Cómo descubrí lo que significa ser enfermera

ENFERMERIA PRACTICA AVIrene Cabedo Olaya. Estudiante de enfermería

Resumen: Una estudiante de enfermería nos aporta su testimonio sobre lo que significa para ella ser enfermera y la forma en la que lo descubrió. Mediante una experiencia vivida nos resalta las cualidades claves para el ejercicio de la enfermería: “cuidado” y “presencia”: trabajar por reducir el malestar de una persona, estando junto a ella con una atención no duplicada. Para conseguir incorporar estas cualidades Irene considera que es preciso no dejar de sorprenderse nunca, asumir las experiencias, buenas y malas, como un aprendizaje que promueve el crecimiento personal. Solo así, se puede ayudar a los demás, y a la vez, ayudarse uno mismo.

Estoy a punto de terminar el grado de enfermería, estudio en la Universidad de Cádiz y vivo en Jerez desde hace cuatro años. A lo largo de estos años he comprendido cosas que muy pocas carreras pueden enseñar, aunque te preparen en cómo reaccionar ante un evento no previsto o un sufrimiento ajeno que te pone los vellos de punta.

Bajo mi punto de vista, es necesario para ser un buen profesional tener claro cuál es tu trabajo y en qué consiste, por eso en mis primeros años empecé a plantearme qué era la enfermería

Tardé mucho en saber contestar esa pregunta. Durante mis primeras prácticas la enfermería era para mí una profesión en la que debías obedecer órdenes, sin usar tu propio juicio crítico, y con unas competencias muy por debajo de las capacidades que posee esta profesión. En clase nos enseñaban que debíamos empatizar con el paciente e intentar crear una relación terapéutica de confianza. Poco a poco fui decepcionándome al darme cuenta de que era imposible, no era capaz y no sabía por qué.

Al no encontrar bienestar en las prácticas empecé a informarme y a estudiar por mi cuenta como acompañar a las personas en los procesos hospitalarios, en general procesos estresantes en los que se necesita apoyo. Continué así bastante tiempo, hasta que pasé por las unidades de Geriatría y por Salud Mental, ahí empecé a comprender que lo que me faltaba no eran conocimientos ni aptitudes, si no tiempo. Se necesita tiempo para cuidar a una persona, tiempo que no es fácil conseguir en muchas unidades hospitalarias ni en atención primaria. En esta última empezó a cambiar mi visión sobre la enfermería, ya que me fascinó la independencia del trabajo. Aún así tampoco disponía del tiempo suficiente. Puede que la razón de que no encontremos tiempo en algunos sectores sea la gran importancia que se les brinda únicamente a la técnica sanitaria y la poca individualización de los planes de cuidados estándar.

La enfermería es cuidado y es presencia. El “cuidado” es un arte que consiste en ser capaz de reducir el malestar de una persona, es estar junto a esa persona en un momento vulnerable, gracias al contacto humano y a las técnicas sanitarias, es cuidar al paciente durante su estado de enfermedad, y posteriormente proporcionarle los conocimientos necesarios para su autocuidado.

Por “presencia” entiendo una conexión entre la enfermera y el paciente que puede ser lograda sólo cuando todas las distracciones y pensamientos son eliminados, y los sentimientos y necesidades del paciente pasan a ser la prioridad. Es una conexión recíproca, ofrece bienestar a enfermera y paciente y en ella descansa la capacidad terapéutica de la enfermera.

Es difícil encontrar un ejemplo que refleje con claridad la presencia en cualquier intervención para el cuidado. Expondré, por tanto, el que considero más representativo: Durante mis prácticas en Urgencias materno-infantiles, en tercero de grado, tuve la suerte de atender a una niña que tenía autismo, a simple vista no lo noté pero poco a poco fui advirtiéndolo. Me limité a mirarla fijamente y explicarle que tenía que sacarle sangre, ella no me contestó por lo que procedí a la extracción, enseguida  tiró todo el material que iba a utilizar al suelo y se agarró con mucha fuerza a mi espalda, clavándome los dedos y moviendo la cabeza de un lado a otro sin decir nada, aunque se le notaba un alto grado de ansiedad. Ocurrido esto conseguí que se soltase,  la puse en la camilla y me dediqué al menos media hora a tocarle el pelo y a decirle “no pasa nada, no tengas miedo”, ni miraba a su madre, ni miraba a  mi tutora, sólo la miraba a ella fijamente para que no perdiese en ningún momento el contacto conmigo.

Creo que este es el ejemplo más representativo, ya que para demostrar presencia a una persona sin ningún problema de desarrollo mental no necesitamos realizar un esfuerzo tan importante para que sea consciente de nuestra implicación, en cambio para la gente autista tienes que repetir muchas veces lo que quieres trasmitirle, mientras incluyes un contacto físico tan tranquilizador como es una caricia, una caricia que irá asociada a una idea de protección. Todo eso hace que necesitemos saber estar en presencia durante un periodo largo de tiempo.

Cuando empecé mis prácticas no sabía cuidar, sólo sabía sentir la pena de los demás y esto, además de hacerme sufrir, no me permitía ayudar como realmente quería. Al estar centrada en la pena que me suscitaban los pacientes, perdía contacto con ellos porque no estaba en el momento, en el lugar, es decir, no estaba presente. Poco a poco fui comprendiendo que prestar atención completa a la persona es una condición esencial para el cuidado. Lejos de ser esta idea algo evidente, es compleja, ¿cuántas veces hemos contestado a alguien de forma automática?, o ¿hemos hablado con algún paciente pero teníamos la mente en nuestros asuntos? ¿O incluso hemos prejuzgado a alguien? Todo esto nos aleja de esa conexión que hace que el paciente se sienta escuchado y cuidado.

Uno de mis primeros logros como enfermera fue dejar de sufrir por el paciente, y empezar a sentir con él. Como he dicho antes, si no sabemos controlar la empatía, nuestro propio sufrimiento nos cegará y no nos dejará estar en el presente, es decir, no nos dejará centrarnos en el momento actual , sin prejuicios y con la llamada, “mente de principiante”, la cual consiste en un estado en el que vives y aceptas cualquier suceso como si fuese la primera vez; gracias a esto se nos presentan muchas posibilidades de aprendizaje y crecimiento personal, en cambio a la del individuo que se considera experto se le presentan pocas.

Considero que la mejor unidad para entrenar la dura tarea de estar en constante concentración durante muchas horas es Salud Mental.  ¿Cómo conseguir no prejuzgar a personas que normalmente han cometido algún acto de agresividad?, ¿Qué en algunas  ocasiones presentan hostilidad hacia ti?, ¿o que cuando presentan algún estado psicótico sus experiencias están lejos de lo que alguna vez hayamos experimentado?

Y fue aquí donde descubrí lo que realmente me gusta. Estos pacientes son los más estigmatizados por la sociedad, los menos comprendidos y por ello, menos escuchados.  Necesitan un cuidado que tiene que ser trabajado constantemente, la práctica de la presencia aquí es fundamental.  No siento rechazo por saber su pasado, porque estoy con ellos en el presente, no siento rechazo si se vuelven hostiles, por que acepto las situaciones tal y como vienen para poder actuar con eficacia; puedo sentir su miedo, dolor desesperación…porque aunque lo que les atormente sean delirios o alucinaciones, ese sentimiento que les llena de angustia es totalmente real y por ello hay que darle la importancia que se merece.

La enfermería es una profesión en la que se aprende constantemente, si sabes aprovecharte bien de todas las oportunidades que te ofrece. Creo que la clave es no dejar de sorprenderte nunca, asumir las experiencias, buenas y malas, como un aprendizaje que te va a llevar siempre a un importante crecimiento personal. Gracias a esto podremos ayudar a los demás, y sobre todo, ayudarnos a nosotros mismos.

     

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2 Respuestas

  1. sonia dice:

    Me gusto mucho tu aportación de pk eres enfermera y es el feedback con el paciente… pero q me dices de la relación con otros enfermeros no iluminados?

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