Un dia de prácticas cualquiera…no es cualquier cosa Reflexiones de un estudiante sobre la eutanasia y la medicina

articulo alumnoResumen: Un alumno de 4º de medicina relata una experiencia de prácticas en un hospital de paliativos y su reflexión sobre la eutanasia sobrepasa los límites del tema concreto para alcanzar un aspecto esencial de lo que conlleva el ser médico

Antonio Ruiz Vicente
Estudiante de 4º curso de medicina. Universidad Francisco de Vitoria (Madrid)

Aún recuerdo como si fuera ayer mi primer día de prácticas en el centro de cuidados paliativos. Era una mañana como todas, fría y lluviosa, lo normal para esa época del año. Me esperaba un día de prácticas cualquiera, pero lo que no imaginaba era la importancia de lo que “un dia de prácticas cualquiera” puede llegar a tener en un estudiante cualquiera, como soy yo.
Todo comenzó cuando conocí a José Luis, un paciente en situación terminal por un cáncer de pulmón. Recuerdo que José Luis estaba sentado en un sofá de la habitación leyendo un libro de Tolstoi. Mi médico me permitió tener una pequeña charla con él mientras ella se tomaba un merecido descanso tras una larga noche de guardia.
José Luis y yo estuvimos charlando de la situación en la que estaba y como encaraba sus últimos días de vida. Me confesó, para mi sorpresa, que para él encontrarse en esta situación era un regalo ya que le había permitido encontrarse a sí mismo y a apreciar aspectos de la vida de los que jamás se había percatado. Cuando le pregunté lo que opinaba de la eutanasia me confesó que él jamás tomaría ese camino, pero que sin embargo, podía llegar a entender que otros sí lo hicieran ya que no todo el mundo encara de la misma manera la muerte o tiene el mismo concepto que él tenía de la vida.
Tras esa enriquecedora conversación tuve la oportunidad de repetir la misma charla pero esta vez con uno de los médicos que trabajaban en el centro. Me explicaron como también el concepto que tenían de la vida había cambiado desde que entraron a trabajar en el centro y de cómo veían que la muerte no debía ser un tema tabú en la sociedad ya que no hay nada más a la orden del día que morirse. Me confesaron que gracias a su trabajo tenían un concepto más espiritual y metafísico de la vida y mucho más alejado de lo material. Como a José Luis, también les pregunte sobre la eutanasia, pero su respuesta, para mi sorpresa, distó mucho de la de él. Su respuesta fue clara: la eutanasia no es una opción, es el fracaso de la medicina y en ningún caso, sea cual sea debe aplicarse ya que existiendo otros métodos para paliar el sufrimiento (sedación paliativa): La eutanasia va en contra de la práctica médica.

El desasosiego que me produjeron esos dos testimonios entre otras experiencias desde luego no solo aun no me ha abandonado sino que puedo decir que representa la gasolina que me impulsa a reflexionar e indagar sobre esta fascinante (y ya no solo intuida) profesión que es ser médico y que en este momento me ha llevado a escribir este artículo planteando algunas de mis reflexiones y preguntas sobre la eutanasia, la sedación paliativa y la muerte en concreto.

Paradójicamente parece como si para el médico la muerte fuese un concepto que este quisiera evitar a toda costa, como si no estuviese íntimamente ligado a la vida y llegar a ella fuera algo ajeno a esta y por tanto representase siempre un fracaso de su práctica clínica. Sin embargo, no hay nada más natural en esta vida y ligado a ella que la propia muerte. Como dijo Borges de una forma tan desprejuiciada como irónicamente aguda: «morir es una costumbre que suele tener la gente».
Como he dicho antes, la muerte es el final que quiere evitar el médico a toda costa, pero aquí es donde se nos plantean las siguientes preguntas que es preciso responder: ¿no puede ser la muerte en algunos casos la mejor y única solución en determinadas situaciones?, ¿Evitar el sufrimiento con la disminución de la conciencia (sedación paliativa) no es acaso más que una forma distinta de morir?, ¿vivir dependiente de una máquina es una muerte en vida con la consecuente pérdida de dignidad?
En un trabajo que realizamos para la asignatura de ética recopilamos muchas reflexiones pro-vida en la que se defendía que la eutanasia y la sedación paliativa son conceptos completamente distintos y cuyo objetivo es diferente. Desde mi punto de vista la sedación paliativa y la eutanasia guardan un objetivo común, paliar el sufrimiento de la persona, pero mediante herramientas bien distintas.
El objetivo de la eutanasia como sostienen algunos filósofos y médicos no es matar, la eutanasia no es un acto que se realice con alevosía, ensañamiento y disfrute. La eutanasia siempre será un acto trágico y triste, por supuesto, pero siempre con el noble objetivo de acabar con el sufrimiento no solo del paciente, sino también de la familia. Claro, pero bajo este argumento muchos defienden que la sedación paliativa es otra forma noble de acabar con el sufrimiento del paciente sin necesidad de acabar con su vida, sin embargo, yo pienso en la repercusión que puede tener para una familia entera tener a un ser querido postrado en la cama, unido a una máquina y sin conciencia alguna sobre lo que le rodea. Con esto no pretendo decir que la eutanasia es el único camino a tomar, por supuesto que no, pero sí que puede llegar a ser el camino a seguir en determinadas circunstancias. El meollo parece estar en definir cuándo puede ser lícita la eutanasia. Esta pregunta me lleva al núcleo central del problema en este tema, la consideración de la persona: cada persona es un mundo, un mundo único e irrepetible, y cada caso tiene su particularidad. Hacer de la medicina algo global, sin tener en cuenta la particularidad de cada paciente y de cada familia nos hace caer en una grave trampa que nos lleva a instaurar no sólo máximas éticas que pueden traer más sufrimiento que alivio, sino máximas clínicas como la aplicación impersonal de los protocolos y directrices clínicas, algo que ya, a medida que voy pasando por las plantas de los hospitales y las consultas de los centros de salud empiezo a ver como un inconveniente mayor para que el médico ejerza como auténtico “sanador”. ¿Es igual de lícito practicar la eutanasia a una persona que depende de máquinas para su supervivencia y que su conciencia está completamente desconectada del mundo real sin posibilidad de retorno (un paciente en coma irreversible) y practicárselo a una persona que es incapaz de mover sus miembros pero que tiene plena conciencia de todo y que a pesar de las limitaciones físicas puede llevar una vida espiritual e interior muy plena?
Todos conocemos el famoso caso de Ramón Sampedro, un caso con una difícil solución. Este caso me ha llevado a reflexionar mucho sobre hasta qué punto es lícito para un médico cumplir los deseos y voluntades del paciente. La única solución que nos daba este paciente era la de la eutanasia activa, es decir, acabar con su vida directamente utilizando una sobredosis de fármacos o sustancias nocivas. El objetivo es el de aliviar el sufrimiento, por supuesto, pero la aplicación de una eutanasia activa por parte del médico es de un riesgo extraordinario que nos puede llevar a la deshumanización y a ver de manera frívola y artificial el hecho de provocar la muerte. Sin embargo y por otra parte, si a una persona en determinadas circunstancias límite, se le mantiene con vida en contra de su voluntad podemos llegar a infligir más sufrimiento que si le dejamos morir o le ayudamos a ello: «cuando la vida es muerte, la muerte es vida y mi vida es mi propiedad privada».
Parece inevitable al hablar de este problema mencionar el caso de Holanda, en este país la eutanasia activa está a orden del día, y creo que se ha llegado a un punto en el que se ha perdido la particularidad y la voluntad del paciente (se a instaurado una máxima ética) produciéndose una eutanasia sistemática donde la voluntad del paciente a veces puede quedar relegada un segundo plano o ni siquiera ser tenido en cuenta. La eutanasia activa en pacientes físicamente incapaces nos puede hacer caer en objetivos eugenésicos para quitarnos del medio a aquel que no es útil para nuestra sociedad.
Pero, las cosas no son blancas o negras, vivimos en una sociedad plural donde imponer dogmas y visiones éticas es completamente improcedente. Al igual que el caso de Ramón Sampedro y la eutanasia activa me parecen armas de doble filo, creo que casos como el de un paciente en coma irreversible en el que el médico le priva del soporte vital para que deje de sufrir y muera (eutanasia pasiva) son casos justificados.
Cada vez me doy más cuenta de que si quiero ser un buen profesional debo de evitar juzgar a mis pacientes, de la misma forma entiendo que no puedo imponer a las personas el cómo deben vivir su vida: si una familia ha optado por mantener a su familiar “enchufado” a una cama hasta que muera de forma natural tenemos la obligación de respetarlo, al igual que creo que en el caso de que los familiares prefieran que el paciente muera con dignidad también debería de respetarlo.
Muchas veces la búsqueda de paliar el sufrimiento sin llegar a la eutanasia nos hace caer en que el hecho de mantener a alguien con vida en contra de su voluntad puede acarrear más sufrimiento en la persona.

Creo que por encima de todo, lo que José Luis en el centro de cuidados paliativos me hizo ver, fue que las cosas no son blancas o negras, que no es todo A o B. Él podía encarar la muerte debido a la buena situación familiar en la que se encontraba y su fuerte forma de ser pero él podía entender como no todos los casos de pacientes en situación terminal son como el suyo y que como mínimo hay que escucharlos y sopesar todas las opciones que el paciente crea que son mejor para él, tanto como si son para vivir como si lo son para morir. Sin embargo los médicos (siempre desde su perspectiva de beneficiencia por supuesto) veían la eutanasia con mucho recelo, pero creo que su problema era sencillamente su dificultad para comprender que no todo es como ellos creen que debe de ser, dejándose llevar por sus prejuicios ideológicos. Si a lo que realmente nos comprometemos como médicos es a aliviar y consolar siempre, creo que el mayor desafío que tenemos como médicos es abrir nuestra mente para tratar de comprender a la persona única e irrepetible que tenemos delante. Como estudiante, esto es algo que creo no vemos que en muchos de los mensajes que se nos transmiten, pero sobre todo en la propia forma de comportarse de los que nos los transmiten.
Quiero concluir haciendo una humilde invitación a un lector como yo, a un estudiante: que no se encasille, que piense que reflexione, que viva experiencias y lo más importante que esté abierto a cambiar de opinión continuamente. Quiero aquí agradecer no solo a José Luis sino también a sus médicos en paliativos por lo que me han ayudado y espero en lo que me queda de carrera seguir aprendiendo y llenándome de inquietudes gracias a pacientes como José Luis y a médicos como los que le atendieron.

     

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2 Respuestas

  1. cristina dice:

    la polémica siempre está servida, pero como dice muy bien el estudiante, hay que abrir nuestra mente y ver en cada momento al paciente, único e irrepetible que tenemos delante, y sobre todo respetar y cuidar-acompañar

  2. maria dice:

    Me parece una reflexión muy entrañable, con características humanas muy encomiables, y que dibujan un perfil de médico humano y cercano. Pero quisiera comentar algo que me ha sorprendido, es lo siguiente:
    «Parece inevitable al hablar de este problema mencionar el caso de Holanda, en este país la eutanasia activa está a orden del día, y creo que se ha llegado a un punto en el que se ha perdido la particularidad y la voluntad del paciente (se a instaurado una máxima ética) produciéndose una eutanasia sistemática donde la voluntad del paciente a veces puede quedar relegada un segundo plano o ni siquiera ser tenido en cuenta»
    ¿En qué datos fiables se basa para esta afirmación?
    Me parece un poco arriesgado dar esa mala imagen de la eutanasia «masiva».
    Por lo que yo conozco, se requieres condiciones muy concretas para solicitar la eutanasia y controles muy estrictos para su práctica en Holanda.

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