El Arte y el final de la vida.

Jose Ignacio Torres. Médico de Familia. Madrid

Resumen: El autor realiza un recorrido por las diferentes manifestaciones artísticas, eligiendo algunas de ellas para mostrar las enseñanzas que estas pueden ofrecer a un médico, estudiante o residente en uno de los aspectos más representativos y más olvidados de la práctica médica: la muerte.

The art and the end of life

Summary: The author takes a tour of the different artistic manifestations, choosing some of them to show the teachings that these can offer a doctor, student or resident in one of the most representative and forgotten aspects of medical practice: the death.

Los médicos necesitamos mirar y escuchar en cada encuentro clínico y muy especialmente ante un paciente terminal y su familia. En estas circunstancias prestar una atención no dividida, estar presente con todos nuestros sentidos es esencial para nuestra tarea. 

El arte, como manifestación inseparable de nuestro espíritu creador e inspiración del imprescindible lado humanista de la medicina debería ser una herramienta básica en la formación de los profesionales sanitarios.  La literatura, la poesía, la pintura, la música y el cine pueden ser elementos de aprendizaje excelentes tanto en el pregrado como en el postgrado. 
En un contexto de tecnología y del mundo audiovisual tanto para jóvenes como veteranos una excelente forma de aprender y reflexionar sobre el final de la vida es a través de la mirada del cine.

El arte como elemento de reflexión ante el final de la vida

El arte, la música, el cine y la literatura, además de los hechos y la información proporcionan una inmersión indirecta en las vidas de los demás, lo que nos aporta nuevos ojos y oídos. La muerte es inseparable de la vida, y por ello, la filosofía, la sociología, la poesía y la expresión artística en general se preguntan por el morir. Cada vida es un relato, una biografía llena de aristas y contradicciones. Hallar sentido en el relato de una vida es un acto de creación.

De la enfermedad terminal y la muerte surgen el drama del ser humano. Por ello, el arte es y debería ser una inagotable fuente de conocimiento y reflexión para los estudiantes de medicina y médicos en ejercicio.  

A través de algunas expresiones artísticas especialmente el cine podemos facilitar la comprensión y el aprendizaje de la muerte de los demás y de la nuestra y de la creación que como arte médico supone cada encuentro con el paciente en situación terminal.

Comprender la muerte con los ojos y sentimientos del pintor.

La finitud del ser humano se ha representado desde muy diversos puntos de vista a lo largo de la historia de la pintura de una forma natural, trágica, religiosa en su trascendencia en el más allá o las vanidades de la vida terrenal, violenta o filosófica. 

Quizás uno de los cuadros que mejor expresa el lugar de la muerte en nuestras vidas es Muerte y vida de Gustav Klimt en el que se confrontan las diversas etapas de la vida con la muerte. Esta obra constituye un verdadero análisis pictórico donde el autor consigue demostrar que vida y muerte, en apariencia antagónicas, son en realidad complementarias.

Muerte y vida. Gustav Klimt. 1862-1918

Si observamos detenidamente Ciencia y caridad cuadro de Picasso pintado en 1897 lo primero que atrae nuestra atención es la presencia. La presencia del médico sin artificios ni aparatos en la cabecera de una joven moribunda. Y el contacto físico de éste con la enferma. La muerte está próxima y es el acompañamiento y el cuidado lo preciso, lo necesario. 

Esta imagen parece de un anacronismo absoluto. Sin embargo, en las múltiples ocasiones en que he sido testigo de los últimos días y horas de mis pacientes, lo esencial no ha cambiado. La pintura, como el resto de las artes plásticas nos sirve de reflexión sobre el arte del médico, la humanidad de su tarea, la importancia de su presencia en la hora final. Como decía Rilke, estando presente en todo lugar, como la hora del atardecer. 

«Ciencia y caridad» (1897). Pablo Picasso

Comprender y sentir la muerte a través de la música.

La música nos acompaña en la travesía de nuestra vida empapando de notas, sonidos y emociones los momentos más significativos de cada ser humano. No hay vida sin la música. No hay muerte sin ella. El hombre ha creado música para cada ocasión. Hay música para bailar, para sentir, para llorar, para emocionarse, para reflexionar, para luchar y para morir.

Recuerdo a mi admirado Fernando Argenta leyendo en el programa Clásicos populares la carta de una viuda en la que relataba como había cumplido la voluntad de su esposo escuchando la romanza del concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse en el último instante de su vida. Y no se me quita de la memoria la necesidad imperiosa de escuchar una y otra vez el adagio para cuerdas de Barber después de la trágica muerte de mi compañera Isabel mientras pasaba consulta por una hemorragia cerebral.

Comprender y sentir la muerte a través de la literatura

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París – y no me corro –
tal vez un jueves, como es hoy de otoño.

César Vallejo

Coincido con Broyard en que no creo que haya ninguna razón por la cual los médicos no debieran leer un poco de poesía como parte de su formación. Morir o estar enfermo es en cierto modo poesía. 
La novela, el teatro, la ópera y la poesía aportan valiosos ejemplos para compartir con estudiantes, médicos residentes y profesionales aspectos relacionados con la enfermedad y el morir. Muerte individual y colectiva en las epidemias o en las guerras, en lecturas como La peste de A. Camus, Siempre en capilla de L. Forrellad, La montaña mágica de T. Mann o Guerra y paz de Tolstoi
Libros para hacer de la narración un aprendizaje personal y colectivo a través del análisis, no solo de la forma literaria, sino del fondo vital que nos transmite.

Comprender la muerte reflexionando y compartiendo aprendizaje con el cine.

Somos los directores de la película que estamos rodando, pero también somos su tema: cada fotograma, cada momento, somos nosotros, es nuestro. Podemos mejorar nuestra capacidad de comprensión de la muerte de nuestros pacientes a través del cine en aspectos como:

La exclusión social, la enfermedad y la muerte de un enfermo de SIDA en Philadelphia, película de J. Femme, cinta que invita a reflexionar aspectos como la enfermedad infecciosa, desconocida y mortal, el rechazo social, el amor y la aceptación, la familia y el final de la vida.

El miedo a la muerte en el relato de un funcionario japonés al que diagnostican un cáncer de estómago en Vivir de Akira Kurosawa con reflexiones sobre el sentido de la vida, el trabajo, la familia, las relaciones sociales y la toma de decisiones cuando la muerte se acerca.

El afrontamiento de la enfermedad mortal en una mujer joven en Mi vida sin mí de Isabel Coixet, película que nos ayuda a reflexionar sobre la comunicación de las malas noticias, los fines de la relación terapéutica y como dejar los asuntos resueltos antes de partir.

Y, en pacientes cancerosos de mayor edad en Ahora o nunca de Rob Reiner con una mirada distinta sobre las malas noticias, las relaciones entre los pacientes o las fases del paciente terminal descritas por Kübler-Ross.

La fortaleza ante la enfermedad y las voluntades anticipadas en Amar la vida de Mike Nichols, una extraordinaria película en la que analizamos la comunicación de las malas noticias, la exploración física, el paciente  canceroso en el hospital, el tipo de relaciones que se establecen con los distintos profesionales y la despersonalización del paciente ingresado y en el extraordinario documental Las alas de la vida dirigido por Antoni P. Canet en el que un médico de familia relata su enfermedad y la preparación para la muerte.

La muerte acompañada y asistida por la familia y los amigos en Las invasiones bárbaras de Denys Arcand donde se plantean situaciones complejas a nivel asistencial y ético centrado en los deseos de una muerte digna, bella y acompañada.

La eutanasia en películas como Mar adentro de Alejandro Amenábar o Million dollar baby de Clint Easwood con narrativas desde perspectivas sociales y contextuales muy diferentes pero con un objetivo similar de debate sobre la buena muerte.

La limitación del esfuerzo terapéutico en Magnolias de acero de Robert Harling planteada como fondo de la vida de una familia y comunidad en la que la fortaleza y el sustento recae sobre las mujeres o de nuevo en escenas de Amar la vida.

La solicitud de la donación de órganos en Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar narrado con una belleza sutil dentro de la crudeza de la escena.

El final de la vida en el domicilio del paciente en películas como Tierras de penumbra de Richard Attenborough, tomates verdes fritos de Jon Avnet y Antonia de Marleen Gorris, películas que nos permiten una reflexión profunda sobre como favorecer desde nuestro papel clínico y sanitario una muerte en la casa del paciente rodeado por sus seres queridos.

Los médicos comprobamos a menudo en nuestras consultas y en los domicilios de los pacientes el aserto de que el verdadero infierno está en la tierra cuando observamos la indiferencia, el desamor, el egoísmo, el miedo y la conspiración del silencio, que de modo tan bello y preciso expresó la gran poetisa Gloria Fuertes.

«Muerte es que no nos miren los que amamos, muerte es quedarse solo, mudo y quieto, y no poder gritar que sigues vivo.»

Bibliografía

  • Sacks O. El río de la conciencia. Anagrama. Barcelona. 2019.
  • Weinstein A. Back to Class Lecture: Why Literature and Medicine?


     

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