Memorias Póstumas de Brás Cubas. Autor: Joaquim Machado de Assis

Comentario de Roger Ruiz Moral

No es nada nuevo decir que nuestras vidas se configuran en el bamboleo de humores diversos, lo que en gran medida determina la perspectiva con la que interpretamos los acontecimientos del mundo en el que vivimos. Esto es lo del vaso medio lleno o medio vacío. Creo que muy pocos de los acontecimientos  considerados “públicos” (por no entrar en los “privados” o “personales”) pueden ser catalogados como poseedores de un inequívoco mensaje afectivo… Sí algunos pocos, tal vez una guerra, un desastre natural o un accidente masivo de repercusiones “intemporales” (¿Fukushima?), puedan marcar una tendencia anímica negativa en el colectivo social. Ahora vivimos una crisis económica que en realidad es sobre todo una crisis de valores…, hay quien dice que el final de un ciclo. Al rebujo de esto surge un tipo de literatura catastrofista, agorera, casi apocalíptica, pero sobre todo una literatura que transmite un sinfín de teorías explicativas y visionarias nada halagüeñas. Sin embargo, qué sería de nosotros sin los bálsamos que nuestra cultura ha ido creando para afrontar estos males desde perspectivas más optimistas. También en la literatura encontramos el contrapunto, uno de los más potentes, de los que más nos pueden ayudar en momentos como esos, inyectándonos nuevas energías, despertando nuevas ilusiones y entusiasmo. La obra que aquí traemos se inscribe en esta línea por lo que tiene a la vez de transgresora, provocadora, pero sobre todo, sarcástica, fantástica, irónica, divertida, elegante, y también revolucionaria (se ubica en la estela de un género y podemos considerarla como pionera de la literatura en lengua portuguesa –con el permiso de Camoens desde luego-). Una obra recomendable por lo tanto para estos tiempos. Las “Memorias de Brás Cubas” son la crónica de la vida de un libertino, un rentista, un vividor que, como mofa suprema, las escribe desde la tumba, quiero decir que su autor es un difunto.

Se trata de la obra cumbre de Joaquim Machado de Assis, el escritor brasileño más importante de todos los tiempos (aunque sin duda sea superado en ventas por otro carioca mucho más actual y diría que más conocido como es el inefable Paulo Coelho). Alguien que por cierto no salió durante toda su vida más allá de 200 kmts de la ciudad en la que nacio y donde vivió 69 años, Rio de Janeiro, pero que resultó ser escritor prolífico, activista comprometido, innovador atrevido en muchos terrenos (fundó la Academia de la letras de su pais), valiente y decidido: hijo de mulato en un pais que no abolió la esclavitud durante la mayor parte de su vida, y asiduo de consultas médicas por ser sufridor de dolencias diversas (como la epilepsia). En fin todo un personaje este Machado que se me antoja muy diferente del nuestro, seguramente más austero y en la literatura, aunque ambos lúcidos e incisivos, con estilos dispares: lírico y filosófico el de Sevilla, burlesco y socarrón el carioca.

El libro está dedicado “con un nostálgico recuerdo…al primer gusano que royó las frías carnes de mi cadáver” y comienza por un capítulo en el que describe su fallecimiento por neumonía, si bien, declara ya su sospecha de que en realidad su muerte se debió “menos por esta (neumonía) que por una idea grandiosa y útil”. En breves capítulos va presentando los recuerdos de su vida. El autor establece un diálogo cómplice con el lector, en el que confiesa sus travesuras, sus faltas menores y mayores, aunque siempre encuadra estas en un contexto ambiguo que le permite hacerlas merecedoras de nuestra condescendencia. Algo que, por otra parte, se merecen casi todas las acciones podría decirse, si las sabemos presentar desde la adecuada perspectiva…y Machado es un maestro en construir los hechos bajo este enfoque ambigüo y equívoco. Las travesuras del Brás joven y disoluto, sus enamoramientos, sus estudios, sus aspiraciones políticas (o mejor las de su progenitor), sus arreglos casamenteros (también los de su progenitor), sus amoríos con amantes, etc.

El autor se declara él mismo deudor del inglés Sterne y del francés Xavier de Maistre: “En realidad, se trata de una obra, en la que yo Brás Cubas, si bien he optado por utilizar el tono irónico de un Sterne o de un Xavier de Maistre, creo haber vertido en él cierto aire triste. Puede ser. No hay que olvidar que es obra de difunto”. Desde luego Brás es primo hermano del atolondrado charlatán que es Tristam Shandy y los detalles en los que se detienen sus reflexiones son a veces tan esperpénticos como las visitas de Maistre al sillón, la cama o el despacho de su habitación de su “Viaje alrededor de mi cuarto”. Susan Sontag, para quien esta autobiografía ficticia representa el cumplimiento ideal  (que resulta aquí ser cómico) del proyecto autobiográfico, la eleva a “proeza literaria sin precedentes” y considera a su narrador en la tradición del “narrador charlatán, tortuoso, compulsivamente especulativo, excéntrico: solitario, proclive a fútiles obsesiones y teorías fantasiosas y a esfuerzos de la voluntad imaginados cómicamente, a menudo un autodidacto, casi un excéntrico, si bien unas veces arrastrado por la lujuria y al menos una vez por el amor, incapaz de unirse, anciano por lo general, siempre varón”, que se repite desde Sterne hasta Becket en la tradición de las bufonadas narrativas.

Como decía al principio si está usted en horas bajas, si últimamente ha pensado que los tiempos que corren no son buenos, si ve las cosas como un vaso medio vacío…lea estas memorias. Ya en el párrafo del primer capítulo encontrará la primera broma de la novela y es muy probable que se sienta atrapado por ellas, pues Brás anuncia allí alegremente: “yo no soy propiamente un autor difunto, sino un difunto autor” es decir alguien que está muerto y ahora escribe. El lector está invitado a seguir este juego irónico y burlón…y a medida que lee a disfrutar de lo que tiene.

 

 

     

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