Hojas de Hierba. Autor: Walt Whitman

Comentario Doctutor

No tenemos cuerpo, sino que somos un cuerpo. Podría decirse que esta es la idea central de la poesía de Whitman. El creía que nuestra mente dependía de la carne. Esta fusión entre carne y alma fue en su época realmente revolucionaria. En sus versos palpita el dolor de las urgencias de la anatomía; el canta al sudor, al ruido de las tripas, a los insomnios, a la imperiosidad de los impulsos, a esas secreciones que nos parecen ajenas, a los escalofríos del terror y a las emociones generadas en el cuerpo. Los sentimientos los enraiza en el cuerpo, en los movimientos de los músculos y en las palpitaciones de las entrañas. Algo que solo mucho más tarde la neurociencia reconocería cierto (desde un punto de vista científico) como lo expresó Antonio Damasio en su libro “El error de Descartes”: “la mente está en un cuerpo…no solo en un cerebro”, él ya lo descubrió y describió con maestría y con la belleza de la poesía un siglo antes. He aquí por lo tanto el poeta del cuerpo, más aún, de la unidad mente-cuerpo, el poeta que rompe con la tradición filosófica dualista, el poeta que da dignidad al cuerpo, que lo reivindica. Paradójicamente, la literatura seguía un camino opuesto a la medicina, en el sentido que mientras la primera obvia al cuerpo y ensalza el alma y la espiritualidad como algo ajeno a la carne, la segunda se centra en esta y en su degeneración. En la segunda mitad del siglo XIX tiene lugar el reencuentro, algo más tarde si cabe con la ciencia médica. La medicina lo hace con la incorporación de la persona, con el relato patobiográfico, del que, dejando a un lado a la psiquiatría por hacer de la mente su objeto de estudio exclusivo, tiene lugar de la mano de médicos clínicos como Von Weiszaker, y sobre la que tal vez Laín Entralgo haya sabido mejor que nadie definir y teorizar. La literatura inaugura este maridaje mucho antes con Whitman, y aborda la empresa de dignificar al cuerpo haciéndolo auténtico protagonista de la poesía. Una poesia que en sus dias fue catalogada de “expresión pornográfica” y que sentaba sin embargo las bases de una nueva literatura: hoy dia no tenemos solo a Lawrence, Keats, Miller, Bataille, Nabokov, Duras, Grandes o Vargas Llosa, por citar solo unos pocos, es que sencillamente es inconcebible una literatura puramente cerebral desligada de la carne. Pues bien, en Hojas de Hierba (Leaves of Grass), Whitman inaugura la idea de la comprensión de la existencia personal como una unidad, el ser humano como un todo irreductible, eso que muchos médicos ahora llamamos el ente biopsicosocial.

Esta fe de Whitman en el cuerpo estuvo muy influenciada por el transcendentalismo de Ralf Waldo Emerson. En realidad Emerson, aunque pastor protestante era más bien un naturalista, interesado en el misterio de la mente humana y no tanto en un dios distante. Las enseñanzas de este en Whitman tuvieron que ver con la necesidad de confiar en la propia experiencia, de buscar en nosotros mismos lo que desconocemos. Desde aquí fue que el poeta se convierte también en un naturalista al que le importa sobre todo la inmediatez de las experiencias y a como estas son vividas y convertidas en acciones humanas concretas. Así el poeta ejerció de reportero centrándose en aspectos límites del devenir humano como la delincuencia o la esclavitud. Presencia subastas de esclavos “sus cuerpos recubiertos de cadenas metálicas”. Y finalmente la Guerra Civil donde ejerce de sanitario y de donde sin duda viene su inspiración más profunda, allí ve la sangre preciosa tiñendo de rojo la hierba, allí observa las tumbas con restos de hombres cuyos nombres se garabatean en “trozos de duela de tonel”, allí es donde habla ya de un “montón de pies, brazos, piernas,…” Durante tres años como enfermero voluntario en los hospitales de la Unión, ve “unos noventa o cien mil, entre heridos y enfermos, mientras atendía a espíritus y cuerpos en la medida de lo posible”, escribió: “no puedo dejarlos tirados. De vez en cuando, un joven se me agarra en medio de sus convulsiones, y yo hago lo que puedo por él”. Allí conoce la experiencia de los miembros fantasmas y se interesa por ella, por esta presencia del cuerpo ausente en el ser humano que pervive. Se da cuenta de cómo la mente no puede desembarazarse de su materia, tan imbricadas están. Whitman deja bien claro esta unidad desde el comienzo de Hojas de Hierba:

La fisiología de la cabeza a los pies, yo canto,

Ni la fisiología sola, ni el cerebro solo, son dignos de la Musa: digo que el Cuerpo completo es más digno.

     

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