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Un residente diferente (I): El tutor


diferenteI

Andoni Bueno Errandonea

CAP Errenteria-Beraun. 

Cuando supe quien iba a ser mi residente hace tres años tuve una sensación extraña, diferente. Uno de los tutores del centro donde yo trabajo me paró en la calle y me contó que habíamos tenido mucha suerte con una de las personas que había elegido nuestro centro para hacer su residencia. Se trataba de un psicólogo que había terminado hace años medicina y sin llegar a ejercer como médico realizó los estudios de psicología, para terminar trabajando como docente en la Escuela de enfermería de la Universidad del País Vasco. Tras dar por finalizado su ciclo en la universidad decidió,  a sus 45 años, presentarse al examen MIR obteniendo plaza como médico residente de Medicina de Familia en nuestro centro de Errenteria- Beraun y a mí como tutor. Mi compañero me dijo con entusiasmo que le conocía del grupo de comunicación y salud de nuestra sociedad regional y que era experto en el manejo de grupos. Tras  despedirme me marche a recoger a mi hija a la salida de la escuela con cierta preocupación. Al llegar a casa, encendí el ordenador y encontré más información sobre él: grupos de trabajo, publicaciones, tesis doctoral etc. Todo ello originó una gran duda sobre mi capacidad docente y una pregunta en mi cabeza ¿Que voy a poder enseñarle yo al profesor de psicología?


 Hasta esa fecha mi experiencia como docente no era mucha, varios estudiantes de medicina en su 6º año, refuerzo de otros tutores para  hacerme cargo de los residentes durante las ausencias, rotaciones de los PIR en nuestro centro y finalmente una residente que tras realizar todo el ciclo formativo conmigo se presentó nuevamente al MIR por diferentes motivos personales.


Tras la primera entrevista que tuvimos, con motivo de su presentación en el centro, todos estos pensamientos se fueron acrecentando. Tuve que frenar esos pensamientos negativos y poner en orden esas ideas que no facilitaban el afrontamiento de la situación. Una situación, cuanto menos, diferente a la del residente habitual: persona madura, padre, que terminó sus estudios de medicina sin llegar a ejercer y que hasta la fecha había desempeñado su actividad laboral como docente e investigador en la universidad. Muchos de estos pensamientos eran miedos no justificados, sin base alguna, que no me dejaban ver que detrás de todo había algo importante: la oportunidad de aprender yo también de este contexto diferente, y poder trasmitir lo aprendido a esos otros residentes que vendrán y que tendrán un perfil más al uso.


            Esta idea del posible aprendizaje se confirmó cuando lo primero que me transmitió era que quería “aprender” para ser médico de las personas y no solo de los órganos, que sabía de psicología y docencia pero poco de otras cosas. Al escuchar esto respiré y pensé “algo podré enseñarle”. Transmitir a los residentes, sobre todo a los  más jóvenes, que es sobre esta idea de unidad de la persona en la que tiene que pivotar la formación del médico de familia y no en la cachitología hospitalaria es de suma importancia; Esta idea justifica nuestra existencia como especialistas y es además uno de los pilares básicos de cualquier médico de familia, aún más en estos momentos difíciles.


 El tiempo trascurrido entre los 6 primeros meses de rotación del residente y el último año y medio es largo y tiende a distanciar a los residentes de su verdadero entorno que es la persona y el centro de salud. La inmersión hospitalaria favorece la perdida de esa visión unitaria de la persona, centrando al residente en un mundo muy especializado y fragmentado del que el aprendizaje no es siempre muy provechoso. Habría que plantearse nuevos modelos para esos dos primeros años de formación en los que el centro de salud sea el punto central de la formación del residente, planteando rotaciones puntuales con otros profesionales de atención primaria o especialistas que pudieran aportar un valor añadido en algunas áreas específicas del programa formativo.


 El área de la comunicación y la valoración psicológica y social es donde más cómodo me siento en mi quehacer diario y donde más presionado me veía en esas primeras semanas en las que compartía consulta con el nuevo residente. El sentirme observado y analizado por alguien que dominaba esas materias, hizo que pusiera en duda mis conocimientos y prácticas habituales; Pero esta duda se fue disipando a medida que vi que la forma de manejar a los pacientes  interesaba al residente y que su interés se centraba en aprender como se hacía esa valoración global de la persona en la que se integran entre otras las áreas biológica, psicológica y social.


La formación en las áreas psicológica y social es probablemente uno de los aspectos que más deberíamos trabajar con nuestros residentes durante su estancia en nuestros centros de salud, ya que son áreas formativas de nuestra especialidad que no se trabajan en otras rotaciones.


¿Es suficiente la formación que reciben nuestros residentes en estas áreas?


 Las rotaciones en los centro de salud mental están centradas en un modelo basado en una psiquiatría muy medicalizada y en la que se trabajan menos otro tipo de soluciones terapéuticas como las psicoterápicas individuales o de grupo. Nuestra formación en estas técnicas es en general escasa y su utilización en nuestros centros podrían ser de gran interés. Por otro lado la formación en el ámbito social es pobre, con desconocimiento de los recursos sociales existentes y con poca participación en el ámbito comunitario.


En esas primeras semanas el residente me insistía en cual era la ruta formativa a seguir, los objetivos a cumplir en cada una de las rotaciones y cual eran los métodos de evaluación de lo aprendido. La relación de competencias y la guía de práctica reflexiva del médico de familia son herramientas muy útiles para estos fines, pero difíciles de implementar en nuestras realidades laborales diarias, en las que la consulta nos invade y las actividades de formación quedan relegadas a un segundo plano y a realizar fuera del horario laboral. Las sesiones de tutorización, antes de cada rotación, en las que se analicen las diferentes competencias a adquirir en cada área desde el punto de vista de la atención primaria y el diseño de un cronograma en el que se especifiquen las tareas a realizar en cada año para adquirir esas competencias son fuente de información útil y necesaria para el residente Es esta tutorización necesaria, pero es aún más la implicación del residente en la realización de esa práctica reflexiva en la que se puedan detectar lagunas formativas que en ocasiones están fuera del alcance del contenido de las consultas diarias y en las que sea necesario realizar un aprendizaje más específico. Seria interesante y exigible  que los tutores dispusiéramos de tiempo real en nuestro horario laboral para poder organizar y realizar con el residente estas actividades de supervisión y de feed back de las tareas realizadas.


Tras tres años con este residente diferente, he pasado de una duda inicial  a reflexionar y aprender que tener una actitud activa para con el residente es, sin lugar a dudas, una fuente de autoevaluación, actualización y aprendizaje constante para el tutor.

Post date: 2013-05-06 13:50:11
Post date GMT: 2013-05-06 11:50:11

Post modified date: 2015-01-07 12:19:30
Post modified date GMT: 2015-01-07 11:19:30

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