Reflexiones de una estudiante sobre una pasantía de salud familiar

Sara Inés Díaz
Alumna del último año de Medicina. Facultad de Medicina de Tucumán. Pasantía Periurbana de Santiago del Estero (Argentina).

 Resumen: Una alumna de medicina presenta sus impresiones surgidas a partir de las diez semanas de rotación en atención primaria. La estudiante reflexiona por el alcance que las intervenciones de los sanitarios pueden tener para modificar conductas dentro de determinados contextos sociales y familiares, señalando la distancia que existe entre la enseñanza “teórica” recibida en Salud Pública en la carrera y la realidad de las intervenciones salubristas de los sanitarios a la vez que señala la relevancia y limitaciones de las actuaciones contextulalizadas 

La primera actividad como parte de la “Pasantía Periurbana” de Salud Familiar, fue la clase informativa en la Unidad de Práctica Final Obligatoria.

 En ella surgieron términos nuevos como “historia clínica orientada a problemas”, APOC, herramientas para el abordaje de familias, portfolio…

Quedé con la sensación de comenzar una carrera nueva, ya que en principio todo parece diferente a lo visto y aprendido en mis 6 años en medicina.

Sentía como si estuviera en el extranjero, en un país en el que se hablaba un idioma desconocido. Si bien algunos conceptos eran conocidos desde el cursado de la asignatura “Salud Pública”, el tipo de actividad a realizar en esta Pasantía, me resultaba incómodamente diferente a todo.

El segundo contacto con la pasantía fue unos días después, en la Unidad Primaria de Atención Sanitaria (UPAS) Nº 6 SMATA, donde nos encontramos con los anteriores pasantes, quienes presentaron el trabajo realizado en sus 10 semanas de pasantía. Transmitían mucho entusiasmo, se veía que se habían comprometido con su tarea y disfrutaban el resultado, se habían involucrado en la vida de la comunidad, en especial de sus familias a cargo.

Eran reconocidos por los trabajadores de la UPAS y recibidos con cordialidad.

Musicalmente hablando estaban sincronizados con el ritmo de la UPAS, y yo me preguntaba si lograría también acompasarme.

Transmitieron algunos desencantos también, no todo era bueno en su breve experiencia, pero en general dejaron la sensación de un trabajo que había sido no sólo formativo sino también gratificante.

Lo nuevo para mí fue el llenado de las historias clínicas con la metodología S.O.E.P., la cual me resultó con mucho sentido y fácil de aplicar.

También como novedoso observé la recomendación sistemática a toda mamá o papá sobre “tips” de prevención de salud, algo que no es frecuente en el manejo hospitalario de pacientes ya sea internado o en consultorio externo. Ejemplos de algunas de estas recomendaciones son: ambientes libres de humo, prevención de accidentes domésticos y en la vía pública, cuidado de la salud bucal, promoción de lactancia materna exclusiva y/o prolongada, pautas de alarma y nutrición saludable, entre otros.

Es decir que la intervención médica se extendía más allá de lo asistencial – farmacológico, adquiriendo un rol docente que no es frecuentemente asociado a nuestra práctica.

Algo que parecía agradar a todos los familiares de pacientes, era que al final de la consulta el médico preguntara ¿tiene alguna duda? ¿hay algo que quiera saber de su hijo?.

Y surgían interrogantes sencillos (por ejemplo qué tipo de juguete le conviene a determinada edad) fáciles de responder que brindaban tranquilidad al familiar, sobre todo a las mamás primerizas.

Tuvimos un taller sobre “Instrumentos para el Abordaje Familiar”, el cual empezó a arrojar un poco de luz sobre conceptos nuevos que hasta aquí habían sido mencionados al pasar. Además permitió empezar a descubrir la importancia de ver a la familia como factor determinante en la salud del individuo, y a la inversa, de cómo el individuo enfermo afecta a su círculo familiar. Además empecé a comprender cómo usar estas herramientas en nuestra salidas a terreno.

Otra visita domiciliaria fue a una joven que se encontraba sola en su casa en construcción, embarazada de 5 meses. Hacía pocos días se había mudado con su pareja al barrio, y si bien tenía todos los controles al día y denotaba gran entusiasmo con su embarazo, tenía la inquietud por saber cómo seguirían sus controles ya que desconocía la presencia y los servicios de la UPAS cercana.

Además de darle citación con turno para el obstetra, se aprovechó la visita para brindarle consejería sobre alimentación, ejercicios para el parto, importancia de la vacunación, promoción de lactancia y demás temas, algunos de los cuales fueron reforzados con folletos que la agente sanitaria tenía consigo. Nunca imaginé que las visitas tuvieran tal provecho, no les daba mucho crédito antes de la salida y no le veía utilidad, pero en estos casos todo lo hecho fue gratificante y fructífero.

No asistieron al primer turno asignado, por lo tanto volví a visitarla. En esta segunda visita parecían tener apuro en ocuparse de las tareas del hogar, respondiendo escuetamente a las preguntas e indicando que cuando tuvieran tiempo irían a la UPAS.

Esta falta de respuesta dejó una sensación extraña en mi, si bien uno sabe que no todas las intervenciones serán exitosas en esta tarea de involucrarse con las familias, es triste ver cómo viven inmersos en un círculo vicioso del cual se retroalimentan y no pueden o no quieren salir, por estar estructurados con ese modo de vivir. No siempre se puede dar respuesta a los problemas de salud de la gente, pero cuando estos problemas tienen alguna salida, todo queda en manos de los pacientes y de su voluntad de cambio.

Otro inconveniente que se presenta es que las intervenciones se realizan sobre una parte de la familia, no sobre el conjunto. Éstas pueden mostrar aspiraciones de mejorar, pero cuando uno se retira ellos siguen inmersos en las circunstancias que condicionan sus estilos de vida y su funcionamiento como familia. Por ejemplo si el ingreso es insuficiente, difícilmente puedan acceder a alimentos que permitan mejorar su situación nutricional y por ende el problema del sobrepeso seguirá intratable así como todos los trastornos que esto acarrea. O bien uno puede indicarles que mejoren sus relaciones humanas dentro de la familia con apoyo de especialista psicólogo, pero  luego llega el jefe de la familia alcoholizado y agrede verbal y físicamente a todos, pocas esperanzas pueden quedarles de poder dar un giro radical a sus malestares cotidianos.

La sensación final es de incertidumbre por saber qué puede hacerse por ellos… continuar las visitas, seguir motivándolos al control de su salud, incentivarlos a la búsqueda de ayuda de terceros (desde la psicología o la justicia) para poder mejorar sus problemas internos… son estrategias que el equipo de salud que no debería dejar de utilizar para estos casos.

     

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