Seducción en la Consulta II

Isabel Ortiz Garcia.

Médico de familia. CAP Breda (IAS) Breda (Girona)

 

A la bibliografía que el Dr. Campíñez referencia en la primera parte de este artículo me gustaría añadir uno que califica las relaciones sexuales con pacientes (y estudiantes) como una modalidad de abusos sexuales[1]. Para regular mi sorpresa ante este calificativo he revisado un par de fuentes:

1.-La definición de abuso sexual: equivale a actuar sin consentimiento del otro[2].
2.-El código deontológico de la OMC[3], que no recoge ninguna referencia al hecho de mantener relaciones sexuales con los pacientes, aunque sí incluye el Juramento Hipocrático, en el cual se hace referencia a abstenerse de trato erótico con cuerpos femeninos o masculinos cuando entramos en la casa de los pacientes.

Hace un tiempo que esmero el cuidado al escoger las palabras que uso; también he aprendido a definir con la mayor exactitud posible las situaciones sobre las que opino. Y todo ello con el objetivo de disminuir al máximo las discusiones estériles sobre determinados asuntos (y con ello, secundariamente, dar ejemplo en el uso de estas dos herramientas de regulación y gestión emocional) y maximizar el aprovechamiento del tiempo, que percibimos como escaso la mayoría de nosotros. Así, voy a iniciar mi parte de reflexión definiendo las situaciones que queremos abordar el Dr. Campíñez y yo en este artículo.

Las consultas de Atención Primaria (AP) son, por definición, heterogéneas: en los motivos de consulta, en el tipo de usuarios, en el tipo de profesional sanitario y no sanitario que atiende en los centros de salud, en los roles que desempeñamos en cada entrevista clínica… Somos personas con unos conocimientos, habilidades y actitudes específicos a las que otras personas se dirigen para obtener información, consejo, trámites administrativos, diagnósticos, tratamientos… Desde mi punto de vista, podríamos distinguir un primer grupo de personas que sí establecen una relación interpersonal con nosotros en la que somos los que ostentamos el poder (por ejemplo, cuando abordamos personas en situación de enfermedad compleja y/o cuya educación les ha enseñado a obedecer a las personas que asumen roles de autoridad). Pero, en mi opinión, la mayoría de usuarios en la actualidad pertenecen a un segundo grupo de personas, que entran en la consulta de AP en una situación de equilibrio en la relación interpersonal que establecen con nosotros.

Dicho ésto, no creo que iniciar una relación de mayor intimidad con un paciente de este segundo grupo sea un abuso. Si dos personas están en situación de equilibrio de poder en la relación,  son mayores de edad y tienen sus facultades cognitivas intactas, no veo dónde está la situación de abuso. En cualquier caso, sí se generaría dicho abuso si solicito una prestación sexual (o de cualquier otro tipo) a cambio de mi trabajo, hecho que ni el Dr. Campíñez ni yo defendemos y que cualquiera de vosotros también vería como punible no sólo desde un punto de vista ético, sino también judicial.

Así, en este artículo nos referimos a esa situación en la que dos personas se encuentran en un contexto peculiar (la consulta médica) y se sienten atraídos a nivel físico, emocional, espiritual… Hablamos de personas que se hubieran encontrado en una reunión de vecinos, en una cena de Fin de Año, en cualquier situación en la que hubieran tenido la oportunidad de intercambiar miradas y palabras e, igualmente, se hubiesen sentido atraídos. Porque, desengañémonos, somos personajes públicos, ejerciendo un servicio de cara al público y somos fuente de miradas y comentarios en pasillos y salas de espera. Y me consta que hay usuarios que hace tiempo que “nos tienen echado el ojo” y esperan el momento oportuno para poder estrechar una relación que, de inicio, es meramente profesional. Y al revés, seamos honestos con nosotros mismos y pensemos en aquellos usuarios que nos alegran el día por su jovialidad, su conversación, su aspecto físico… Porque en el momento en que somos honestos con nosotros mismos y aceptamos este hecho somos capaces de empezar el trabajo de regulación de las emociones que nos despierta esta persona y, una vez reguladas, somos capaces de mejorar la gestión de dicha situación.

Sobre relaciones interpersonales, regulación emocional (ser capaz de modular mis emociones), gestión emocional (ser capaz de modular las emociones que aparecen durante la interacción con otras personas), el significado que le damos a nuestro rol profesional… es sobre lo que versan las horas de docencia en Educación Emocional que desde el año 2008 tengo el privilegio de impartir en la Unitat Docent (UD) Costa de Ponent, gracias a la apuesta de mejora continuada de la Dra. Eva Peguero en la formación en Comunicación Asistencial de los médicos residentes (y ahora también, enfermeras) de Medicina Familiar y Comunitaria.

La media de horas impartidas a médicos residentes de tercer año (R3) es de ocho; a los R4 les ofrecemos cuatro horas de docencia en Educación Emocional adicionales con el objetivo de reforzar los conceptos trabajado el año anterior y profundizar en ciertos aspectos más relacionados con la gestión emocional. De las cinco competencias emocionales[4] que podemos desarrollar, nos centramos en la “Conciencia emocional” y la “Regulación emocional”, aunque abordamos aspectos del resto de competencias: “Autonomía emocional”, “Competencia social”, “Competencias para la vida y el bienestar”.

Cada sesión dura entre tres y cuatro horas. La interacción con los asistentes es constante, y en base a sus preguntas, reflexiones… vamos desarrollando el temario. Para desarrollar los conceptos usamos vídeos, ejercicios de discusión en grupo sobre situaciones clínicas propias, lectura de cuentos y artículos, respuesta a test sobre habilidades de comunicación y emocionales, debatimos sobre suposiciones erróneas, distorsiones cognitivas… La mayoría oyen por primera vez el nombre de autores destacados en Educación Emocional: Daniel Goleman, Paul Ekman, Rafael Bisquerra, entre otros.

Sistemáticamente la evaluación de estas sesiones es excelente y se detecta como aspecto de mejora el aumento de la dedicación de horas para el abordaje de estos temas. Por otro lado, desde un punto de vista personal es muy enriquecedor para todos los compañeros que acuden a los talleres, puesto que es un momento en que comparten experiencias, a veces dolorosas, y son validadas dentro del grupo-clase.

A continuación os propongo una actividad[5] que enseño a los médicos y enfermeras en formación y a los asistentes a mis talleres de Educación Emocional. Se trata de un sencillo ejercicio en el que analizamos los tres componentes de cualquier emoción: las sensaciones corporales, la conducta y los pensamientos. Con ello os facilito una herramienta para que podáis abordar la situación objeto de este artículo; de hecho, es una de las formas de análisis para tomar conciencia de una forma objetiva de cualquier situación de nuestra vida que nos emocione. Veamos:

Definir la situación: “Entra Pedro. Tiene tu edad. Lo ves una vez al año por un control analítico rutinario debido al antecedente de diabetes de su madre. En ocasiones, también viene por algún resfriado. Tiene ese aire seductor que tanto te gusta, y en un momento de la entrevista os quedáis mirando en medio de un silencio, ruborizados”.

Sensaciones corporales: taquicardia, opresión torácica, “mariposas en el estómago”, sudoración, suspiros, calor facial…

Pensamientos: ”Hoy está guapísimo” “Por cómo me mira, quiere otra cosa” “Eres tonta, es tu paciente” “En menudo lío te vas a meter” “Vaya manera de desperdiciar una oportunidad como ésta” “¡Céntrate!” “¡A por él!”…

Conducta: adelanto mi cuerpo sobre la mesa; me toco el pelo; me muerdo el labio inferior;  hago una “caída” de párpados; cruzo los brazos sobre el pecho; no me sale la voz…

Dar nombre a la/s emociones que se han generado durante esta situación: alegría, excitación, miedo, vergüenza, culpa, deseo…

En el apartado de “Sensaciones corporales” aparece reflejado el componente neurofisiológico de las emociones, regulable mediante técnicas como la respiración, las técnicas de relajación, meditación, el ejercicio físico… En el apartado “Pensamientos” se hace referencia al componente cognitivo de dichas emociones. En el apartado “Conducta” se  hace referencia al componente de comportamiento de las mismas: nuestra postura corporal, la voz… Si entrenamos habilidades adecuadas para modificar tan sólo uno de los tres componentes de las emociones, vamos a regular con mayor o menor éxito la/las emociones que se generan en cada situación: podemos disminuir su intensidad e, incluso, cambiarlas.

Que haya escrito varias emociones, algunas de ellas contradictorias, no es nada gratuito. Ante diversas situaciones, pasamos de una emoción a otra, incluso podemos vivir de forma “simultánea” algunas de ellas. Y es precisamente por lo rápidos que son nuestros pensamientos, que las emociones generadas en una situación pueden virar incluso hacia las contrarias…

¿Y qué hago finalmente ante una situación que me emociona? Pues la respuesta que doy ante las diferentes situaciones que se presentan a lo largo de mi vida va a depender del valor “moral” que priorizo en cada circunstancia[6]. De hecho, la emoción sería el motor de la actuación, y el valor sería el modulador de la respuesta que doy en cada situación: en función del valor que priorizo, mi actuación irá en un sentido o en otro. Valores que pueden ponerse en juego en una situación como ésta podrían ser: responsabilidad (hacia mí como mujer, hacia el otro, hacia la idea que tengo sobre mi rol profesional, con las consecuencias), coherencia (con mi estilo de vida, con mis prioridades, con mis necesidades), amistad (terapéutica, si se quiere), respeto, honestidad, egoísmo…

Supongamos que ante esta situación soy sincera conmigo misma y tomo conciencia de que siento deseo. Puedo optar por:

  • Negar la emoción, pero mi cuerpo la está expresando a gritos a través de mi conducta (comunicación no verbal) y la otra persona lo recibe; y, además, la lucha que mantengo conmigo misma para no sentir deseo todavía me delata más.
  • Podría optar por aceptar la emoción y buscar estrategias de seducción para conquistar mi objeto de deseo.
  • Podría optar por aceptar la emoción y buscar estrategias cognitivas y/o fisiológicas para rebajar mi grado de excitación y así modular mi comportamiento verbal y no verbal con la finalidad de rechazar (sin dañar) esa relación amorosa.

Por regla general, negar la emoción va a mantener activado mi cuerpo y mi mente y va a acabar por desgastarlo, de manera que no voy a estar en condiciones óptimas para abordar ni ésta ni cualquier otra situación que se presente a continuación. Así, no sería la opción más saludable desde un punto de vista emocional. Cuando acepto la emoción, optar por seducir o rechazar la relación, desde mi punto de vista, es totalmente lícito si se cumplen las condiciones de las que hablaba al inicio de este bloque de reflexión: una relación de igual a igual. Para decidirme por uno u otro camino vale la pena reflexionar sobre ciertas cuestiones, más que hacerlo por miedo al castigo o por la culpa. Dichas cuestiones podrían ser:

  • ¿Qué tipo de relación deseo con esa persona? Mantener una relación sexual, tener sexo y amistad, sólo amistad, una relación romántica… Porque va a ser ésto lo que voy a tener que plantear de inicio a la otra persona para no crear falsas expectativas que lleven a funestas consecuencias, entre ellas la sensación de “abuso” que pueda quedarle al finalizar la relación.
  • ¿Cómo va a afectar esta nueva forma de relación en mi actuación posterior con este usuario, su familia…? Desengañémonos, la relación profesional se verá afectada, al menos al inicio, y es necesaria una gran dosis de madurez y un gran coeficiente de inteligencia emocional llevar la relación a buen puerto.
  • ¿Cómo me va a afectar a mí esta relación? Porque si en un análisis más profundo, sí que pienso que está mal actuar así, el miedo, la culpa… me van a condicionar en la relación.

Al fin y al cabo, estas son preguntas que no distan tanto de las que estaría bien formularse ante cualquier nueva relación íntima, cambiando situaciones y roles, claro está. En este caso creo que es mucho más importante formularse estas preguntas, porque las implicaciones profesionales que tiene el decidir este tipo de relación con usuarios son considerables. Por otro lado, hablamos de relaciones íntimas, sexo… pero también podríamos cuestionarnos otro tipo de conflictos que se pueden plantear con nuestros usuarios durante la entrevista clínica: el paciente que me da dinero al acabar la consulta, el que me da regalos… Nos podría preocupar también que hubiera ancianos que nos pusieran en su testamento… Pero no, nos preocupan las relaciones sexuales, quizás porque no dejan de ser una necesidad básica.

Para finalizar, os invito a reflexionar sobre las palabras de John Lennon: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor aunque la violencia se practica a plena luz del día”. Violencia hacia el otro cuando no somos capaces de ser honestos y dar la respuesta que realmente creemos necesaria. Violencia hacia nosotros mismos cuando cerramos los ojos ante situaciones que nos emocionan, que son las que ciertamente son importantes en nuestra vida.

Bibliografía.

[1]          «Relaciones sexuales en la práctica médica: una aproximación ética». Campo Arias Adalberto. MedUNAB 2003; 6(18)  : 160-163. Consultado en http://www.imbiomed.com/1/1/articulos.php?method=showDetail&id_articulo=18136&id_seccion=1123&id_ejemplar=1889&id_revista=90 el 6 de octubre de 2013.

2. Consultado en http://es.wikipedia.org/wiki/Abuso_sexual el 6 de octubre de 2013.

3. “El nuevo código deontológico de la OMC ratifica el compromiso de la profesión médica con la sociedad”. Consultado en http://historico.medicosypacientes.com/colegios/2011/07/11_07_12_codigo

el 6 de octubre de 2013.

4. «Características de la competencia emocional». Rafael Bisquerra. Consultado en   http://www.rafaelbisquerra.com/es/biografia/publicaciones/articulos/101-educacion-emocional-competencias-basicas-para-vida/213-caracteristicas-competencia-emocional.html el 20 de septiembre de 2013.

5. Educación emocional y bienestar. Rafael Bisquerra Alzina. CISSPRAXIS, S.A., 2005

6. “El valor de tenir valors”. Francesc Torralba. Ara Llibres, S.C.C.L. 2012.


[1]   «Relaciones sexuales en la práctica médica: una aproximación ética». Campo Arias Adalberto. MedUNAB 2003; 6(18)  : 160-163. Consultado en http://www.imbiomed.com/1/1/articulos.php?method=showDetail&id_articulo=18136&id_seccion=1123&id_ejemplar=1889&id_revista=90 el 6 de octubre de 2013.

[2]   Consultado en http://es.wikipedia.org/wiki/Abuso_sexual el 6 de octubre de 2013.

[3]    “El nuevo código deontológico de la OMC ratifica el compromiso de la profesión médica con la sociedad”. Consultado en http://historico.medicosypacientes.com/colegios/2011/07/11_07_12_codigo el 6 de octubre de 2013.

[4]          «Características de la competencia emocional». Rafael Bisquerra. Consultado en   http://www.rafaelbisquerra.com/es/biografia/publicaciones/articulos/101-educacion-emocional-competencias-basicas-para-vida/213-caracteristicas-competencia-emocional.html el 20 de septiembre de 2013.

[5]   Educación emocional y bienestar. Rafael Bisquerra Alzina. CISSPRAXIS, S.A., 2005

     

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5 Respuestas

  1. Jose R Loayssa dice:

    La atracción por un paciente asi como el odio hacia el, es un suceso normal habitual y no peligroso siempre que no su intensidad condicione la conducta de los protagonistas en un sentido que no tiene que ver con los objetivos a conseguir.
    Este articulo ofrece una visión de las emociones situacional del aqui y ahora olvidando de donde proceden esas emociones y porque aparecen en un contexto en el que corren peligro de no ser funcionales y no solo aparecen sino que dominan la interacción.

    Es una perspectiva que desde mi punto de vista peca de superficial El problema no es sentir la atracción sino la necesidad de atraer o de entregarse que puede estar latente en la personalidad de un sujeto.

    La atracción mutua cuando se da con una intensidad no excesiva actua en todos los ambitos de relaciones sociales como un «engrase» en la relación. Cuando atraer o conquistar a un@ pacient@ o a un@ médic@, en el caso opuesto, se convierte en un objetivo la relación se distorsiona gravemente. Cuando una paciente por la que nos sentimos atraid@s nos plantea una situación por ejemplo de conflicto con su pareja la tentación de actuar en un sentido que debilite su vinculo puede estar presente aunque de forma incosciente, no accesible a este trabajo personal tan cognitivo tan poco abierto a la evocación a la asociación libre.
    Medic@ y pacient@ van a tender mostrar un falso self aquel que puede «gustar» al otro con ello la solicitud de ayuda y la respuesta pueden estar falseadas.
    Cuando se dice que la mayoria de los pacientes son adultos y por lo tanto no se dejan seducir por el «poder» del médico se olvida que en este contexto se produce una tendecia a la regresión y que estan operando la transferencia y la contratransferencia. Los fenomenos de idealización del profesional son comunes entre pacientes «maduros». Cuando un profesional no se da cuenta de la naturaleza de los sentimientos de su paciente, se arriega a que est@ experimente una brutal decepción cuando conozca a la persona real vestida con la bata. Como la penelope de Serrat sentira que no es est@ a quien esperaba.

  2. Isabel Ortiz dice:

    Apreciado Dr. Loayssa. Responder a un comentario tan reflexivo como el suyo es un reto para mi. Mil gracias.
    Me alegra que comparta la opinión del Dr. Campíñez y la mía propia cuando normaliza este tipo de situaciones en la consulta, aunque no me parece que sea más «peligrosa» que las agresiones verbales e incluso físicas que reciben algunos compañeros de profesión.
    Efectivamente, el artículo ofrece una visión de las emociones del «aquí y ahora»: porque las emociones aparecen en tiempo real, ante situaciones palpables, y el profesional precisa regularlas y gestionarlas en ese preciso momento, o al menos es lo que me transmiten las personas que asisten a mis clases.
    «Es una perspectiva que desde mi punto de vista peca de superficial». Acepto que sea así desde su punto de vista. Si superficial es analizar los diferentes componentes de las diversas emociones que se pueden generar ante este tipo de situaciones y ofrecer elementos de reflexión sobre las diferentes resoluciones del problema, pues entonces sí es superficial. Por otro lado, creo que el problema sí es sentir atracción, porque provoca reacciones corporales y cognitivas que condicionan la comunicación con el paciente durante esa consulta. Otro escenario sería que ese profesional sistemáticamente se sintiera atraído por sus pacientes (en este caso, posiblemente habría que valorar su «necesidad de atraer o entregarse», como usted comenta) o que el objetivo de dicho profesional fuera seducir en la consulta, hecho que descartamos al inicio del artículo.
    Quizás por mi corta experiencia en Atención Primaria (de sólo quince años) sigo pensando que cuando el paciente viene a consultar por un proceso banal de salud o solicitar una analítica básica de salud o la receta de un fármaco que toma habitualmente, no sufre procesos de regresión, transferencia, contratransferencia. Por otro lado, he de reconocer que no estoy familiarizada con estos conceptos, pero una vez leídas las definiciones y su principal campo de aplicación, sigo sin estar convencida de ello.
    Para finalizar, que el/la paciente me idealice o se decepcione si me llega a conocer «sin bata», es algo que debe afrontar por sí mismo. Aunque el profesional use todas sus capacidades para no resultar seductor/a en la consulta, que aparezcan ciertos sentimientos en sus pacientes es inevitable desde un punto de vista biológico. Y al revés, aunque el paciente no tenga intención de seducir al profesional, en éste pueden aparecer emociones «porque sí», porque es lo que nos pasa a los humanos: que nos emocionamos ante situaciones que quizás no hacen emocionar a otros…
    Nuevamente, gracias por sus aportaciones al artículo. Un saludo.

  3. Ana dice:

    En estos momentos vivo la situación que se describe en el artículo desde el punto de vista de una paciente. Tengo dos carreras universitarias y formación postgrado. No creo que exista una diferencia jerárquica con respecto a mi médico. Por lo menos a nivel intelectual. Obviamente, en la consulta él ejerce un rol de médico con lo que eso conlleva.
    Lo conocí a principios del verano del año pasado. A los pocos días tuve que volver a su consulta. Me pareció un tipo seco, antipático y un poco incompetente.
    Ese mismo año, a mediados del mes de septiembre coincidimos en un centro comercial. Ni siquiera nos saludamos. Él iba radiante, informal pero vestido con gusto, con una sonrisa en la cara. Por primera vez, me pareció un tipo atractivo. Nuestras miradas se cruzaron durante unos instantes y fue un momento especial. No fue un flechazo, no. Al contrario, pensé que ganaba mucho cuando sonreía y que la cara de perro la debía reservar en exclusiva para sus pacientes.
    Este año he ido varias veces a su consulta. Tengo problemas de salud que necesitan un seguimiento periódico, nada grave. Con esto quiero decir que el ambiente de la consulta es distendido, agradable, y así, poco a poco, he descubierto una persona con sentido del humor, interesante, con un físico que me gusta. Todo perfecto. Creo que congeniamos y creo que estamos en una situación afectiva similar, libres y con ganas de ser felices.
    Al principio pensé que era el Código Ético lo que lo frenaba. A fin de cuentas, una cosa es conversación jocosa en la consulta y otra dar un paso más. Aunque es bastante atrevido dialécticamente, calibra perfectamente el alcance de sus palabras y es él quien lleva el peso de la conversación. Yo me limito a seguirle la corriente.
    Con solo escribir su nombre en Google aparecen dos direcciones de correo, una relacionada con su actividad profesional y otra dirección personal. He pensado en escribirle y contarle, más o menos, lo que he contado aquí, que me cae bien y que me gustaría conocerle. Y realmente es eso lo que siento. Me atrae, sí, no lo niego.
    Y pensando, pensando, he decidido no hacer nada. Primero, porque apenas le conozco y no sé realmente de que va, ni lo que busca, y segundo, porque no quiero arruinar la relación médico-paciente, que supongo que si mi intento de acercamiento no prosperase, quedaría «distorsionada» para siempre.
    Y eso es todo, por ahora. No creo que deba ser yo quién de el primer paso. Si me deja marchar, señal de que no le importo nada. Mi e-mail no está en Internet pero mi teléfono sí está en la historia clínica. En el Centro de Salud hay otro médico. Supongo que si el sintiera algo, debería pedirme que dejara de ser su paciente.
    ¿Oportunidad perdida? No creo. Si no se mueve, es porque no quiere, cero interés.

  4. Buenos días, Ana.
    La semana pasada impartimos por segunda vez el Dr. Campíñez y yo el taller «Seducción en la consulta», donde abordamos el tema planteado en nuestros artículos.
    Me ha gustado y a la vez sorprendido ver tu comentario. Aprecio mucho tu narración tan honesta y directa. Lo que más me ha «impactado» es que reconozcas la relación como de iguales, puesto que es uno de los puntos clave en este tipo de situaciones. Quizás quieras hablar más sobre ello a través de mail: isortiz2010@hotmail.com. Gracias!

  5. David dice:

    Gracias por este articulo y el esfuerzo que noto en el.
    Me parece interesante la discusión entre la doctora Ortiz y el doctor Loayza. Yo soy un psicoterapeuta que actualmente escribe sobre los limites en la relación terapeuta-paciente dentro del marco de una investigación profesional.
    Quiero compartir unas apreciaciones:
    La gestión o educación emocional usualmente tienden a generar una falsa sensación de control o conocimiento y finalmente encubren o intentan manipular asuntos y afectos que desde la clínica psicodinamica deben ser escuchados y comprendidos. Es paradójico, porque esos métodos, muy de moda, parecen aportar salud pero terminan muchas veces provocando lo contrario. Trabajar con la emoción sin abordar la dinámica inconsciente, he visto repetidamente, se queda muy corto, pues la emoción proviene de una matriz, y dicha matriz genera patrones… Por otra parte, no es que la transferencia se presente o no en cierto tipo de pacientes, la transferencia se presenta siempre y en todas las relaciones humanas.
    Saludos,

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