Guia para orientar a los estudiantes en sus estudios de Medicina (y iii)

Roger Ruiz Moral. DocTUtor

En esta última entrega abordaremos algunos de los conceptos y habilidades claves para desarrollar tu capacidad reflexiva. Tener el hábito de la reflexión y hacerla de manera eficiente es  absolutamente imprescindibles para realizar un abordaje eficiente de la mayoría de las tareas que un estudiante de medicina y un médico deben de afrontar en su vida profesional (y en muchas de la personal). El artículo acaba ofreciendo un ejemplo práctico de distintos niveles de reflexión.

En las dos anteriores entregas abordamos primero la importancia de identificar las preferencias personales a la hora de aprender y los factores que las afectan y después ofrecíamos algunos trucos y estrategias que podían ser de utilidad para aprender y cuya elección dependía del estilo de aprendizaje que cada uno ha identificado como propio. También dedicábamos breves recomendaciones en relación a las clases y los libros como fuente de aprendizaje. Si has leído esas entregas, te invitamos ahora a que realices una prueba que te puede dar información valiosa sobre tu estilo de aprendizaje y por tanto debería orientarte sobre la forma de afrontar tus estudios. Para ello clica en :

PRUEBA PARA CONOCER TU ESTILO DE APRENDIZAJE

 Igualmente te ofrecemos una serie de trucos que en las distintas fases del estudio pueden serte de utilidad para hacer este más eficiente (activo). Para acceder clica:

TRUCOS PARA APRENDER ACTIVAMENTE

Habilidades para desarrollar la capacidad reflexiva

Puesto que hay muy buenos libros sobre este tema, aquí vamos a tratar de abordar este espinoso tema de una forma un poco heteródoxa y esperamos que más entretenida: a través de algunas citas de gente famosa y menos famosa

Partiendo de la cita de Rinpoche (1992) que dice: “nuestras mentes tienen dos posiciones: la de observar y la de inspeccionar” , nosotros, que vemos la cosa un pelín más matizada acertamos a ver algunos grises más y así la hemos enriquecido de esta forma:

“nuestras mentes tienen cuatro posiciones: la de ver, la de mirar, la de observar y la de inspeccionar”

La Reflexión por lo tanto sería el nivel superior , el de la inspección. Una técnica para pensar con profundidad que nos permite planificar las acciones o analizar los acontecimientos. También:

  •    Una forma de “re-evaluar la experiencia”
  •    Una forma de desarrolla un nivel de conciencia superior (“un tercer ojo”)
  •    Una forma de de-construir experiencias para comprenderlas mejor y aprender más de ellas

Un estudiante de 3º de medicina decía: “La reflexión era aburrida, aburrida, aburrida hasta que me di cuenta de que solo era otra forma de pensar sobre lo que yo hago y hacer que mi mente trabaje para mi”

Como pensamos que la carrera de medicina y la residencia son ( o deberían de ser) formas de prepararse para llegar a ser un buen médico, pensamos que la frase del maestro Osler es realmente cierta:

“En lo que realmente hay que insistirle a un principiante es que el proceso educativo en el que se ha embarcado no es un curso de medicina o un periodo de residencia, sino un curso que dura toda la vida, para el cual el trabajo de unos pocos años con tutores o profesores es solo la preparación”

Y como todo el mundo ya sabe que…

“En medicina la mitad de lo que les contamos a los alumnos dejará de ser cierto dentro de cinco años…y nuestro principal el problema es que ahora no sabemos que mitad es”

Pues por esto la carrera debería preparar al alumno no sólo para que sea competente en un área concreta de conocimiento o habilidad en un momento determinado, sino para que sea un médico con pericia (o con expertise que dicen otros). Y entendemos este término “pericia” como…

  • Ser sea capaz de adquirir conocimiento nuevo de las experiencias que va a tener y compartir con otros en relación a cualquier área de competencia o contenido
  • Desarrollar su capacidad para continuamente, evaluar, monitorizar y mejorar su actuación en cualquier área

Esto significa ayudar al estudiante a que desarrolle habilidades “Metacognitivas”, que no es otra cosa que promover la vigilancia del alumno sobre lo que observa y a interpretar su propia conducta, sus pensamientos y sentimientos y la de los que le rodean. De esta manera lo que hacemos es promover el autoaprendizaje para así  asumir más control sobre lo que aprendemos, conseguir alumnos más  responsables y adaptarnos mejor a la variedad de contextos tan cambiantes en nuestros tiempos

La pregunta del millón: ¿Y como se hace esto? Es decir ¿mediante que habilidades podemos conseguir esto?…pues sencillo:

Auto controlando nuestro proceso de aprendizaje (en doctutor le hemos dedicado las anteriores dos entregas y también sirve una cosa que se llama fomentando el autoconocimiento o la “presencia plena” el “mindfulness”)

Desarrollando capacidad para hacernos preguntas (lo que se llama “preguntas reflexivas”)

Desarrollando lectura comprensiva y crítica (no solo científica,…¡¡Tolstoi, Cervantes y Shakespeare también nos sirven!!

Escribiendo nuestras reflexiones (ahora y en nuestro contexto educativo sanitario esto se llama: portafolio)

El hecho es que no se aprende pasivamente sino a través de la experiencia y de la reflexión sobre esta experiencia (no es anecdótico el que los editores de doctutor insistamos en que mandéis vuestras reflexiones sobre lo que haceis en el mundo real al tratar de enseñar, de aprender, y cuando atendemos a nuestros pacientes. Las cosas suceden así:

La Reflexión puede (y debe) ser utilizada como una preparación para cualquier acontecimiento. He aquí por ejemplo lo que un residente o estudiante reflexivo podría preguntarse a la hora de realizar  una estancia clínica (residente) o una “Inmersión clínica precoz” (estudiante): 

–        ¿Qué tipo de pacientes veré?

–        ¿Cuáles son los principales desafíos que tendré para comunicarme con ellos?

–        ¿Qué tipo de problemas clínicos más recuentes tendrán?

–        ¿Estaré sentado al lado del tutor o seré más activo?

–        ¿Qué tipo de exploraciones podré realizar?

–        ¿Qué opino sobre el servicio donde haré la rotación?

–        ¿Con que otro tipo de profesional sanitario trabajaré?

–        ¿Cómo registraré o guardaré los hechos más significativos de mi aprendizaje?

Finalmente exponemos un ejemplo sencillo de distintos niveles de reflexión:

Nivel de reflexión personal crítica sobre una actividad (limitado)

He tenido la oportunidad de historiar a un paciente en el CS y aunque lo hice de una forma un tanto apresurada cuando lo vio el profesor y lo comentamos me felicitó por lo exhaustiva que había sido en la exploración del síntoma por el que consultaba el paciente. Creo que efectivamente esto lo hice de manera extensa y detallada. También me resaltó la anamnesis por órganos y aparatos y la información obtenida de los antecedentes personales del paciente. Como nos han dicho en las clases de propedéutica, el hacer esto bien incrementa tu seguridad a la hora de dirigir la entrevista y de averiguar cual es el problema del paciente”

Nivel de reflexión personal crítica sobre una actividad (moderado)

“Después de la experiencia de historiar al paciente me sentí contento con la forma en la que había trabajado la queja principal y la anamnesis por órganos y aparatos. El profesor me ratificó más tarde que efectivamente esto le parecía que estaba muy bien realizado. Para ello seguí la sistemática que nos enseñaron en las clases teóricas y en la primera práctica del laboratorio de habilidades. Sin embargo, salí con la sensación de que me faltaba algo. Cuando el profesor se dirigió al paciente que yo había explorado fue como muy directo y en unas cuantas preguntas que hizo creo que consiguió ver donde estaba el problema del paciente (el cual no era por cierto el que yo pensaba) para ello me llamó la atención como seguía algunos comentarios que hacía el paciente y lo dejaba hablar. Definitivamente creo que esto fue lo que debería yo haber hecho también y no tanto seguir mi guión

Nivel de reflexión personal crítica sobre una actividad (alto)

“…Yo creo que la diferencia entre la forma de historiar del profesor y la mia fue que yo dirigía las preguntas mientras que él hacia hablar al paciente. Comentándolo después nos habló de la importancia de atender al paciente, de escucharlo y de “no dejar escapar pistas”. En mi  caso creo que me centré de manera un poco obsesiva en seguir la sistemática de la anamnesis y exploración con todo lo que tenemos que preguntar (¡¡no quería que se me olvidara nada!!), y esto, a la vez que me hacía focalizar mi búsqueda de información en los aspectos orgánicos, me impidió realmente atender a las cosas que el paciente hubiera deseado decir (en realidad el problema resultó más bien ser una preocupación basada en la experiencia familiar del paciente). Aunque las dos cosas no son desde luego incompatibles en el momento en que me encuentro de mi formación me resulta aún difícil de integrarlas. Repasando después los aspectos de comunicación me he dado cuenta de la utilidad de estas habilidades”

Nivel de reflexión personal crítica sobre una actividad (útil)

“…Supongo que teniéndolas en cuenta a medida que haga más entrevistas voy a poder integrar estas dos facetas tan importantes para saber porqué está el paciente en la consulta. Desde un punto de vista práctico en lo que queda de curso podría trabajar esto más en las prácticas de hospital si consigo poder historiar a algún paciente. La entrevista prevista con la paciente estandarizada puede ser otro momento interesante y trataré de planificarla adecuadamente a ver que pasa. Por último la disponibilidad que nos ofreció el profesor del CS podría aprovecharla para, al final entrenarme de manera más profunda en entrevistar a los pacientes, pidiéndole acudir un dia extra a la consulta con esta finalidad

     

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