“El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”. de Nassim Nicholas Taleb (Paidós, 2008)

Comentario por Miguel Ángel Fernández-Cuesta Valcarce

Hasta finales de siglo XVII los europeos creían que todos los cisnes eran blancos porque nunca se había visto un cisne de otro color, de manera que las pruebas empíricas confirmaban la teoría. El problema surgió cuando en 1697 exploradores europeos se dirigieron a Australia y encontraron cisnes negros entre la numerosa fauna que poblaba la isla. Esta historia sirve de base al autor del libro para describir un tipo de sucesos a los que llama “Cisnes Negros”, que deben tener tres requisitos: primero, deben ser una rareza; segundo, deben producir un gran impacto y, tercero, pese a su condición de imprevisibles, nuestra condición humana nos llevará a buscar “a posteriori” explicaciones de su existencia para convertirlos falsamente en predecibles.

Según Taleb, la mayoría de los sucesos que han cambiado el mundo a lo largo de su historia (guerras, hallazgos científicos, innovaciones tecnológicas, transformaciones sociales y políticas, como podrían ser la crisis económica actual o las revoluciones en los países árabes) e incluso nuestra propia vida personal, se explican en gran parte por unos cuantos sucesos que ocurrieron por casualidad: un puñado de Cisnes Negros. Sin embargo, seguimos empeñados en ocuparnos sólo de lo predecible, que finalmente tendrá muy poco impacto en nuestras vidas. ¿Por qué? Nuestro cerebro está diseñado para controlarlo todo, no estamos preparados fisiológicamente para los hechos imprevisibles, pero lo cierto es que éstos existen en la vida real. Sin embargo nos sentimos más cómodos en un mudo racional, comprensible y estructurado; por eso tendemos a sobreestimar el valor de las explicaciones racionales y a subestimar la aleatoriedad de los sucesos, buscamos “a posteriori” explicaciones para que el suceso parezca tener una causa y de esta manera escribimos la Historia, sin reconocer nuestra imposibilidad de predecir los grandes acontecimientos que cambiarán el futuro a partir de nuestro presente o nuestro pasado.

Según el autor, es imposible, por definición, predecir lo imprevisible, pero sí podemos protegernos frente a la incertidumbre estando preparados ante la posibilidad de que aparezca un Cisne Negro.

Reflexionando sobre la aplicación de las enseñanzas de este libro a la práctica y enseñanza de la medicina, me parece importante no perder de vista, sobre todo para aquéllos que están en formación o al principio de su ejercicio, que lo más frecuente sigue siendo lo más probable y que no debemos empeñarnos en buscar un Cisne Negro detrás de cada diagnóstico. Sin embargo, sí es importante aumentar nuestro conocimiento para reducir la zona de incertidumbre y sobre todo entrenarnos y estar preparados para manejar la aparición de esos “Cisnes Negros”, que podríamos en nuestro ámbito asimilar a los Incidentes Críticos.

     

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