estos generalmente los plantea como un torrente imparable de naturalidad, muy al estilo de Hemingway pero más caótico por su manía de evitar signos gramaticales que en muchas ocasiones hace que el lector pierda la pista. Las descripciones a veces muy puntillosas y detallistas con un vocabulario extraordinariamente rico que nos obliga a acudir al diccionario cuando se trata de contextos tan poco habituales para nosotros como las labores de los ranchos y del ganado caballar. Pero con mucha frecuencia nos sorprende con pasajes de gran lirismo regalándonos una fantasía propia de García Márquez que contrasta a la vez con un realismo desnudo en la línea del de nuestros autores de postguerra. Por todo esto el lector debería afrontar esta trilogía de más de mil páginas y no quedarse solo con las brevísimas pinceladas que, dada la gran carga mediática que han tenido, representan “No es pais para viejos” o más recientemente “La Carretera”. Aunque desde luego lo puede hacer con calma ya que cada pieza es independiente, es decir conforma una unidad por si misma. Mientras que “Todos los hermosos caballos” podría representar el compendio de la trilogía, su característica principal es la de presentarnos la fuerza de una juventud aventurera, arriesgada, seguro que inconsciente y obstinada y desde luego incansable. Representada por Grady, Rawlins y Blevins tres chicos con unos ideales feroces y desgraciadamente hasta casi anacrónicos para sus coetáneos generacionales de nuestro mundo civilizado. Pero esta primera entrega se materializa sobre todo en el amor juvenil de Grady y en la tragedia que representa la muerte triste y temprana de Blevins. “En la frontera” McCarthy nos sitúa en un espacio de tiempo anterior incluso aunque el tema es recurrente, podríamos decir que es una variación de esa aventura vital de sus protagonistas contra una desalmada realidad. Una gran parte de este volumen está dedicado a la persecución de una loba herida que representa una metáfora de la vida de sus protagonistas y cuya descripción en más de cien páginas es de una desgarradora belleza lírica. Finalmente en “Ciudades de la Llanura” todo parece más suave, o quizás es que resulta más familiar al lector moderno, la otra amenaza, la que representa la modernidad, el progreso industrial y civilizado va destruyendo formas de vida tradicionales, en este caso las necesidades del ejército amenazan a un rancho tradicional donde trabajan posprotagonistas Grady y Billy. Pero para mi su fuerza descansa en la forma en la que McCarthy retratar el amor imposible del primero con una chica mejicana que además es puta (otro tema familiar y recurrente). La tragedia como no podía ser de otra manera se construye y resuelve de una forma muy actual: a través de la violencia machista que tal y como la describe y presenta el autor nos ayuda no solo a acercarnos a este fenómeno universal y ahora muy actual en nuestras sociedades sino también a imaginarnos que es lo que puede haber pasado en sitios como Ciudad Juárez.

 

 


Post date: 2011-01-01 07:40:18
Post date GMT: 2011-01-01 07:40:18
Post modified date: 2015-01-07 15:12:08
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