La discriminación por sexo en la práctica y profesión médicas.

Resumen: Este artículo revisa algunas evidencias procedentes de estudios de investigación relevantes y actuales sobre el problema de la existencia de discriminación por sexo en la profesión médica. Los datos y los testimonios revelan que hoy dia existe de forma discriminada y a un nivel alto una discriminación de la mujer médica. Las instituciones de los médicos (sociedades científicas, colegios médicos) como educativas (universidades, facultades de medicina), deberían sensibilizarse frente a este problema y abordarlo, de entrada mediante acciones concretas que denuncien el estado del problema e implementen medidas concretas para luchar contra esta situación.

Discrimination based on sex in medical practice and profession

Summary: This article reviews some evidences from relevant and current research studies on the problem of the existence of discrimination based on sex in the medical profession. The data and the testimonies reveal that discrimination against women doctors exists in a discriminated manner and at a high level. The institutions of doctors (scientific societies, medical colleges) as educatives (medical schools and universities), should be sensitized to this problem and address it, initially through concrete actions that denounce the state of the problem and implement concrete measures against this situation.

¿Existe discriminación por sexo en la práctica y profesión médica? 
La respuesta es claramente, SI. 

Parece paradójico ya que la medicina es la profesión donde la incorporación de mujeres en los últimos decenios ha sido mayor en nuestro país y en el resto de los países de nuestro entorno, hasta el punto de que este sexo resulta el dominante en muchas especialidades, en algunos casos con gran diferencia (especialmente especialidades clínicas como medicina de familia, medicina interna y médico-quirúrgicas: ginecología sobre todo) y sigue subiendo. Sin embargo la discriminación existe y en muchos caso no se trata de una discriminación sutil sino abierta. Resulta asombroso, pero los hechos así lo demuestran. 

En este artículo voy a traer algunos testimonios, estudios y hechos que a mi juicio claramente nos indican que los médicos debemos “ponernos las pilas” y luchar porque nuestras colegas “gocen” del mismo estatus y reconocimento que los varones (cualquiera que sea este status y este reconocimiento, es decir para bien o para mal). Deberíamos dejar de escudarnos en tomar el hecho de que hoy dia efectivamente la medicina es una profesión “feminizada”, como coartada para significar una supuesta “igualdad” profesional entre médicos y médicas, pues esto solo muestra la contradicción aún precisamente más flagrante por este mismo hecho: a pesar de que hoy dia las médicas mujeres son mayoría, estas siguen siendo minusvaloradas frente a los médicos varones.

No pretendo con eso “entrar al trapo”, y alinearme en el bando, de lo hoy es (patéticamente) políticamente correcto (en especial en nuestra mediocre clase dirigente, que alcanza en este terreno el esperpento, para vergüenza de las propias afectadas en muchos casos), es decir del demencial ultrafeminismo. En realidad pienso que éste feminismo extremo (y hoy dia “oficial”) hace un flaco favor a la reivindicación de un reconocimiento justo a la femineidad, en cualquiera de los campos que se aborden. No voy a discutir aquí tampoco, el espinoso tema de si las mujeres o los hombres deberían de focalizarse en determinados trabajos y evitar otros por “cuestiones de sexo”. Lo que pretendo en este y en en el segundo artículo que publicamos en este número de Doctutor, es simplemente hacer constar la existencia de unas realidades que en muchos casos (entre ellos el que aquí nos ocupa) suponen una discriminación y una situación de inferioridad, una falta de reconocimiento y sobre todo una injusticia, con la que es necesario acabar y en la que los médicos varones y nuestras instituciones tienen una responsabilidad clara que no pueden obviar por más tiempo (¡Señores de la OMC tomen ya nota de na vez por todas y manifiestensé abiertamente e introduzcan las medidas para paliar esta situación!).

Para empezar, no es ningún secreto que la capacitación de los médicos es extenuante: largas jornadas, pocas horas de descanso, jerarquías rígidas y curvas de aprendizaje pronunciadas. Por eso es un hecho muy desafortunado —aunque no sorprendente— que casi un tercio de los residentes experimenten síntomas de depresión y más del 10 por ciento de los estudiantes de medicina digan que han tenido pensamientos suicidas. Pues resulta que esta situación es peor en las mujeres que en los hombres. Un estudio publicado en la revista JAMA así lo sugiere. Constance Guille y sus colegas (2017) analizaron la salud mental de más de 3100 médicos que iniciaban sus residencias en 44 hospitales en Estados Unidos. Antes de iniciarla, hombres y mujeres presentaban niveles similares de síntomas depresivos. Al cabo de seis meses de trabajo, ambos géneros experimentaron un aumento de los índices de depresión, pero el efecto era más pronunciado en las mujeres. La razón principal: el conflicto entre el trabajo y la familia, al que se le atribuía más de un tercio de la disparidad. A pesar del aumento en la cantidad de mujeres en el ámbito de la medicina, las médicas siguen llevando sobre sus hombros la carga de los deberes del hogar y la crianza de los hijos. Esta distribución desigual de la labor doméstica no se limita a la medicina, por supuesto, pero sus manifestaciones son especialmente agudas en una profesión con tantas exigencias a nivel físico y emocional con un proceso de aprendizaje, como decía, tan largo que deja poco espacio para el descanso. Decimos habitualmente que no puedes cuidar bien de tus pacientes si no puedes cuidar de ti mismo, pero una colega amiga me comentaba hace poco: “yo trato de cuidar a mis pacientes, de mi misma y a mis dos hijos, todo mientras trabajo sesenta horas a la semana”.

Existen más probabilidades de que las médicas restrinjan su actividad profesional para cumplir con sus responsabilidades en la casa. En el caso de médicos jóvenes docentes y que tienen hijos, las mujeres pasan (Jolly et al 2014) nueve horas más a la semana realizando actividades domésticas que sus colegas varones, y hay más probabilidades de que sean ellas quienes no asistan al trabajo cuando se pone malo alguno de sus hijos o cuando no hay clases. Los hogares en los que ambos cónyuges son médicos son muy ilustrativos: las médicas que tienen hijos trabajan once horas menos por semana (fuera de casa), en comparación con las mujeres que no tienen hijos (Ly et al, 2017). No hay distinción en las horas que trabajan los hombres y esta disparidad no ha cambiado en las últimas dos décadas. También hay más probabilidades de que las médicas se divorcien más que los médicos (Ly et al, 2015); trabajar más se asocia con mayores índices de divorcio en las mujeres, pero no en los hombres. 

Estos conflictos entre trabajo y familia son aún más notorios debido a lo intensa que es la formación médica, pero existen aún muchos prejuicios de género en los centros sanitarios, sutiles y evidentes, y presentes tanto en pacientes como en colegas, que pueden ser igual de perniciosos. Por ejemplo, para muchas médicas, lograr que alguien las llame “doctora” puede ser una lucha constante. “Llevo bata blanca y me presento como médica”, me comentaba una residenta neurocirujana. “Pero los pacientes siguen suponiendo que soy enfermera o auxiliar o farmacéutica. Si hay un hombre presente en la habitación, aunque se trate del estudiante y yo la médica, los pacientes contactan visualmente con él, le cuentan su historia y le hacen las preguntas a él”.

Y no solo los pacientes. Un estudio reciente (Files et al 2017) analizó cómo se presentan a los médicos participantes en las conferencias o congresos. Las moderadoras generalmente se referían al orador como “doctor”, sin importarle su género. Los moderadores de sexo masculino recurrían al título solo en dos tercios de las veces y era mucho más probable que utilizaran el término “doctor” para los hombres que para las mujeres. El título profesional de una mujer era mencionado en menos de la mitad de las ocasiones. “Recuerdo haber estado en una mesa toda de hombres y al moderador agradeciendo al doctor X, Y, Z y a Julia”, (un comentario de una médica) “Sucede siempre”.

El mundo de la cirugía merece una atención especial (dedicamos un segundo artículo en este número de Doctutor específicamente a ello). Baste adelantar aquí, algunos datos interesantes. Por ejemplo: Un estudio americano (Sarsons, 2017) puso de manifiesto que es mucho menos probable que los médicos manden a algún paciente a una cirujana si ésta ha tenido un fallecimiento entre sus pacientes, pero no si se trata de un cirujano hombre el que lo tuvo. Una experiencia negativa con una cirujana también lleva a que sea menos probable que los médicos establezcan relaciones de cooperación con otras cirujanas. Esto no pasaba con los cirujanos hombres (Sarsons, 2017). “Es evidente que el hecho de que los hombres y las mujeres reciban un trato distinto no es un resultado satisfactorio”, concluye Heather Sarsons, la autora de ese trabajo afirmando que “lo realmente preocupante son los efectos colaterales que afectan a otras mujeres”.

Todos los profesionales de la medicina sabemos que ésta es tanto arte como ciencia. La ciencia genera nuevos conocimientos y tratamientos. El arte nos ayuda a reconocer la humanidad del otro. Pero también abre un espacio para los prejuicios, conscientes e inconscientes, con los que tratamos a los pacientes y nos tratamos entre nosotros. Estos prejuicios determinan a quién se respeta, a quién se discrimina y se “quema” y a quién se asciende.

Como adelantaba más arriba con estas medidas no nos está yendo bien. Las médicas son el doble de propensas a cometer suicidio que la población en general (Schernhammer y Colditz, 2014). Sus ingresos son mucho menores que los de sus colegas varones. Tienen menos probabilidades de ser nombradas como profesoras a tiempo completo y ocupan tan solo sexta parte parte de los decanatos en universidades médicas y los puestos directivos de departamentos y facultades (Jena et al, 2016).

Conclusiones

En la profesión médica existe hoy dia una grave discriminación en función del sexo del profesional, afectando negativamente a las mujeres. Los médicos varones tienen la responsabilidad de afrontarlo y de contribuir a revertirlo. Las instituciones médicas (sociedades científicas, colegios médicos, Facultades de medicina) deberían liderar claras acciones en este sentido. La educación médica debe priorizar ambientes educativos de equidad con acciones concretas que deben precisarse explícitamente en los contenidos de los curricula. La profesión médica se juega mucho en este terreno que a su vez tiene repercusiones en la salud de los ciudadanos 

Referencias:

Files JA, Mayer AP, Ko MG, et al. (2017). Speaker Introductions at Internal Medicine Grand Rounds: Forms of Address Reveal Gender Bias. J Women Health, 26:5

Guille C, Frank E, Zhao Z, et al. (2017). Work-Family Conflict and the Sex Difference in Depression Among Training Physicians. JAMA Intern Med. 177(12):1766-1772.

Jena AB, Olenski AR, Blumenthal DM. (2016). Sex Differences in Physician Salary in US Public Medical Schools. JAMA Intern Med. 176(9):1294-1304

Jolly S, Griffith KA, De Castro R, Stewart A, Ubel P, Jagsi R. (2014). Gender Differences in Time Spent on Parenting and Domestic Responsibilities by High-Achieving Young Physician-Researchers. Ann Intern Med. 160:344-353.

Ly DP, Seabury SA, Jena AB. (2017). Hours Worked Among US Dual Physician Couples With Children, 2000 to 2015. JAMA Intern Med. 177(10):1524-1525. 

Ly DP, Seabury SA, Jena AB. (2015). Divorce among physicians and other healthcare professionals in the United States: analysis of census survey data. BMJ. 18:350-h706.

Sarsons H. Interpreting signals in the labor market. Evidence for medical referrals (2017). https://scholar.harvard.edu/files/sarsons/files/sarsons_jmp.pdf

Schernhammer ES, Colditz GA. (2004). Suicide Rates Among Physicians: A Quantitative and Gender Assessment (Meta-Analysis). Am J Psychiatry  161:2295–2302 



     

1 respuesta

  1. febrero 4, 2020

    […] “La discriminación por sexo en la práctica y profesión médicas”, hemos revisado de manera no sistemática algunas evidencias procedentes de estudios de […]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *