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La mentira de la sanidad italiana durante la pandemia COVID-19



Roberta Zanzonico es psiquiatra.

Resumen: El artículo ofrece una visión crítica de la sanidad italiana, contribuyendo con ello a explicar el impacto que el coronavirus ha tenido en ese país. Una situación de inquietante similitud con la española: ambos paises con supuestas “mejor sanidad del mundo” y ambos con similares y nefastos impactos de la pandemia. 

The lie of Italian Health System during COVID-19 pandemic

Summary: The article offers a critical vision of Italian health, thereby helping to explain the impact that the coronavirus has had in this country. A disturbing similarity with the Spanish situation: both countries with supposed “best health in the world” and both with similar and dire impacts of the pandemic

He estado leyendo sobre "el sistema de salud italiano, uno de los mejores del mundo", pero no pudo seguir el ritmo del coronavirus, la COVID-19. Permítanme ser honesta e impopular: el sistema de salud italiano está podrido y la pandemia de coronavirus se lo ha revelado al mundo. Soy un médica italiana con sede en Los Ángeles. Tenía 25 años cuando, asqueada de un sistema sanitario dominado por la corrupción y la ineptitud, decidí irme. Un liderazgo deficiente y recursos escasos han producido un sistema sanitario que está sobrecargado y es obsoleto en el mejor de los casos. Mis amigos y colegas americanos me preguntan por qué la mortalidad asociada con COVID-19 es tan alta en Italia. Es cierto que la población italiana de edad avanzada es enorme y representan la mayoría de los fallecidos, pero creo que este sobrevalorado (al menos en américa, pues no lo creo así en otros países europeos) sistema sanitario desempeña un papel clave en esa indignante tasa de mortalidad

Italia es una nación corrupta, y esto hoy día ya no sorprende a nadie desde luego. La corrupción es dinero que se asigna al sistema sanitario, pero se queda en los bolsillos de los políticos, lo que se traduce directamente en una falta de recursos para los hospitales italianos. La corrupción son los ineptos líderes políticos, a veces sin educación, incapaces de asignar recursos, aunque estuviesen dispuestos a hacerlo. Los proveedores se ven obligados a trabajar con equipos y personal insuficientes, esforzándose por salvar vidas en un entorno inadecuado. Los hospitales luchan por encontrar médicos y enfermeras dispuestos a trabajar bajo tanta presión sin recursos para hacer su trabajo. Aquellos que deciden trabajar en la salas de urgencias lo hacen comprometiéndose con una vida de trabajo excesivo, salarios bajos y sin protección en caso de una mala práctica inevitable. Lo mismo se aplica a los médicos que están en cuidados intensivos. La corrupción es un sistema de atención sanitaria dominado por líderes médicos colocados a dedo en sus cargos por políticos o "amigos". Los jefes de los departamentos médicos a menudo son asignados no por sus logros o conocimientos, sino por las personas "a quién conocen".

A veces, estos líderes son buenos médicos; Sin embargo, a menudo, no lo son. Estos han sido los líderes encargados de tomar decisiones críticas durante una pandemia. Estos son los líderes que deberían "educar" y formar a la próxima generación de residentes. Los médicos jóvenes tienen pocas opciones: pueden imitar a sus educadores o emigrar. En los últimos años, muchos médicos jóvenes como yo optamos por esta última opción, apostando por seguir el camino difícil de una carrera en el extranjero en lugar de comprometernos con un sistema mediocre. De hecho, dejando la atención sanitaria italiana ya estaba quebrada con pocos proveedores. Los políticos que ahora alaban el trabajo de tantos médicos por su excesivo trabajo en la pandemia son los mismos políticos que han ignorado las necesidades de la clase médica. Después de invertir dinero público en impuestos para capacitar a la próxima generación de médicos (la escuela de medicina es principalmente gratuita en Italia), fueron testigos pasivos del éxodo de estos italianos a países más meritocráticos y menos corruptos.

Esta dinámica de corrupción e incompetencia del sistema italiano se traduce en mala atención sanitaria y malos resultados. Tengo experiencia en esto tanto del lado del proveedor como del lado del paciente. Hace solo un año, mi abuela de 88 años fue diagnosticada con neumonía en las urgencias de uno de los hospitales académicos más prestigiosos de Roma. La dejaron en una camilla durante una semana. No fue una sorpresa cuando, después de unos días, comenzó a desarrollar úlceras de decúbito. El personal de la sala de urgencias es insuficiente y está sobrecargado de trabajo, por lo que nadie puede pudo asegurarse de que fuese cuidada, incluso alimentada. Debido al hambre que pasó, terminó con una pancreatitis. Un día, mi madre me llamó desde las urgencias, todavía esperando noticias sobre una cama, y ​​me contó que un joven paranoico que trajeron a urgencias al que nadie atendió durante horas, finalmente se arrojó por la ventana, rompiéndose algunos huesos pero aún vivo. Como psiquiatra, estoy seguro de que si algo así hubiera ocurrido en los Estados Unidos, ese mismo centro ya no tendría una sala de urgencias abierta.

La incapcidad del sistema italiano es aceptada como algo normal en un país donde a los ciudadanos se les engaña cada día a base de repetir machaconamente que esta sanidad es, de hecho, lo mejor de lo mejor. Muchos suponen que es lo mejor porque es gratis, y ¿qué es mejor que morir gratis? El octavo día en la sala de urgencias, transfirieron a mi abuela a una planta. Una vez allí, mi familia finalmente pudo ayudarla y asegurarse de que pudiera comer y recuperarse. La asistencia sanitaria italiana depende de las familias para llenar el vacío dejado por la falta de recursos. La pandemia de COVID-19 separa a las familias de sus familiares enfermos, evitando exactamente que funcione esa  única potencialidad del sistema italiano. Una vez hospitalizado, es común tener pacientes con un catéter en la vejiga, no por indicación médica, sino porque no hay suficiente personal para ayudarles a todos a ir al baño. Esta práctica común favorece las enfermedades, y mi abuela, como muchas otras, terminó con una infección del tracto urinario debido al catéter. Mi abuela tuvo que sobrevivir no solo a la neumonía por la que inicialmente se presentó en la sala de urgencias, sino también a la pancreatitis, las úlceras de decúbito y una infección del tracto urinario causadas por esta "excelente" atención sanitaria.

La última hospitalización de mi abuela fue emblemática de un sistema que es elogiado internacionalmente en base a la propaganda más que por los hechos. La excelencia médica en Italia existe, como lo demuestran décadas de trabajo académico relevante en las universidades más prestigiosas. Sin embargo, es irregular, dejando a la mayor parte del país en una condición precaria. Italia necesitaba una pandemia para desvelar la realidad de un sistema nacional de salud colapsado. La COVID-19 no perdona a nadie, ni siquiera a los políticos corruptos, y esto debería ser un toque de atención para el gobierno italiano. Los médicos italianos están luchando en la primera línea de esta pandemia sin equipos de protección, en un esfuerzo desesperado por ser suficientes donde el gobierno les ha fallado. Nadie está realmente listo para la COVID-19. Los mejores sistemas de atención médica se verán afectados y posiblemente fallarán a los que más los necesitan, sin embargo, la experiencia italiana no se debe tomar como modelo de atención sanitaria del primer mundo.

 

 


Post date: 2020-04-20 10:15:00
Post date GMT: 2020-04-20 08:15:00
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