Leer (bien) un libro o artículo de ensayo (I)

leer bien un libro

Francesc Borrell i Carrió.

Médico de Familia. Departament Ciències Clíniques. Facultat Medicina. Universitat Barcelona. EAP Gavarra. ICS.

Resumen: Primera de dos entregas en la que se ofrece una serie de interesantes ideas y recomendaciones para la selección y la lectura de obras de ensayo. De la mano de conceptos como “aprender”, “aprehender” o lectura de “instalación” el autor define el significado de “leer bien” como estrategia idónea de lectura y su propósito último, a la vez que se ofrecen interesantes consejos para seleccionar un libro. En la segunda parte (que se publicará en el Boletín Doctutor de Diciembre) se tratarán aspectos sobre el método de lectura, la relectura, la valoración de la profundidad de una obra y algunas características que pueden ayudar a identificar un buen libro de ensayo.

Es cierto que la cultura del ordenador facilita lecturas rápidas, pero continúa existiendo un público que disfruta de los buenos libros, Hoy se lee mas que ayer, porque cada dia se incorporan millares de seres humanos alfabetizados a los que se abre el vasto mundo de las ideas. Otra cosa es que se lea con la profundidad necesaria para aprender. Entretener si, pasar el rato, cumplir con cierto deber autoimpuesto de “cultivarnos”… pero ¿leer para renovar ideas, para transformarnos ni que sea un poco? Ya resulta sospechoso que abunde la literatura sobre “métodos rápidos de lectura”,  y no los haya de “métodos lentos”.

 Una lectura profunda suele ser, al menos en sus inicios, una lectura lenta. Sin embargo con los años el lector experto es quien puede ir mas deprisa, porque adivina con facilidad la estructura conceptual de los libros y reconoce cuando un autor reproduce ideas de otros, (ideas que este lector ya ha asimilado). Ahora bien, precisemos que “devorar un libro” en pocos dias u horas no debiera suscitar aplausos, porque lo importante no es leer mucho, sino leer bien.  Como el músico que debe interpretar una compleja partitura, (e interpretarla), los libros complejos deben descifrarse  sin apremio, y solo entonces obtendremos el premio de aprehenderlos.

 Aprender y aprehender…. no es lo mismo. Aprende quien entiende. Aprehende quien además es capaz de explicarlo. Veámoslo con mas detenimiento.

 Por lo general solo entendemos de un libro lo que ya sabemos. Lo novedoso exige un acto previo del lector: admitir que estamos en un terreno desconocido, o que el escritor nos descubre un paisaje nuevo detrás del paisaje viejo.  Aprender se sucede al acto previo de reconocernos ignorantes. Eso ocurre con un libro sobre una materia que nos resulta completamente desconocida, pero pocas veces en otra materia de la que nos consideramos expertos. Es mas fácil sembrar en tabla rasa que sembrar en bosque espeso, donde cada nuevo conocimiento o idea debe encontrar un sitio para colocarse y tener la oportunidad de ser iluminado por el sol (el sol de nuestro pensamiento futuro).

Pasemos ahora a la aprehensión. Una lectura de entretenimiento puede percatarse de contenidos novedosos, puede incluso disfrutarlos, pero deja al azar  su asimilación, fijación y futura evocación. La lectura aprendida es aprehendida cuando sus contenidos mas importantes se ha incorporado a nuestro discurso. En este punto muchas personas tienen dudas de si una determinada idea es suya o la han leído en alguna parte. No importa, el hecho es que su manera de pensar y decir se ha transformado, (en general para enriquecerse).

  El problema de leer bien es por consiguiente el problema de hilar argumentos y evocarlos en el momento idóneo. Imaginemos un caso  extremo, el de aquella  persona que acaba de leer un libro sobre Cosmología y en una conversación sobre el origen del Universo es incapaz de citar ninguna de los modelos o ideas que acaba de leer. Otras personas presentes en la conversación aluden a la teoría de los Universos paralelos, Universo estacionario, Big Bang… y en la medida en que salen a colación estos conceptos también él o ella los recuerda. Quizás aprendió algo con la lectura, pero no lo tenía aprehendido, incorporado a su discurso. Solo consideraremos conocimiento aprehendido aquel conocimiento listo para ser comunicado a otras personas.

  El presente artículo lo dirijo a las jóvenes generaciones de lectores e intento transmitir algunas claves de lectura  aprendidas e incluso aprehendidas con el paso de los años. Los encabezamientos de los párrafos darán al lector impetuoso una idea cabal de los contenidos, y si debe gastar sus próximos 10 minutos de vida acompañándome en esta aventura.

Propósito de la lectura. Lectura de instalación.-

 No siempre es importante aplicar un método de lectura profundo. Entretenernos e informarnos son propósitos legítimos y ahí están los libros de divulgación o los manuales de auto-ayuda. En ambos casos lo leído se aposenta en el rescoldo de otras lecturas o conversaciones recientes. Si usted ha viajado en un autobús turístico de esos que atraviesan centenares de kilómetros parando en esa y aquella ciudad, con guías locales que en pocos minutos informan de hechos históricos, estilos arquitectónicos y anécdotas de reyes, apreciará la diferencia de hacer la misma ruta con un plano y una documentación seleccionada por nosotros mismos, charlando con las gentes del lugar, y no digamos si tenemos la suerte de tener un amigo que nos lleve por las calles secretas que toda ciudad esconde a los turistas. E incluso diría mas, vivir en cada una de las ciudades que atravesamos nos proporcionaría una dimensión completamente diferente. Aunque cuidado, un guía local también tiene sus ventajas, depende de su profesionalidad. Un guía puede adivinar nuestras necesidades en esta ciudad, puede también descubrirnos lugares que un nativo no valoraría, etc. Pero en general las visitas turísticas son lecturas apresuradas.

 La lectura profunda es lectura de instalación. No se limita a detectar novedades, sino que las pondera y las sitúa en el universo de lo conocido por nosotros. El reto de este tipo de lectura consiste en primer lugar en percatarnos de que el autor nos está trasmitiendo una idea novedosa, y acto seguido cualificar esta idea, (¿merece reflexión personal?, ¿debemos retenerla y situarla en el contexto de  otras ideas que ya teníamos?). Alguien que pretende ser profesional en un campo de conocimiento determinado no puede sino exigirse lectura de instalación.

 ¿Existe diferencia entre esta lectura de instalación y “estudiar” un libro? Si por estudiar un libro  entendemos una lectura destinada a repetir lo que leemos, sí, si hay diferencia, porque la lectura de instalación no repite, ¡elabora!. Pero convengamos enseguida que el buen estudio sería el que se propone amueblar nuestra mente con los mejores contenidos. En esta hipótesis ambos términos serían sinónimos.

 No todos los libros exigen una lectura profunda: hay libros de entretenimiento, los hay también divulgativos. La primera calificación que hacemos de un libro y ser conscientes de a qué nivel lo vamos a leer es decisión cabal, pues ocurre a menudo que gastamos un tiempo precioso en libros que nos engañan, (nos parecían novedosos o importantes, pero debajo de una pátina de marketing apenas subsisten cuatro ideas marchitas, eso si, bien aderezadas); o al contrario, libros de insólita robustez cuando solo pretendíamos pasar un rato ameno. Algunos autores de éxito,  apremiados por sus editoriales, lanzan libros repetitivos que no alcanzarían  un nivel de suficiencia si probaran suerte con un seudónimo.

Aparece entonces una tarea capital para el buen lector: escoger bien el libro al que destinará una parte de su tiempo. Los libros, por caros que sean,  son baratos si son buenos. El libro mas caro no es el libro mediocre, sino el libro que nos confunde o nos engaña.

Seleccionar bien el libro.-

 Personalmente compro muchos libros a lo largo de un año, y lo hago sobre todo por la rueda del destino: una lectura me lleva a otra de manera imperativa, sin excusas. En el fondo sigo un plan de lectura de tipo temático: sobre unos temas de los que me considero experto se me abren ramas que sigo o persigo, procurando siempre que de estas lecturas me quede algo, unas páginas escritas, o al menos unas notas de lectura, notas que como veremos pueden estar incorporadas al mismo libro

Tener un plan de lectura implica dos cosas:

-identificar las lecturas canónicas del campo que nos ocupa, y…

-seleccionar bien las novedades.

Identifiquemos por ejemplo las lecturas canónicas (es decir, las que son ejemplo o  las que marcan las reglas) en Semiótica (=teoría general de los signos).  Podemos consultar un artículo introductorio en la materia, (por ejemplo “semiotics” en la Wykipedia en lengua inglesa). Este artículo debiera ser de fuentes fiables, y nos servirá para una primera orientación sobre  el tema, asi como para identificar a los autores importantes y las obras canónicas. Escogeremos siempre que podamos un título introductorio que nos proporcione una visión extensiva –(preferible a una visión detallada), por ejemplo el tratado de semiótica de Umberto Eco. De inmediato nos percataremos de que este tratado es magnífico, pero exige un cierto conocimiento previo. En ocasiones hay libro de autores relativamente desconocidos que tienen por virtud acercarnos a un campo del pensamiento mediante introducciones amenas y bien editadas. Algo similar ocurre si quisiéramos leer un libro canónico sobre Filosofía de la Justicia. En este caso probablemente identificaríamos como libro canónico el de Rawls, “A Theory of Justice”. Sin embargo sería mas prudente empezar  con un libro de carácter introductorio y extensivo, que nos muestre la panóramica de conceptos que se manejan en este campo y su evolución histórica.

 Un libro canónico puede ser duro de leer, y no hay peor cosa para un lector primerizo que atragantarse con una lectura de este tipo. Para su alivio le diré que no hay idea, por elevada que sea, que no pueda expresarse en un par de minutos y usando ejemplos y palabras perfectametne comprensibles. Cuidado con los autores que no entendemos, tal vez ocurra:

a)      Que usan conceptos solo conocidos por ellos (y sus acólitos) y que no han introducido en el texto, ya sea en forma de glosario o de definiciones iniciales. Este sería el caso de Kant, o de Rawls. Una vez clarificados estos términos o la manera en que lo usan, la lectura se suaviza enormemente.

b)      Que usan el lenguaje para señalar una instancia de autoridad intelectual, es decir, crean una barrera con el lector para decirle algo así: “solo los muy estudiosos me entendenderán”. Sería el caso de Habermas.

c)      Que no saben expresarse mejor. No ordenan correctamente sus ideas ni pretenden comunicarse con un lector normal. Son notas para ellos mismos. Sería el caso de Wittgenstein, que ha tenido la suerte de que se le considere un genio y se le perdona todo.

d)      Sencillamente que son pesados y repetitivos, pero de vez en cuando nos regalan conceptos o ideas-fuerza de gran valor. Clasifico aquí a Gadamer, algunos libros de Ricoeur, Zubiri, Sloterdijk….

 No se apure el lector primerizo si se atreve con estos autores, (muchos de ellos germánicos, no en vano consideran a Hegel uno de los mejores pensadores). Cárguese de paciencia y no entienda como defecto propio lo que es penuria del otro. Y para muestra de que lo mas complejo puede expresarse con claridad, bástenos apelar a James,  Russell,  o Popper, y entre los españoles, a Ortega, Gracia, Marias,  Marina, Camps,  Gomà Lanzón, Savater… Y entre los ensayistas científicos Mosterín, José Cela-Conde, Hawking-Mlodinow, Sagan, Morris, Margulis… y tantos otros. Por fortuna va calando la idea popperiana de que claridad no es superficialidad, al contrario, que solo apreciamos la profundidad desde la claridad.

 Las colecciones de libros dirigidos a estudiantes de Grado/ Licenciatura o Máster pueden ser muy adecuados como libros introductorios. Recomiendo a tal efecto:

-La colección de la UNED, (Universidad a Distancia) para las materias de Piscología, Antropología, Sociología y Filosofía. Las editoriales McGraw Hill y Prentice Hill tienen también buenos libros de texto en estas materias. Triacastela ha publicado textos canónicos en Bioética. Alianza Editorial tiene la colección “clásicos” donde encontraremos los principales títulos del pensamiento universal. Atención también al Fondo de Cultura Económico, y  a las ediciones de bolsillo de Austral, Paidós (básica, orientalia, etc.), Siruela  y Planeta.

-En lengua inglesa la editorial Continuum Books tiene la colección Reader´s Guide orientada a grandes autores. Imprescindible todos los títulos de “A companion to”, de Wiley- Blackwell, (existen múltiples temas, filosofia de la ciencia, de la religión, de la acción, etc), así como la colección de Blackwell, “contemporary debates in Philosophy”,  y la “Cambridge introduction to Philosophy”.

 Otra cosa es arriesgarse a comprar un libro de autor poco conocido y que aparece como novedad editorial. Ocurre que este autor “poco conocido” suele ser bastante conocido en círculos especializados, y si tenemos posibilidad de realizar una consulta rápida con el teléfono móbil, (en la misma librería), podemos encontrar críticas y sinopsis. El blog de Humanidades Médicas que dirijo tiene varios centenares de libros con críticas objetivas y ponderadas (www.humedicas.blospot.com).

 Hay libros de título fascinante que compramos a sabiendas de que nunca los leeremos. Antes de comprar un libro hay que considerar este aspecto: la apetencia de compra no es la misma que la apetencia de lectura. Incluso ocurre que algunos libros los compramos y psicológicamente los consideramos como “asimilados” por el simple hecho de que figuran en nuestra estantería. En los años 70 Umberto Eco denominó “síndrome de la fotocopia” a la tendencia de no leer aquel artículo que habíamos fotocopiado devotamente, y que tras el esfuerzo de fotocopiarlo ya considerábamos nuestro, y por consiguiente, engrosaba la lista de lo “ya sabido”, (cuando en realidad no lo habíamos ni tan siquiera leído).

He aquí algunas preguntas que me formulo antes de comprar una novedad editorial:

-¿Se trata de una lectura que encaja con mi plan de lectura? En caso afirmativo merece prioridad.

-¿Se trata de un libro que si no lo compro voy a arrepentirme?, por ejemplo porque es una edición difícil de encontrar, o un enfoque estimulante de un tema que quizás en un futuro me gustará abordar…

-¿De veras me lo leeré? Influye en la respuesta la claridad conceptual y formal del libro, (un libro de tipos menores de “12” resulta insoportable a partir de la página 40, casi lo descarto de entrada).

Y por supuesto antes de comprarlo miro el índice con detalle y selecciono alguno de los temas que allí aparecen;  el que para mi resulte mas apetitoso… procedo a su lectura rápida y me doy cuenta de la calidad literaria y conceptual. ¿Hay apéndices, glosario, índice temático? Un vistazo al índice temático me orienta de manera importante sobre lo que me aportará. Mal vamos cuando todo lo que allí se encuentra es un “déjà vu”. Otro dato que no miente es la actualidad y calidad de las referencias bibliográficas (Tabla 1).

TABLA 1.-

¿DEBO COMPRAR ESTE LIBRO?

-Apetencia de lectura: imagina que ya lo has comprado, ¿de veras vas a empezar a leerlo hoy mismo, o esta semana?

-El libro encaja en mi plan de lectura.

-El libro es difícil de encontrar.

-El índice muestra una buena ordenación de los conceptos.

-El índice temático muestra conceptos que desconozco.

-Prueba de lectura: estilo convincente, interesante, continuaría leyendo.

-Referencias bibliográficas de calidad.

Conceda a cada aspecto 1 punto…. Y en función del precio cómprelo si supera los 3 puntos(poder adquisitivo es alto), ó 4/5  puntos (poder adqusitivo medio/ bajo).

En el próximo Boletín Doctutor de Diciembre se ofrecerá la segunda parte de este artículo que ofrecerá consejos sobre “El método de lectura”, “La relectura”, “la valoración de la Profundidad de una obra” y las cinco características de un buen libro

     

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